OPINIÓN

Esto no es una columna de opinión

Silvina Morelli

Por Silvina Morelli*

El problema de la verdad es tan viejo como la filosofía. Sus innumerables formas de abordaje tienen de maravilloso lo que tienen de imposible sintetizarlas. Podemos acordar antes de continuar que el vínculo entre los conceptos, cosas, hechos, etc. y el lenguaje permite referirnos al mundo e interpretarlo, y que cada uno de nosotros le da sentido desde su posición, aunque valiéndose de ciertos criterios culturales compartidos. También podemos agregar que los signos que componen los discursos sociales son portadores de ideología y que por esta razón, si hablamos de “cambio” -por ejemplo- no tendrá el mismo sentido para un corredor de bolsa que para un kirchnerista o para un representante del actual gobierno argentino.

imagenCuando explicaba a mis alumnos el problema de la verdad -si es que tal problema tiene una explicación- utilizaba la imagen del cuadro (1) de René Magritte que ilustra esta columna. Los jóvenes debían contemplarla con atención y luego responder qué veían en esa imagen. Como era de esperar, la respuesta unánime era “una pipa”. Y no. No es una pipa. Es su representación.

Si vinculamos esto con la tarea del periodismo, podemos comprender por qué nunca se describen e interpretan los hechos, objetivamente. Ellos serán relatados desde la posición que asuma cada sujeto. Por esta razón, el llamado “periodismo verdad” no existe, jamás existió y nunca existirá. Pero ojo. Lo anterior no justifica ni quiere decir que cualquier persona que informe pueda inventar hechos y emitir discursos con ellos, porque entonces estaríamos hablando de una ficción que bien podría ingresar en el mundo de la literatura fantástica o del realismo mágico. En este sentido, el mundo de las “fake” es un claro ejemplo de intencionalidad para desinformar.

Enumeremos: La foto de Sergio Maldonado con un tatuaje que dice “Quiero que me mantenga el Estado”. La gráfica que afirma que de aprobarse el proyecto de reforma laboral de Cambiemos, los trabajadores no cobrarán más el sueldo anual complementario (que se percibe dividido en dos, una parte en junio y otra en diciembre). Una gran cantidad periódicos digitales de noticias con titulares catástrofe, majestuosos y amarillistas que los usuarios comparten sin ingresar en las notas ya que si lo hicieran encontrarían una leyenda que dice “esto es una broma” o textos que cuentan exactamente lo contrario de lo que reza el título que generó su circulación-. La gráfica que sostiene que el aborto se permitirá hasta los nueve meses de gestación. Cuatro ejemplos de lo que se conoce como “fake” o noticia/dato apócrifos, falsos o “truchos” que circulan como verdades incuestionables en las redes sociales.

Es innegable que la www es de una gran utilidad. No podríamos pensar la vida actual sin acceder a cualquier producto comunicacional que ofrece a quienes disponen de una computadora o un teléfono inteligente con conexión. En este marco, los nuevos hábitos de consumo pusieron a Internet en el lugar de una gran dadora de “verdades” que no necesitan ser contrastadas o justificadas y en este sentido, las “fake” tienen un campo de acción ilimitado. Y digo ilimitado porque en la actualidad, las redes de comunicación no solo son soportes para la gestión y circulación de información producida en medios profesionales o especializados, sino que los usuarios además de leer las noticias se convirtieron en verdaderos productores de información sin remuneración salarial y con roles que van desde simples generadores de noticias y opinión hasta verdaderos influencers. En este mundo apócrifo, los trascendidos dejan de serlo, los “off the record” son una “chapa” que genera credibilidad y la primicia es la frutilla del postre. Lo cierto es que estos “fake” tienen un posicionamiento tan grande -a través de los “repost” o los “retweet”- que si hay una desmentida, no suele tener el mismo efecto. Porque además, nadie borra nada.

Valiéndose del nuevo contrato de lectura, circulan, se construyen y se sostienen las “fakes”, en tiempos de posverdad. “Los contenidos fiables que tú ves en Google los siguen produciendo las cabeceras de prestigio”, dice Javier Sampedro (2) en un artículo del diario El País. Y agrega: “La novedad es que los buscadores te los presentan en pie de igualdad con el rumor no confirmado, la versión interesada y la arremetida delictuosa”. En este contexto, los ciber-usuarios deberían desarrollar criterios que los orienten respecto de la confiabilidad de informaciones que abruman y en muchos casos angustian. No es lo mismo estar vivo que muerto. Y si no me creen, pregúntenle a Hugo Arana cuántas veces tuvo que salir a desmentir él mismo, la noticia de que había fallecido.

(1) Pintura de René Magritte de la serie “La trahison des images” (La traición de las imágenes), que data de 1928-1929 y es famosa por su inscripción “Ceci n´est pas une pipe” (Esto no es una pipa). Puede visitarse en el Museo de Arte de Los Ángeles, California y en la Colección Menil en Houston, Texas, ambos en Estados Unidos.

(2) https://elpais.com/elpais/2018/04/04/opinion/1522851181_705878.html

*Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA) – Autora del libro “Gestión, Política y Comunicación.” – Consultora y capacitadora – Adjunta a cargo de la materia “Elementos del Desarrollo Local” en la UNDAV


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