OPINIÓN

Ni una menos: el grito de las que aún tenemos voz

Por Silvina Morelli *

Se cumplen tres años desde que pegamos el primer grito colectivo contra la violencia machista. Tres años desde aquel día donde el horror tomó visibilidad. Se cumplen tres años del día en el que nos abrazamos y lloramos ahogadas de dolor. Tres años desde aquella primera jornada callejera donde la denuncia se instaló definitivamente, en la agenda.

Ni una menos es un grito que apareció en la escena pública para decir “basta de matarnos”. Porque en nuestro país, asesinan a una mujer cada 30 horas, solo por ser mujer. Desde aquel 3 de junio de 2015, cada año, en la ciudad de Buenos Aires y en las plazas argentinas, millones de voces y gritos se dan de la mano para reclamar el fin de la violencia machista en todas sus formas. Las movilizaciones son masivas y exceden la participación de los movimientos feministas. Las respuestas son aún insuficientes. Desde sus distintas órbitas, los gobiernos asumen -por acción u omisión- la gestión de políticas públicas en materia de prevención y asistencia de la violencia de género.

Aunque desfinanciando los programas de atención a las víctimas, el gobierno nacional -a través del Indec- se interesó por ofrecernos datos y en este marco, al número de un asesinato cada treinta horas que proporciona el colectivo Ni Una Menos en su sitio web, podemos sumar que en 2017, 86.700 mujeres denunciaron agresiones físicas o psicológicas. De ese número de denuncias, el 82.7% son responsabilidad de varones de su familia -45% su pareja y 36,9% su ex pareja, en tanto entre las adolescentes, el 17,3% de los agresores son sus padres – . Pensar que estos números surgen de las denuncias que realizan las mujeres que se animaron, nos mantiene en alerta porque sabemos que, un alto porcentaje de mujeres tiene miedo de pedir ayuda o piensa que el amor, las disculpas y las promesas son suficientes para que ese macho cambie sus acciones violentas.

Quienes hablamos o escribimos sobre estas cuestiones somos tildadas de “exageradas”, “locas” y “feminazis”, entre varios otros adjetivos calificativos que profieren tanto los varones como las mujeres que nos rodean. Ayer y hoy, los discursos sociales definieron y definen la subjetividad femenina desde una posición ideológica que desvaloriza socialmente a las mujeres, con visiones sexistas que reproducen la ideología patriarcal androcéntrica determinando la existencia de un fuerte masculino sobre un débil femenino que habilitó y aún habilita, todo tipo de violencias. En este marco, los avances no han sido suficientes. Esto se evidencia en la viabilidad que sienten algunos varones, al apropiarse de los cuerpos femeninos: los domina, ejerce poder sobre ellos, los abusa, los viola, los obliga a no abortar, los mutila, los quema, les quita la vida.

Ante estas situaciones, a pesar de los nuevos datos y los avances en materia de igualdad y violencia de género, las políticas públicas no son suficientes. Hay muchas contradicciones y poca articulación entre la justicia, la política, la policía, las organizaciones y la sociedad civil. Y a esto hay que sumarle el preocupante vaciamiento presupuestario sostenido de áreas clave de gobierno, para trabajar sobre violencias que atraviesan el entramado social multidimensionalmente y nos atacan simbólicamente, psicológicamente, institucionalmente y físicamente.
Cuando me dispuse a escribir sobre el aniversario del Ni Una Menos, la mañana del domingo 3 de junio, pensaba en el difícil camino que transité para poder decir hoy, estas cosas que digo. Inmediatamente después y cual autómata de nuevo milenio, me logueé en la red social Facebook. Una vez allí, encontré el texto de una colega y amiga -la Lic. Leila Orsaria-.

Leer a Leila no hizo más que ayudarme a renovar esperanzas en el sentir que la lucha no es, no ha sido, ni será en vano para quienes como yo, hemos sufrido violencia de género en más de una ocasión y en diversos escenarios. En un párrafo de su post, ella nos dice: “Hoy se cumple otro año más de lucha. Mi historia personal no deja de recordarme cuánto hice y cuánto nos falta aún. (…) Hoy me siento entera. Sin fisuras. Sin deudas conmigo. Sin miedos. Sin odio. Sin dolor. Me siento poderosa. Me siento miles. (…) Millones de mujeres que queremos lo mismo: derechos, respeto y libertad eterna del cuerpo y la mente”.

Yo también me siento miles. Yo también me siento millones. Y por eso vuelvo a decir basta. Basta de gritarme. Basta putearme. Basta de insultarme. Basta de asustarme. Basta de escupirme. Basta de manipularme. Basta de abusarme. Basta de acosarme. Basta de amenazarme. Basta de hostigarme. Basta de obligarme a parir. Basta de controlarme. Basta de prohibirme abortar. Basta de matarme. Como ayer, hoy y mañana, vuelvo a gritar BASTA. Nos queremos VIVAS. Ni una Menos.

(*) Licenciada en Ciencias de la Comunicación (UBA), orientada en Políticas y Planificación – Autora del libro Gestión, Política y Comunicación – Consultora de Comunicación Política e Institucional – Docente a cargo de la materia “Elementos del Desarrollo Local” en la UNDAV – Capacitadora. En Twitter @MorelliSilvina


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