A 16 años de la muerte del Frente Vital, el santo de las villas de Zona Norte

by Sabrina Garcia | 9 febrero, 2015 12:01 am

El viernes pasado se cumplió un nuevo aniversario del joven de 17 años, víctima de gatillo fácil en San Fernando. El adolescente era reconocido como un Robin Hood local, porque repartía todo lo que robaba. Desde entonces, es venerado como un santo popular.


El 6 de febrero de 1999 cayó una lluvia torrencial sobre el norte del conurbano bonaerense. En los pasillos del barrio San Francisco, en San Fernando, los vecinos decían que eran las lágrimas de Víctor “Frente” Vital, un pibe chorro de 17 años que se había ganado fama en la zona por distribuir sus botines, como un Robin Hood local. Esa mañana, tras un robo y una persecución, el cabo Héctor Sosa lo había fusilado cuando estaba desarmado y escondido bajo una mesa. Ese día, el gatillo fácil terminó con su vida. Y marcó el comienzo de una leyenda. El viernes se cumplieron 16 años desde que el Frente Vital se convirtió en un ídolo pagano. La historia del Frente fue retratada en el libro “Cuando me muera quiero que me toquen cumbia”, de Cristian Alarcón y se convirtió en un célebre relato de la crónica periodística.

“Hay un chico del barrio San Jorge que dice que el Frente le ha curado el corazón. También hay una chica que no quedaba embarazada y pedía a él, y después tuvo hijos. Vos escuchás esas cosas y decís ‘pucha, ¿puede ser?’. Pero ellos dicen que el Frente los ayudó”, cuenta Sabina Sotelo, mamá del adolescente que mutó en santo popular, que lleva adelante un comedor comunitario en nombre de su hijo, en Don Torcuato, Tigre.

En el cementerio de San Fernando, la tumba de Víctor Vital está cubierta de flores plásticas y obsequios. “Cuando voy siempre están la cerveza, la gaseosa, los recuerdos que le trajo alguien que viajó”, describe Sabina. Una vez, frente a la tumba de su hijo, vio a una señora que llegaba con bolsas llenas de paquetes de yerba. Cuando Sabina se presentó como mamá del Frente, la mujer estalló en llanto y le explicó que le habían robado la camioneta y de tanto rezarle al Frente, el vehículo había aparecido.

En vida, antes de ser leyenda, Víctor Vital ya era reconocido y querido en las villas de San Francisco, Esperanza, 25 de Mayo, La Esperanza y alrededores. La droga lo había atrapado a los 13 años y para esa época incursionó en el delito. Acumulaba anécdotas como la del robo a un camión de La Serenísima, tras el cual repartió quesos y yogures por el barrio. “Una vez se le había quemado la casa a una señora. Nosotros teníamos camas superpuestas y, como vivíamos los dos solos, nos sobraba una. Él la cortó y se la dio a la mujer. Yo le dije de todo y él me respondió ‘¿vos no decís que hay que ayudar a la gente?’”, recuerda su mamá.

Aquel 6 de febrero de 1999, Sabina había ido al supermercado donde trabajaba como seguridad privada. Alrededor de las diez, los vecinos la fueron a buscar. “Víctor tiene un problema con la policía”, le dijeron. A regañadientes, la mujer dejó el trabajo y fue hacia su barrio. “Cuando veo un helicóptero y como 200 policías digo ‘qué pasó’. Ahí me empiezan a temblar las piernas. Escuchaba a los chicos que decían ‘¡viene la mamá!’. Iban abriendo camino, hasta la policía se abría para que yo pase”, relata. El tumulto estaba en torno a la casilla de una vecina. Allí se había refugiado el Frente, escapando tras el supuesto robo a una carpintería. Según los testigos, desde abajo de una mesa llegó a gritar “¡No disparen, nos entregamos!”. Pero recibió cinco tiros. Uno de ellos le provocó dos orificios: entró por la mano con la que se tapaba la cara y destrozó su pómulo. Sabina vio el cuerpo tirado bajo la mesa y su alarido les confirmó a los vecinos lo que había pasado. Entonces, estalló una batalla campal. Hombres y mujeres, chicos y ancianos, todos apedreaban a la policía. El martes siguiente un desfile incesante pasó por la casa del Frente, donde lo velaban, para dejar banderas de Boca, peluches, poemas y flores en el cajón. El cortejo fúnebre fue despedido con ráfagas de tiros al aire. “Parecía Navidad”, rememora Sabina.

La madre del santo popular ya no vive en San Fernando. Poco después del asesinato de su hijo menor se mudó a Tigre e instaló el comedor “Organización por la Vida”, donde llegó a recibir a más de cien chicos. Por estos días, reparte bolsas de alimentos y prepara un salón en el fondo de su casa para sede del plan Fines, de finalización del secundario. Si el dolor de piernas no se convierte en obstáculo, el próximo 26 de julio volverá a organizar el Chocolate por la Vida como hizo hasta hace dos años, con merienda, sorteos y música para los chicos de la zona. Ese día, Víctor “Frente” Vital cumpliría 34 años.

Fuente: Lucía Rosende para El Argentino Zona Norte

 

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