Carlos Muñoz, volver por primera vez a ´El Silencio´

by Sabrina Garcia | 9 septiembre, 2019 12:08 am

Por Sabrina García

A 40 años de traslado de los secuestrados de la ESMA a la Quinta El Silencio, sobrevivientes, familiares y organizaciones de derechos humanos volvieron al lugar para realizar el señalamiento del centro clandestino de detención. Aquí el relato de Carlos Muñoz.

Carlos fue uno de los primeros en bajar de la lancha, recorrió el predio, los alrededores de la ‘casa grande’, los de la ‘casa chica’. En cada paso fue respondiendo las innumerables preguntas que los periodistas y acompañantes fuimos haciendo sobre el funcionamiento de aquel centro clandestino de detención. En un momento se alejó del grupo, apoyó su cuerpo sobre un corral de madera. Parecía ver el caballo que allí se encuentra pero su mirada está distantes. Es la primera vez que vuelve a pisar aquel lugar, donde hace 40 años, estuvo un mes secuestrado.

“A mi me trajeron junto con un grupo de aproximadamente 15/20 compañeros, el 1° de septiembre del 79 cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) iba a ir a inspeccionar la ESMA. Yo en ese momento estaba trabajando como mano de obra esclava falsificando documentos para los represores. Hacia casi un año que estaba secuestrado en el sótano del Casino de Oficiales (ESMA). Nos sacaron con un clásico colectivo militar, con antifaz en los ojos. Nos trajeron hasta la prefectura naval de Tigre y nos embarcaron en una lancha en un viaje que no puedo calcular pero serían dos horas y media y llegamos a este lugar”, Carlos mira la ‘Casa grande’ como se llamaba la construcción principal de la ‘Quinta El Silencio’, allí estuvo secuestrado aproximadamente un mes.

“Cuando viajamos en la lancha lo hicimos sin tabiques, nada nos tapaba la vista. Pude ver a mis compañeros. Después, a la noche, se hizo otro viaje donde vinieron los compañeros que estaban en ‘Capucha’”, Carlos se refiere al principal espacio de reclusión de los detenidos-desaparecidos de la ESMA. Allí los prisioneros eran sometidos a inhumanas condiciones de vida. Eran designados por un número y obligados a permanecer en silencio e inmóviles, vigilados constantemente, con los ojos tapados con un antifaz o una capucha..

“Algunos compañeros que estaban en la ESMA no llegaron acá, fueron ‘trasladados’ como decían ellos eufemisticamente a los ‘vuelos de la muerte’ y a los que trajeron los pusieron en otra casa. Una que está a 200 metros de acá. Teníamos alguna relación con ellos a través de la comida porque la comida la hacían las compañeras que estaban en cautiverio en este lugar (señalando la casa grande). Alguna vez tuvimos algunos datos de ellos. Por ejemplo sabíamos cuantos compañeros eran por la cantidad de raciones de comida y a veces a través de los guardias nos llegaban algunos mensajes”, recuerda Carlos.

“Estuve en ‘Capucha’ casi cuatro meses. Creo que no hay ningún secuestrado que no haya pasado por Capucha, por Capuchita, por la situación de grilletes, esposas, capucha, golpes, eso era inevitable. Lo mismo que al ‘interrogatorio’ como lo llamaban ellos a la tortura al principio, cuando recién llegabas. Pero la diferencia sustancial era, yo le servia al grupo de tareas, necesitaban un fotocromista para para separar color y falsificar primero el pasaporte uruguayo y para eso me utilizaron a mí. Me sacaron de Capucha después de estar cuatro meses ahí y empecé a hacer tareas en el sótano. En el mismo lugar donde funcionaban los cuartos de interrogatorio, donde todos los días caían compañeros y eran torturados”, explica Muñoz.

Varios de los sobrevivientes presentes en el señalamiento de la Quinta El Silencio sostienen que aquel lugar era la ESMA. Es por eso que hay quiénes hablan de ‘casa grande’ y ‘casa chica’ o, como en el caso de Carlos mencionan los espacios tal como estaban secuestrados en la Escuela de Mecánica de la Armada. “Algunos de los compañeros que estuvieron en Capucha acá (se refiere a la casa chica) después terminaron siendo compañeros míos en el sótano (de la ESMA) falsificando documentos como fue Victor Basterra”.

-Seguramente hacer esas tareas te permitió acceder a información que manejaban los represores

-Sí, claro. Tuve alguna información más. En el sótano se hacía los micrófilm, bah, nosotros lo único que hacíamos era revelarlos. Los represores preparaban los microfilm y microfilmaban toda la información de las carpetas de los compañeros que eran asesinados y en alguna oportunidad por un pedido puntual de un represor y porque nadie podía manejar eso, pude acceder a los microfilm. Eso lo declaré en el Juicio a las Juntas en el año ’85. La primero vez que lo pude contar. Antes, lo había declarado en el CELS cuando di testimonio en el ’82.

Carlos volvió al centro clandestino de detención El Silencio 40 años más tarde, con motivo de señalamiento del espacio. “Tengo un recuerdo…en realidad llegué con algunos recuerdos vagos. No me acordaba mucho del Silencio, me acordaba de cosas muy puntuales, muy básicas, del día del traslado, lo que era la vida diaria, del fornio que lo logré descubrir acá, de los árboles, de esas cosas pero estoy muy movilizado, por eso me vine un poquito acá para reflexionar sobre lo que había pasado y lo que había pasado con los compañeros que ya no están”.

 

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