Día del trabajador y la trabajadora: por más derechos

by Sabrina Garcia | 2 mayo, 2019 12:01 am

Flor Rubinich[1]

Por Flor Rubinich*

La importancia para las mujeres trabajadoras de esta fecha, que conmemora la lucha obrera por mejores condiciones y salarios dignos, radica en reivindicar la necesidad de la organización, entendiéndola como el único medio posible para transformar una realidad que nos oprime tanto a hombres como a mujeres, pero a las últimas doblemente. Por eso, es importante apropiarnos de este día, haciendo de él un día de protesta, pero también de solidaridad, para mirar juntas hacia un futuro más igualitario.

La realidad laboral de las mujeres actualmente amerita, sin duda, un análisis en su particularidad, dado que en general recibimos menores sueldos a igual trabajo, acoso laboral, desigual distribución de roles en el trabajo, la perpetuación de nosotras en ciertos puestos de trabajo y profesiones. Sumado a lo anterior, el no reconocimiento por parte de las organizaciones obreras de la labor desempeñada dentro de la casa como “trabajo”, que implican una doble jornada laboral para las mujeres, reduciendo nuestras oportunidades de estudiar, o capacitarnos para conseguir mejores empleos. El trabajo no remunerado es una de las razones principales de la feminización de la pobreza.

Las condiciones de vida actuales permiten visualizar claramente lo indispensable del trabajo doméstico. No sólo se trata de lavar platos y el cuidado de los hijos, sino también de los adultos mayores, o discapacitados, en un contexto donde se ajusta sobre la seguridad social, y del valor de la administración familiar en un contexto de inestabilidad laboral. La economía de mercado no podría sostenerse sin el trabajo doméstico, pero se niega a la socialización de sus funciones (peor aún, clausura guarderías, comedores escolares y laborales, hospitales públicos, etcétera) e insiste en su carácter gratuito, derivado del “amor”.

Esto quiere decir que toda mujer trabaja, aunque en América Latina sólo el 47 por ciento esté registrada en el mercado laboral. Trabajo es la actividad social que nos da un lugar en el mundo, que es valorada por un colectivo y que es indispensable para nuestra autodefinición. Siempre tiene un valor económico, aunque no necesariamente éste se traduce en un salario.

Tradicionalmente se han ocupado las propias familias y, más específicamente, las mujeres de la familia. La idea de que lo hacemos “por amor”’ ha funcionado muchas veces para solapar el hecho de que, en definitiva, es trabajo. De manera que si se sigue obviando el valor económico del trabajo tradicional de las mujeres, su condición de trabajadoras de bajos ingresos no les permite lograr la autonomía personal, sino apenas complementar las necesidades monetarias de un núcleo familiar del que no pueden independizarse.

¿Quién hace el trabajo cuando las mujeres de la casa salen a trabajar? Generalmente, otra mujer. Una trabajadora que, frecuentemente, por trabajar en el espacio más íntimo de la familia, pareciera que se integra también en sus relaciones afectivas. Y lo cierto es que la asociación entre el trabajo doméstico y el amor, donde se confunden lazos familiares y laborales, ha tenido un rol central para reproducir su tradicional informalidad, baja remuneración y dificultad de acceso a derechos laborales.

Para avanzar en derechos desde nuestros municipios

Necesitamos que los gobiernos locales incluyan en sus agendas políticas que ayuden a reducir la desigualdad entre los hombres y mujeres trabajadoras. Iniciativas como la instalación de escuelas infantiles de 0 a 3 años que sean gratuitas como un derecho de los niños, pero también de las familias y especialmente de las madres porque eso permite que haya formas colectivas de hacer compatible las tareas de cuidado con el desarrollo profesional. Aumentar las licencias por maternidad y paternidad, o reducir la jornada laboral para generar más puestos de trabajo, y ayudar a conciliar la vida familiar con la laboral.

La palabra corresponsabilidad hay que entenderla no únicamente entre hombres y mujeres, sino que el derecho a ser cuidados lo tiene que garantizar el Estado. La corresponsabilidad es con el Estado, necesitamos un estado que se corresponsabilice. San Fernando puede seguir el ejemplo de otros distritos vecinos y ponerse a la vanguardia en dependencia y eso además podría crear empleos de calidad, que dignifiquen el trabajo de los cuidados en sectores muy feminizados. Hay que tener servicios de atención a domicilio municipalizados, que sean dignos para quienes reciben esa atención y para quienes la realicen.

Para seguir pensando

Está claro que el feminismo está en el centro de los debates públicos y en el centro de las elecciones que se van a desarrollar en este año. Pero el objetivo no es que en el próximo debate electoral haya alguna candidata a la Presidencia, es decir, que algunas mujeres lleguen a los puestos de responsabilidad, que es muy importante, sino que todas lleguemos.

La desigualdad no se soluciona simplemente con más cantidad o protagonismo de las mujeres, sino con más funcionarios y funcionarias que entiendan la importancia y urgencia de hacer grandes cambios en la forma en que funcionamos para alcanzar una sociedad más justa y a la altura de sus desafíos.

Que haya transformaciones legislativas, que nos permitan tener empleos dignos, conciliar nuestra vida laboral y familiar, que no nos pregunten si vamos a quedar embarazadas cuando vamos a acceder a un trabajo, que no tengamos que decidir si queremos prosperar en nuestro trabajo o ser madres, o que podamos disfrutar del ocio, que debería estar contemplado entre nuestros derechos laborales, como lo es con los hombres.

Aumentar la representación de mujeres no es sólo justo, sino que además es necesario para mejorar la calidad de las instituciones, la vida política y la igualdad social. Sin embargo, contar con candidatas o funcionarias mujeres no alcanza, necesitamos que tengan perspectiva de género. Si tenemos una Presidenta, pero los contratos siguen siendo precarios y los alquileres están por las nubes, arreglamos poco.

Ya están establecidos los cimientos que suponen un profundo cambio de paradigma en materia de género. Asimismo, mucho de lo que se logró, se está logrando y se logrará reside en la movilización popular. La democracia puede y debe dar respuestas a las demandas de una sociedad. Y nuestra sociedad quiere más.

(*) Lic. María Flor Rubinich. Trabajadora Social, militante política, sanfernandina y madre de tres. Miembro de la Mesa de Mujeres de Unidad Ciudadana San Fernando. @flor_rubinich

Endnotes:
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