by Sabrina Garcia | 26 octubre, 2020 4:23 pm
Por Sabrina García
Se trata de Nazareno Saucedo. El joven de 17 años estaba privado de su libertad en el Instituto de Menores Almafuerte, en la ciudad de La Plata. Fue torturado por pedir más tiempo para hablar con su familia. Al día siguiente apareció muerto en su celda.
Tras ser privado de su libertad desde junio de 2019, Nazareno estuvo en la Alcaldía Abasto (un mes), Centro cerrado Carlos Ibarra (otro mes), Centro cerrado Araoz Alfaro (cuatro meses), Centro cerrado Dolores (un día), Centro cerrado Almafuerte (un mes), Centro de recepción Pablo Nogués (6 meses) y finalmente regresó al Centro cerrado Almafuerte (25/06/2020 re-ingresa), donde finalmente muere.
Para la Comisión Provincial por la Memoria (CPM): “Este movimiento constante imposibilita construir pertenencia, redes de contención, o abordajes sostenidos en el tiempo. No hay tratamientos ni dispositivos en el marco de traslados constantes y gravosos”, sostiene en la denuncia penal presentada al Titular de la UFIJ del Departamento Judicial de la Plata a quien le solicitan que se investigue las causales de muerte.
Según indican tanto su madre como la jueza Mirta Ravera Godoy del Juzgado de Responsabilidad Penal Juvenil N° 2 de San Isidro, Nazareno pedía desde febrero ser trasladado a otro instituto. Finalmente logró que el traslado fuera hacia el de Pablo Nogués donde recibió, por única vez, un tratamiento psicológico, tal como se desprende de la denuncia que realiza la CPM pero el 25 de junio vuelve a Almafuerte.
Producto de la pandemia y con la instalación del ASPO, los jóvenes dejaron de recibir visita. Es más, la CPM logró que quedara sin efecto la disposición por la cual los menores estuvieron “14 días encerrados sin ningún tipo de contacto familiar ni sociabilidad con pares” y pasaron a estar encerrados 12 horas diarias en sus celdas en donde sólo hay una letrina y una cama de cemento. Tuvieron que descontinuar sus estudios y actividades recreativas, Nazareno cursaba el primer año del secundario y estudiaba oficios. Y sólo el vínculo con amigos y familia era 3 horas diarias por Facebook y dos veces por semana 20 minutos para videollamadas por WhatsApp.
El contexto de encierro y la imposibilidad de conversar con sus familiares generaron un clima de angustia de los menores que realizaron un motín el 9 de agosto para reclamar más tiempo para hablar con sus familias. La reacción fue torturar a los jóvenes y, según denuncian sus compañeros, “con él siempre encontraban alguna excusa para insultarlo o lo bardeaban, no paraban con él”.
La denuncia de sus pares coincide con lo que relata Johana quien recuerda que el 14 de agosto recibió un mensaje de Nazareno llorando en donde le pedía hacer una videollamada. Allí su mamá pudo hacer una captura de pantalla en donde se percibe el golpe que el menor tenía en el ojo izquierdo. Cuando su mamá le preguntaba si había sido golpeado, él esquivaba la respuesta y “miraba para el costado como si lo estuvieran controlando”.
El lunes 12 de octubre, Nazareno y cuatro jóvenes del pabellón izquierdo “se encontraban en un aula del sector escuela, donde pueden acceder a una computadora que les permite comunicarse con sus familias a través del Facebook. Según refieren los jóvenes la conexión es de muy baja intensidad y por lo tanto no todo el tiempo que se encuentran en el lugar pueden acceder realmente a la misma. Cerca de las 15 hs., 4 o 5 asistentes de minoridad o custodios o “maestros” de esa guardia se acercaron para informarles que debían volver a sus celdas. Cuatro de los jóvenes salieron y se dirigieron a la celda-aula de enfrente para ser requisados y trasladados”, dice la denuncia de la CPM.
Fue allí cuando Nazareno pidió más tiempo, comenzó una discusión y “culminó con una golpiza intensa que recibió el joven de parte del grupo de asistentes o maestros. Luego de esto lo sacaron colgando mediante el método conocido como ‘criqueo’, es decir, mientras uno lo rodeaba con sus manos por el cuello ahorcándolo, otros sujetaban sus manos hacia atrás y los restantes de las piernas”.
Las torturas no culminaron allí. Ese día permaneció en aislamiento y le negaron la comida. Al otro día sus compañeros lo vieron triste, callado. Su mamá tiene la última foto que publicó en sus redes sociales en donde se nota un hematoma en la boca.
Al otro día le mandaron un mensaje de voz por WhatsApp en donde la subdirectora del Instituto Almafuerte le pedía que se comunicara con el establecimiento. Cuando Johana llamó le dieron la noticia del supuesto suicidio por teléfono.
Hasta el momento ningún funcionario del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires se ha puesto en comunicación con Johana y el director del Instituto Almafuerte, Juan Serrano, responsable por velar por la seguridad e integridad de los menores, permanece en su cargo. Los testigos de la paliza que recibió Nazareno señalan a serrano como la persona que estuvo en el lugar de los hechos y dio las indicaciones para que repriman contra los jóvenes.
En el plazo de una semana hubo cuatro supuestos intentos de suicidio y el caso de Nazarenos, todos en el mismo instituto.
“A mi hijo no le devuelven la vida pero quiero justicia. Ahí hay un montón de Nazarenos y no quiero que les pase lo que le pasó al mio”, dijo Johana.
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