by Sabrina Garcia | 28 diciembre, 2016 12:02 am
Desde la ribera del Delta, se ganó un lugar destacado en la agenda del arte argentino.
El Museo de Arte Tigre (MAT) cumplió diez años de trayectoria y se consolidó como el más importante de la provincia de Buenos Aires, por su colección propia y una programación de muestras temporarias de calidad. Su edificio, antigua sede del Tigre Club y huella arquitectónica de la belle époque criolla, data de 1912 y en 1979 fue declarado monumento histórico nacional. Desde 2014, lo dirige la historiadora de arte María José Herrera, con Mariana Marchesi como curadora y asistente.
“El público fue mucho desde el principio porque el museo despertó grandes expectativas en la zona -cuenta Herrera-. Los tigrenses están muy orgullosos del pasado del edificio y del presente del museo. Acuden en forma gratuita no sólo a las exposiciones sino también a los conciertos, talleres infantiles y visitas guiadas”.
Este año el museo transformó su Salón Oval en un auditorio y organizó con el Ministerio de Cultura de la Nación la exposición 200 años de grabado en la Argentina. “Para 2017 nos espera una exposición en conjunto con el Museo Nacional de Bellas Artes -adelanta Herrera-. Participaremos de la Bienalsur con la Universidad Nacional de Tres de Febrero y estamos gestionando una ampliación, independiente del edificio actual, que sea tan emblemática como éste y que exprese ideales de la contemporaneidad, como la sustentabilidad”. Herrera cree que las instituciones artísticas públicas funcionan bien. “Van en busca de nuevos públicos, pero no deben abandonar a los ya fidelizados”, advierte. “Los museos están cada vez más profesionalizados y eso es bueno, pero una política cultural debe nutrirse de la tradición y la innovación en igual medida”.
En 2008, con la dirección de Diana Saiegh, el museo se abrió a las exposiciones temporarias y aumentó así la oferta cultural y la afluencia de público. Ese año se destacó Fragmentos, del artista uruguayo Carlos Paez Vilaró.
En 2009, hubo una muestra conjunta de dos grandes pintores argentinos: Alfredo Hlito y Miguel Ocampo. La exposición reunió más de treinta obras de dos figuras centrales de la abstracción y el arte geométrico local.
En 2012, el escultor Jorge Gamarra presentó Herramientas, una colección de sus rotundas piezas trabajadas con maderas, metal y piedra. María José Herrera ofició en esa ocasión como curadora.
En 2014, con Escenas de 1900 se inauguró la gestión de Herrera. Por medio de imágenes y otros materiales de archivo, la muestra contó la historia de Tigre y su cultura, y los nuevos modos de sociabilidad de la Argentina. La producción involucró al equipo del museo, a los vecinos (que prestaron objetos e historias para la exposición) y a otras instituciones de la zona.
En 2014-2015, La explosión de la forma dio un panorama inédito del pasaje de la abstracción al informalismo en el arte argentino.
En 2015, Historias en cuadros ingenió una nueva perspectiva sobre la colección permanente del MAT y su relación con la cultura visual: el cine, la fotografía y la historieta. También se presentó Xul Solar imaginero del Delta, dentro del programa que explora el trabajo de artistas en Tigre.
En 2016, esa búsqueda se acrecentó con una exposición de fotos tomadas por Grete Stern en las islas, puestas en relación con los trabajos de la grabadora Cecilia Widmer, la artista textil Silvia Gai y la escultora Marcela Cabutti, en el marco de la delicada muestra La persistencia del agua. Este año, además, hubo dos retrospectivas notables: la del pintor Héctor Giuffré y la del escultor Hernán Dompé. Ambas señalan la importancia de los panoramas históricos que el MAT realiza de manera consecuente.
Fuente: Daniel Gigena para La Nación
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