by Sabrina Garcia | 7 mayo, 2015 12:01 am
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Por Sabrina García*
“(…) Las salas de espera para la solicitud de servicios sociales básicos (desde las prestaciones asistenciales que otorga el Estado frente a diversas situaciones de vulnerabilidad social, hasta la atención médica o la obtención de documentos) están atestadas de personas, mayormente de condición humilde, sometidas a interminables y absurdas sesiones de espera que, generalmente no se resuelven en un trámite exitoso. De esa comprobación, Javier Auyero llega a la conclusión de que la espera constituye un dispositivo más de dominación política mediante el cual, no siempre de forma consciente y planificada, el poder estatal reproduce prácticas destinadas a disciplinar a un sector de la población (…)”.
Texto que forma parte de la reseña del libro Pacientes del Estado de Javier Auyero
El 12 de enero publicamos en San Fernando Nuestro la entrevista que le hicimos a Liliana. La nota fue titulada “No quiero perder a mis hijos”[2] y en ese momento fueron muchos los que mostraron preocupación e indignación por el tema planteado. En ella contábamos la historia de Liliana y su lucha por no perder a sus ocho hijos.
Te mostrábamos la historia de una mujer que por haber nacido donde nació le tocó crecer con violencia: maltratos, golpes, violación y abandono. Eso fue lo que conoció y así lo replicó. En algún momento tuvo una señal de alarma y nadie estuvo ahí para acompañarla. Le tocó revivir la violencia. Sus hijos sin padre, ni madre, presos de un Poder Judicial que dice saber que es “lo mejor para ellos”. Una madre que busca ocupar su lugar, que lucha contra los patrones que le hicieron crecer y elige que sus hijos tengan otro destino. En ese momento el Estado mira para otro lado. No hay casa, trabajo ni acompañamiento psicológico. Mejor es terminar de destruir, como sumando más violencia a la historia.
Con la nota publicada golpeamos puertas de políticos de San Fernando y de funcionarios públicos nacionales y provinciales. Algunos respondieron, otros todavía estamos esperando que lo hagan. Quienes respondieron se comprometieron a leerla y luego responder, cosa que nunca hicieron; otros pidieron el teléfono de Liliana, a quien no llamaron; estuvo el que puso a disposición una trabajadora social con quien se juntó Liliana para no volver a tener más noticias de ella; otro comentó que estaba de vacaciones y que se ponía en tema a su regreso, parece que sigue descansando; y estuvo quien mostró indignación y se comprometió a investigar por adentro del sistema judicial, parece que quedó atrapado en algún pasillo.
Personalmente acompañé a Liliana a la Secretaría Nacional de Ninez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social. En aquella oportunidad hablamos con el Secretario del área, máxima autoridad del organismo que nos derivó con dos abogadas. Durante dos horas, Liliana volvió a relatar su historia con lujo de detalle mientras ellas tomaban nota.
Liliana se encargó de llevar una carpeta cargada de fotocopias que daban muestra de ese violento relato: denuncias, citaciones, documentos. Ellas se comprometieron a obtener más datos y realizar acciones legales para intentar recuperar a esos niños cuando finalizara la feria judicial. Nada de eso sucedió.
Una criatura fue violada por su padre, otra sufrió un abuso. Los ochos niños perdieron a su padre, cuando éste se “suicidó” en la comisaría. La familia paterna incendió su casa y con ella sus recuerdos. Su madre es la única persona que les quedó y el Poder judicial le negó la posibilidad de volver a verlos.
Ayer, finalizando la jornada, me llegó la triste noticia de que a esos chicos les otorgaron la adopción. “Eureka”, el sociólogo Javier Auyero tenía razón: esta familia sigue siendo una más que es paciente del Estado.
Al dolor que sufrieron esos chicos se suma uno más. No sólo tendrán que seguir sufriendo las consecuencias de un Estado ausente sino además volver a pasar por una nueva separación: la de sus hermanos.
La situación es indignante. Ojalá sirva para que algunos se replanteen su función, hablen menos y orienten sus acciones en quienes más lo necesitan. Sólo espero que se les devuelva en votos los “sacrificios” que hacen.
Desde este medio, hicimos un gran esfuerzo para ayudar pero lamentablemente no alcanzó. Entiendo a la política y a la función pública como herramientas de transformación y es en estos casos en donde más debería estar presente. Si la política no está acá, ¿dónde va a estar?
* Periodista. Directora de San Fernando Nuestro
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