by Sabrina Garcia | 18 diciembre, 2025 8:03 am
Por Sabrina García
Cada 18 de diciembre los sanfernandinos y las sanfernandinas celebramos el nacimiento de nuestra ciudad pero… ¿fue un 18 de diciembre realmente?. Aquí compartimos el relato de los distintos hechos que le dieron vida a San Fernando.
Para hablar del nacimiento de San Fernando nos tenemos que remontar al año 1805 y alejarnos un poco, precisamente a los márgenes del Río Las Conchas (hoy Río Reconquista, en Tigre).
En los márgenes de aquel río se asentaba un pueblo, con un caserío en medio de bosque, repleto de árboles de duraznos y con una sola capilla. Allí habitaban los primeros pobladores.
El 5 y 6 de junio de 1805, según Enrique Udaondo (1930), “el viento sudeste fue tan fuerte que ‘hizo crecer el río extraordinariamente, en su furia derribó muchas casas del bajo, echó a la costa más de treinta embarcaciones, algunas a más de 1.500 varas (1.253,85 metros) de la orilla’”. El agua llegó hasta la zona de lo que hoy es Belgrano, Junín, Alvear y Libertador.
El pueblo quedó devastado. San Ginés, el cura vicario del pueblo, decidió trasladar a la población hacia el lugar más alto: Punta Gorda (hoy San Fernando).
Al momento del temporal San Ginés tenía 37 años. Las crónicas del momento lo describen como un hombre moreno, esbelto, de frente despejada, con grandes ojos oscuros y brillantes. Su carácter: fortaleza de ánimo y bondad.
Su responsabilidad en el pueblo era destacada: se encargaba de llevar un registro (padrón) de los habitantes del pueblo, casaba y bautizaba. Por ese entonces la Iglesia cumplía el rol de registro civil, cementerio y prédica religiosa. Hablamos del período previo al surgimiento del Estado Nación, por lo tanto la Iglesia era una suerte de Estado presente en el territorio.
La Iglesia era de adobe con techo de tejas, a dos aguas, con una cruz sobre el mojinete y un pequeño campanario sostenido sobre gruesas vigas de madera duras traídas del Paraguay.
San Ginés llegó a esa iglesia en calidad de interino porque debía suplantar a Manuel León Ochagavia que había sido promovido párroco de la Iglesia del Socorro de Buenos Aires (20 de diciembre de 1797).
El pueblo de Las Conchas se componía por agricultores. La mayor parte de los vecinos era de origen humilde. Se dedicaban a la producción de frutales, huerta y venta de leña (talado del bosque). En el pueblo funcionaban nueve aserraderos y un astillero.
El pueblo Las Conchas recibe el nombre del río cuyo nombre se debió a una gran cantidad de conchillas (Adolfo Cordero, 1968). Se crea, en el 1600, con el fin de rechazar las fuerzas portuguesas y contener a los indios de la región. Los primeros pobladores era vascos y andaluces que recibieron tierras otorgadas por Juan de Garay (fundador de Buenos Aires). Se dedican a talar árboles para preparar leña y carbón que luego van a vender en Capital. También se dedicaron a cultivar frutales y huertos.
En 1772 fue creada la parroquia con el nombre de ‘Puerto de Santa María de las Conchas’, por el Obispo Dr. Manuel A. de la Torre.
El lugar era el paso obligado para los productos que se comercializaban con (por ese entonces) la provincia de Paraguay y Colonia del Sacramento. Por la importancia del puerto creció el contrabando.
San Ginés cumplió un rol fundamental en el pueblo y debió lidiar con delincuencia, atropellos, abuso de los comerciantes, pobreza y miseria. “Vagos, jugadores y gauchos, ladrones que destrozaban los árboles frutales (los famosos y abundantes duraznos de la costa) y de indios portadores de pieles y plumas para vender o cambiar que eran engañados”. No se quedó esperando a los fieles en la iglesia, los fue a buscar a caballo o en bote. “Trata con negros, mulatos, esclavos y libertos, indios charrúas, seres no bautizados, hijos que ni se sabían de quienes eran hijos (son de su especial interés)”. Para San Ginés no existían diferencias raciales.
En 1930, Enrique Udaondo escribió la historia de San Fernando “de origen colonial” en un libro porque “es uno de los que más la prestigian con su glorioso pasado, con su importancia cultural y económica y con las bellezas naturales que encierran sus islas, condiciones que lo hacen digno de considerarlo como el jardín de la Provincia, valiéndonos del juicio con que Sarmiento calificó a Tucumán con respecto a la República”.
Para 1802 San Ginés ya había tomado nota de los constantes temporales originados por la creciente del río y promovía el traslado del pueblo hacia una zona más alta, a 2400 metros (24 cuadra) hacia el sudeste. Para motivar a los habitantes empezó a construir una capilla (hoy General Pinto 1223) que sería provisoria hasta construir la parroquia definitiva y ésta pasaría a ser su habitación. Algunos vecinos son interpelados por el cura y comienzan a construir sus propias casas en la zona de Punta Gorda. El primer acto religioso que hizo en ella tiene fecha 23 de enero de 1804.
Tras el temporal del 5 y 6 de junio de 1805 los vecinos de Las Conchas se vieron obligados a emigrar, refugiándose en las próximas alturas. Alertado por San Ginés, el Virrey Sobremonte ordenó la fundación de un nuevo pueblo, encargando al ingeniero de la Real Armada, D. Eustaquio Giannini, con fecha 7 de septiembre de 1805, la demarcación de la nueva Villa y designación del terreno donde debía ser su canal y puerto “para prevenir, hasta donde fuera posible, los peligros de un nuevo temporal”.
Eustaquio Giannini Bentallol tenia 55 años cuando recibió el encargo del Marqués Sobremonte. Hijo de genovés, nació en Badajoz. En 1782 ingresó en la Real Armada Española como alférez de navío y como ingeniero hidráulico extraordinario de Marina. En 1801 ascendió a ingeniero jefe con la distinción de capitán de navío. En 1804 marchó a Argentina con el encargo de inspeccionar y reformular el área portuaria de Buenos Aires, para lo que levantó dos planos de la ciudad que todavía hoy son considerados planos de referencia. Situaba el nuevo puerto en el Riachuelo. En 1805 levantó planos del nuevo pueblo de Santa María de las Conchas en San Fernando. Falleció en Buenos Aires en 1814.
Giannini realizó la traza del pueblo, de estilo colonial con manzanas cuadradas, una plaza y la Parroquia en uno de sus laterales, contaban con algunas construcciones. El proyecto se llevó a cabo de acuerdo a “Leyes de Indias” (1).
Al momento de la presentación del plano ya existían 30 viviendas, una capilla, 14 ranchos en construcción y 6/7 ranchos en las proximidades.
Giannini entregó al Virrey los planos que éste le ordenó levantar sobre la traza de la nueva Villa “con situación de las casas y ranchos, con expresión de sus dueños y proyecto de la nueva población; con arreglo a las leyes de Indias mandadas observar; y el terreno bajo y proyecto de nuevo Canal y zanja de desagüe, según se diseña, el que soy de la opinión se abra este verano en toda su longitud”. Este plano está fechado el 30 de octubre de 1805.
[1]
[2]
La capilla quedó bajo advocación de Nuestra Señora de Aránzazu por ser la patrona de la antigua parroquia de Las Conchas y muy de la devoción de sus ex pobladores, los hijos de Vizcaya, que eran casi la totalidad (Vizcaya es un territorio histórico español y una de las tres provincias que forman la comunidad autónoma del País Vasco. Su capital y ciudad más poblada es Bilbao).
El 18 de diciembre de 1805 el virrey Sobremonte dictó un decreto por el cual le da nombre a la villa como San Fernando, en honor y memoria al príncipe de Asturias, Fernando VII (heredero del trono de España), y haber existido un gran monarca, San Fernando III, al que la Iglesia confirió el título de santo, canonizándolo.
Si nos situamos en la época es importante destacar que el sistema de traslado de pasajeros empleado era el carruaje y la distancia en tiempo entre Capital y San Fernando era de un día.
La primera gran celebración que vivió nuestra ciudad ocurrió el 1° y 2 de febrero de 1806. En aquella oportunidad el virrey Sobremonte visitó nuestra ciudad acompañado por su mujer y familia, y toda una comitiva de “distinguidas personas”. Llegó a San Fernando entre las 20 y 21h (del 1° de febrero) donde fue recibido por Carlos Belgrano (hermano de Manuel) y “vecinos al eco de la agradable música del Pueblo que estaba en un arco triunfal dispuesto por los mismos con ramas y árboles, y aún éstos con las frutas y estruendos de muchos y muy variados cohetes. La Compañía de Granaderos de Dragones con la música del Regimiento hizo honores debidos a su excelencia” (Enrique Udaondo, 1930).
En la mañana del 2 la comitiva se trasladó hacia la capilla en donde San Ginés brindó una misa y luego se trasladaron “en procesión llevando la piedra angular” al lugar donde se construiría la parroquia Nuestra Señora de Aránzazu. Terminado el acto, Sobremonte y comitiva salieron a recorrer la “delineación de las plazas y calles y fue a ver la Punta Gorda el prospecto del Canal representado con banderolas colocadas a distancia”.
Al dejar inaugurado el inicio de las obras del Canal, el Virrey regresó con su comitiva a las barrancas. Uno de los relatos indica que al llegar a la quinta de Zamudio (hoy Quinta El Ombú) pudo contemplar el espléndido panorama que representaban las islas, con la vegetación propia de la estación, y exclamó:
-¡Que buena vista se descubre desde aquí!
-En verdad que es una bella vista- agregó la comitiva
-Pues la llamaremos San Fernando de Buena Vista-dijo el Virrey dirigiéndose a los que le rodeaban, quedando así bautizado con dicho nombre e inscripto en el acta de fundación del pueblo.
Otro relato indica que la designación de San Fernando Buena Vista se realizó previo a la llegada de Sobremonte a nuestra ciudad. Lo cierto es que el primer relato parece convincente y representa cabalmente lo que muestra el horizonte de nuestro Delta.
En el ‘Semanario de Agricultura, Industria y Comercio’ se publicó una crónica sobre la fundación y fiesta que tuvo lugar en la nueva Villa los días 1° y 2 de febrero de 1806.
Recibido por el comandante Don Carlos Belgrano, hermano de Manuel, hubo música, arco triunfal con ramas y árboles, estruendos de muchos y muy variados cohetes, y la presentación de la Compañía de Granaderos de Dragones.
Al otro día se llevó a cabo una misa, a cargo del cura y vicario Dr. D. Manuel de San Ginés. Hubo una procesión en donde se llevó la piedra angular en el lugar de su destino dedicado a Nuestra Señora de Aránzazu.
Concluido el acto, Sobremonte y comitiva salieron a recorrer la delineación de las plazas y calles y el proyecto del Canal que tenía como fin: proteger a los habitantes de las constantes inundaciones, robustecer el comercio de la Provincia de Paraguay; y hacer fértiles unos terrenos propios para toda especie de cultivo y en particular para el lino y cáñamo.
A su regreso se detuvo en la propiedad de Zamudio, hoy Quinta El Ombú y exclamó la frase sobre la buena vista que permitía ver el Delta y es lo que termina de darle nombre a la villa: San Fernando de Buena Vista.
Sobremonte le brindó indicaciones a Belgrano para el reparto de solares. “Convocados todos los propietarios de los terrenos de la Villa para las seis de la mañana del día tres, hallándose agregados salió S.E. con el debido acompañamiento y les expuso cuantos eran sus deseos de fomentarlos, y manifestándoles las utilidades que van a conseguir, les dijo les daría los solares proporcionados a sus familias, y el resto se les pagaría por su justo valor; todos unánimes y conformes agradecidos a sus bondades definieron a la voluntad de S. E. con lo cual repartió y oyendo a cada uno de por sí, ciento veintidós solares, dejando dispuestos además cuatro clases de suertes de tierras para los que quisiesen comprar, y para dar a los infelices que sufrieron con la inundación del 5 y 6 de junio del año anterior; y así feneció este acto público propio de su celo y eficacia con contento y placer de todos los interesados y de cuantos tuvieron la satisfacción de presenciarlo”.
El 24 de febrero de 1806 el comandante Belgrano dio cuenta la Virrey de haberse dado lectura del decreto en que se detallaban los precios de los solares de la nueva Villa. Entre las reglas relativas al reparto de las quintas se destacan que cada vecino podía poblar una quinta que no exceda las “100 varas en cuadro”, que en las quintas no podían construir casa solo se permitía “una choza o cabaña para resguardarse de las intemperies y custodiar los útiles o herramientas que sean precisas apara su labor”. Para la población de la Villa se indicaba que debían estar separadas por un cerco de “varas vivas de sauce u otros árboles que hermoseen el camino y purifique el aire”, teniendo un plazo de un año para construirlo, vencido ese tiempo “perderá el derecho que haya adquirido, dándose en merced el terreno a otro vecino o poblador”.
Quizás esa indicación de “hermosear” con árboles los límites de cada propiedad llevaron a Enrique Udaondo a establecer que, para 1930, San Fernando era el “jardín de la Provincia”.
El 2 de marzo de 1806 Belgrano pasó al Virrey el padrón de la población de la nueva Villa, que se componía ya de cincuenta y ocho familias y trescientas cuatro personas, habiéndose construido más de quince casas de material, con techo de teja, sobre palmas del Paraguay, y alrededor de cincuenta de adobe con techo de paja.
Los límites de San Fernando se establecieron por decreto el 24 de febrero de 1865 y fue declarado Ciudad, por ley, el 3 de julio de 1909.
(1) “Leyes de Indias”: La ciudad indiana se componía de cuatro zonas: el centro cívico, conformado por la plaza mayor y los edificios públicos pertenecientes a la autoridad política y espiritual que la rodean; la zona urbana con manzanas cuadradas o rectangulares, según los casos, divididas primariamente en cuatro parcelas cada una, asiento de las familias; las zonas de quintas y de chacras para el sustento de las anteriores Las cuatro zonas mencionadas constituían el Ejido urbano, límite común del gobierno local.
Foto de tapa: generada con IA a partir de una imagen de San Fernando del 1900 y los relatos de la época
Source URL: https://www.sanfernandonuestro.com.ar/wp/san-fernando-de-buena-vista-cuando-fue-el-surgimiento-de-la-villa/
Copyright ©2026 San Fernando Nuestro unless otherwise noted.