¿Será justicia? se acerca el final del juicio del caso Braian Fillip

by Sabrina Garcia | 24 septiembre, 2021 3:16 pm

Por Sabrina García


El juicio oral y público sobre la causa sobre el homicidio de Braian Fillip se acerca al final. La próxima audiencia será el  jueves 30 a las 9.30hs. Todo indica que allí se escucharán los alegatos. 

Son las 9.30 hora pactada para el inicio de la séptima jornada de debate del juicio. Defensores, fiscal, secretarios, querellante y familiares merodean la sala.

“Hoy va a ser un día muy importante, presta mucha atención”, me aconseja Alejandro Sánchez Kalbermatten, uno de los defensores de Nelson Belisario, el principal sospechoso del crimen.

Braian Fillip[1]La mamá de Braian, Loredana, acomoda minuciosamente una remera sobre el respaldo de una silla. La remera tiene la foto de la víctima con la inscripción “Justicia por Braian”. La silla está ubicada en la primera hilera, detrás se sienta el público.

Los minutos pasan…10, 10.30, 11.02 se hace presente el presidente del tribunal, Esteban Andrejin. Luego lo hará el juez Ariel Introzzi Truglia y finalmente a las 11.32 ingresa la tercera jueza que integra el tribunal, Julieta Makintach. Hacen pasar a los imputados y comienza la audiencia.

La demora para iniciar el debate es una constante de cada jornada. Ayer, finalizando el encuentro, uno de los defensores de Belisario Bolívar Roswil Nelson lo hizo notar: “Solicito al magistrado cumplir con el horario porque el tiempo muerto….”, interrumpe su propia intervención, mira al juez Ariel Introzzi Truglia y le dice que lamenta que eso le cause gracia. El magistrado se ocupa de dejarle claro que su mueca y gesto de risa se debió a un chiste interno y que nada tenía que ver con ella.

El defensor de Lemez, Emilio Salgueiro Almeida, vuelve a mencionar la necesidad de coordinar los alegatos. Le pregunta al defensor de Belisario si tiene más testigos, si va a alegar, éste responde sobre los convocados y a la hora de definir su alegato, con cierta evasiva dice: “Me tomo estos días para estudiar…”. La respuesta se va apagando mientras busca algo entre sus papeles.

“Hay una condición de distancia entre los reclusos, ajena a la pandemia, que desconozco a qué se debe”, comenta el presidente del tribunal y trata nuevamente de indagar sobre el pedido expreso del defensor de Lemez de que no compartan celda ambos imputados. El pedido fue solicitado en la primera jornada de debate. En ese momento, tras varios intentos de que brinde los motivos, Almeida apenas dejó entrever cierto malestar de su defendido contra el otro imputado.

Evidencia digital, cadena de custodia y metadata

El primer testigo en ingresar a la sala es un perito informático puesto por la defensa. Es el hombre que Kalbermatten me señaló que preste especial atención.

El ingeniero dice que lo convocaron para ser perito en la causa pero que finalmente nunca lo llamaron. Mientras da testimonio sobre lo que vio en la causa y para lo cual la defensa lo citó, el presidente del Magistrado revisa el expediente. “Usted nunca aceptó el caso”, le dice y continúa buscando. El testigo responderá que no le llegó la citación: “Me hubiera gustado participar”.

Pese a la confusión si estaba o no convocado para ser perito en la causa, el testigo comienza a hablar de que la “evidencia digital es efímera”, de “metadata”, de “resguardo de la evidencia”, sobre el sistema UFED (Universal Forensic Extraction Device) que utilizan para estos casos y la diferencia que hay entre un acta, un informe pericial y un dictamen.

Belisario toma notas. Él y su madre, sentada entre el público, escriben todo el tiempo. Hojas y hojas con largas anotaciones. El imputado además revisa la copia del expediente que está sobre el escritorio de su abogado defensor. Le señala partes, le habla al oído, y le marca con su lapicera cosas que el abogado luego preguntará.

“El primer enemigo es no tener cuidado con la evidencia, el segundo es la conjetura”, dice el testigo mientras explica que es docente universitario, quiénes están en condiciones de ser peritos y agrega: “Si fuera por plata en este momento estaría escribiendo un libro o dando una charla”.

Consultado por el tribunal, el ingeniero dice que tuvo acceso a las copias del expediente “la semana pasada” cuando lo convocaron para ser testigo.

“Acá no está la información completa”, dice el ingeniero informático mientras alza el expediente con su mano derecha. “Hay una parte que me sorprendió porque decía que no tenía la tarjeta SIM que es como tener un auto sin la llave”, acota y prosigue en su elocución dando tantos ejemplos de otras causas que su presentación se vuelve confusa y es el propio magistrado quien le solicita “no se vaya de tema”.

Le preguntan si el sistema empleado para realizar la pericia es el correcto. Responde que sí. Le consultan sobre las herramientas, da un par de vueltas y finalmente dice: “Sí, son las apropiadas”. Le consultan sobre las irregularidades en la pericia y desarrolla su teoría sobre las “buenas prácticas”, vuelve sobre “la cadena de custodia”, la triangulación de las compañías telefónicas, la “ruta de un archivo” y define cuando el teléfono se puede determinar si pertenece o no a una persona: “Que esté a su nombre, los lugares que frecuenta, si tiene fotos/videos de la persona y si lo tiene al momento de la detención”.

Sobre esto último el fiscal repregunta:

-Entonces, si el teléfono está a su nombre, lo tiene encima al momento de la detención y contiene información que le pertenece. El teléfono es suyo?

-Eh, no, todo se puede alterar

“Lo había matado por encargue”

El segundo testigo en ingresar a la sala es un policía. Es uno de los que se hicieron presentes el 31 de enero del 2019 en Ambrosoni y Lavalle donde fusilaron a Braian Fillip.

“Me llamó la atención que el vehículo estaba encendido, abierto. La víctima estaba tendida en la calle. No era robo porque había pertenencias de la víctima”, y agrega: “Tenía una o dos piernas flexionadas”, detalle que le permitió al policía suponer que a Braian lo había hecho descender del auto para luego ejecutarlo.

El llanto de Loredana escala, ya no lo puede contener. Un familiar la va a buscar y la saca de la sala. Mientras sale con el puño cerrado hace un movimiento brusco, como si estuviera golpeando una mesa. Afuera lanza un grito, es un sonido de dolor, de descarga. Adentro el policía continúa explicando su intervención, las tareas investigativas que realizó en el caso: datos del auto, filmaciones de las cámaras de seguridad, el 147.

“Me encomendaron traer a Sofia (madre de la hija de Braian y la última persona  en verlo con vida). La llamé para preguntarle si estaba en su casa y me dijo que estaba en McDonald’s. Me llamó la atención que estaba tranquila”, relata y agrega que en la comisaría ella “hizo mención a un sujeto, amigo de su padre, de nacionalidad venezolana, que el padre le había dado un galpón para trabajar”.

En la búsqueda del galpón señalado, el policía describe un almacén pegado a un taller. Allí, una mujer declaró que al lado trabajaba un venezolano que “tenía mal genio”, le mostró la foto del 147 y lo pudo reconocer y agregó que no era el auto que usaba normalmente, que “siempre andaba en un Palio o Siena”.

Ambos autos son los que registraron las imágenes de la vía pública y de casas particulares del perímetro que engloba la zona de Carlos Casares y Mansilla (donde vivía Sofia), la estación Victoria (donde Braian frenó para que Sofia descienda para tomar el tren), Ambrosoni y Lavalle (lugar donde se ejecuta el homicidio) y el túnel de Avellaneda (por donde pasaron el 147 y el Siena para luego perderse). Este último punto está a dos cuadras del taller mencionado.

Al otro día de los allanamientos en el taller y en el departamento de Belisario, el oficial de la policía recibió un llamado de la Comisaría 1era de San Fernando, donde prestaba servicio, le informan sobre la presencia de Lemez, un conocido del prófugo. Hasta allí se dirigió para tomarle testimonio: “Me dijo que conocía Belisario, que le había pedido que lo llevara a la frontera con Brasil porque iba a buscar un hermano pero que en una estación de servicio en Gualeguaychú (Entre Ríos) vieron imágenes en la TV sobre el hecho. Dijo que le consultó y le había respondido que ‘había matado por por encargue, por dinero, al yerno del doctor'”.

“Vino de Venezuela por cuestiones económicas”

El tercer testigo vive en la manzana de la casa de Sofía Zunino. Relata que unos 15 días previos al homicidio estaba en la puerta de su casa con el capot del auto abierto. Un hombre paró la marcha, bajó, le consultó que le pasaba, le explicó que era mecánico, que trabajaba cerca, que se llamaba Nelson y le dio su teléfono.

El presidente del tribunal le consulta si puede reconocer a ese hombre en la sala y señala con su mano hacia donde se encontraba el imputado. Nelson lo mira, baja su barbijo y sonríe. El testigo asegura que se trata de la misma persona salvo que “en ese momento tenía chivita”.

“Por el acento le pregunté de donde era, me dijo que era venezolano, que era militar y que vino de Venezuela por cuestiones económicas. Me pasó su número”, dice y agrega que Nelson le “sacaba charla” pero que él estaba preocupado por su vehículo.

“Me dijo que Zunino era su suegro, que él había salido con su hija. No me quedó claro si salía en ese momento o ya había terminado la relación”, agregó el testigo y aportó el dato que conocía a la familia porque “viven a la vuelta” y porque su “hermana le compraba zapatos”, refiriéndose a la zapatería Gaby, negocio familiar ubicado frente a las vías del tren y de la casa de Zunino.

“El día del homicidio yo escuché dos detonaciones pero no le di importancia. Vivimos cerca de la cancha de Tigre y pensé que era por eso. A la noche vimos con mi pareja la noticia por la TV, reconocí a Nelson por la foto de su WhatsApp. Le di su número a la policía”, agregó el testigo.

Manchar el apellido

Un testigo, de identidad reservada, explicó el funcionamiento de la casa familiar de Zunino. “Los padres se van todo el mes de enero a la costa y nosotros hacíamos fiestas”, explica y agrega que tras conocerse las imágenes del homicidio pidió explicaciones a Sebastián Zunino y que éste “estaba nervioso”, que le dijo “mi papá nunca me escucha” y que “cuando lo llamó al tío (juez, hermano de su padre) lo puteó por haber manchado el apellido”.

“Sebastián suspendió un viaje a Europa que venía programando hacía mucho. Incluso se ocupó de buscar a su madre biológica por el tema de la nacionalidad”, aportó.

Enrique Zunino tuvo dos matrimonios, en el segundo adoptaron a los mellizos: Sofía y Sebastián. Según relató el testigo el hombre “está obsesionado con la hija. No es obsesión de padre/hija. Él la controlaba, la hostigó para que dijera a Braian no era el padre de su hija. Odiaba a Braian y ahora al novio nuevo”.

Recordó que a los días de haber ocurrido el homicidio, Sebastián le contó que “discutió con su padre. Estaba nervioso. La madre estaba desorientada y el padre entró a la habitación para ofrecer pizza como si nada”. “Me dijo que él sabía que lo iban a matar a Braian pero no sabía cuándo”, refiriéndose a una charla con Sebastián.

Consultada, la testigo dijo haber hablado con Enrique Zunino: “Le pregunté si el venezolano acosaba a Sofía por qué no había hecho nada y me dijo que era buena persona, trabajador, que lo ayudaba y arreglaba cosas en la casa de su ex mujer”.

“Sofía tiene una pareja nueva: Ignacio. No lo quieren porque dicen que es igual que Braian”, señala y agrega que en una oportunidad Sofía y Sebastián se pelearon porque ella participó de una marcha pidiendo justicia por Braian: “Sebastián le decía que fue a apoyar una marcha contra su padre”.

Además el testigo comentó que en la familia siempre se discutía por dinero: “El tema de la plata era todo en esa casa. El padre los mantiene a los dos, si le compraba algo a uno se enojaba el otro”, y agregó que para Sebastián “su padre es su todo: por cumplir con Enrique hace lo mismo que él” y que Sofía “le tiene miedo al padre”.

“Hacía semanas que merodeaba mi casa”

Finalmente, el último en testificar fue Sebastián Zunino. Sobre Belisario dijo que “era amigo de mi papá. No tengo sentimientos hacia él, directamente no lo registro”, y agregó: “Mi papá es muy confianzudo. Si alguien lo ayudaba él se lo retribuía. Belisario lo cegó, lo usaba. No me gustó lo que le hizo a mi papá”.

En cuanto a Braian, Sebastián Zunino dijo: “No tenía relación. Era mi ex cuñado”.

Sentado mirando al tribunal, con un tapado largo marrón y zapatillas al tono, Sebastián relató como se dieron los sucesos el día previo al homicidio: “El miércoles a la noche mi hermana vino con Braian. Me dijo que se quedaba con él porque la nena se lo había pedido”.

La noche anterior al homicidio, Sofía, Braian y la hija de ambos fueron a cenar y luego durmieron en la casa de Loredana. Al otro día la víctima se mudaba a un departamento que acababa de alquilar. De hecho la cena fue un “festejo” por la casa nueva, según relató la madre de la víctima.

“El día del homicidio salí de mi casa a las 6.20hs para ir al trabajo. Cuando abrí el garage vi a Belisario en la esquina de mi casa, estaba en un Fiat Siena color gris en Carlos Casares y Mansilla”, dijo y agregó: “Hacía semanas que merodeaba mi casa, me quede tranquilo que mi hermana estuviera acompañada porque si quería entrar a robar o quemar la casa ella no estaba. Yo no tenía afinidad con él, acosaba a mi hermana”.

Cerca de las 10.30/11hs dice que recibió el llamado de su madre que le avisó sobre el hecho. “Estaba en Palermo, en el trabajo. Lo primero que hice fue llamar a mi hermana. No le entendía, me pasó con un policía que me explicó que la llevaba hacia la Comisaria de Victoria”, relata que se dirigió hacia allí y que “cuando estoy por entrar a la comisaría me llamó Belisario, me dijo que iban a decir cosas de él, que no las crea”.

Según el testigo, no tenía vínculo con Belisario, más allá de la vez que le llevó el auto de su hermana y los repuestos para que lo arregle. Tampoco lo tenía agendado y cuando le comentó al fiscal lo agendó, le envió un mensaje que decía: “Nelson, mi hermana está muy mal” y le pedía que se comunique. El mensaje fue enviado a las 20.58 y recibido a las 21.15 hs del 31 de enero. La noche del homicidio. En el celular de Sebastián, que exhibe ante el tribunal, no figura respuesta del receptor.

Ese mismo día fue él quien se acercó hasta el galpón ubicado en Quintana al 1700 para abrir para que ingrese el fiscal y los policías. Fue con las llaves de su padre pero el “portón grande estaba cerrado desde adentro con un candado que no tenía llave”. Sobre este dato aporta que le “pareció raro” porque su padre lo cierra siempre desde afuera.

En el taller hallaron el 147 que era buscado y “las fundas de dos armas calibre .38 y un solo arma”. Dijo desconocer que estaban allí pero que, si bien no están a nombre de su padre porque “son heredadas”, les pertenecían a él. Recuerda que había “latas de cerveza, valijas con ropa, pintura del color del auto, una computadora y una bolsa con zapatillas de todos los colores que no pertenecían a mi papá”.

“Al terminar el día hablé con mi papá, le conté lo que habían encontrado el auto y unas armas en el galpón. Esperó un día, porque era el cambio de quincena, y volvió de la costa. Fue directo a la fiscalía”.

Consultado si en su casa había armas dijo que sí. Sobre la cantidad comenzó a sumar en el aire para finalmente decir “10”.

Endnotes:
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