by Sabrina Garcia | 26 junio, 2015 10:23 am
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Por Diego Pando*
El liderazgo de Cristina cerró la interna y Daniel Scioli se convirtió en el principal candidato para llegar a la Casa Rosada por tres razones que a continuación brevemente explicaremos.
Primero, porque Cristina finaliza su mandato con altos niveles de aprobación (en torno al 45%, según señalan la mayoría de los encuestadores) y la candidatura de Scioli expresa mejor que ninguna la “continuidad con cambios” que la mayoría de la población reclama. Además y más allá de su contenido con sabor a poco, no debería subestimarse el efecto positivo que el discurso de “diálogo y consenso” de Scioli tiene sobre una parte relevante del electorado, en un contexto en el que una buena parte de la sociedad (incluyendo a votantes del propio oficialismo) muestra cansancio con la intensidad de confrontación política (más allá de que parte de esta tensión haya sido justa y pertinente dado que gobernar implica afectar intereses).
Segundo, porque luego de las PASO las preferencias ya se polarizan e ingresan con fuerza en la agenda de debate los temas de “gobernabilidad”. Y Scioli saca varios cuerpos de ventaja en relación a Macri (su principal competidor) a partir de: 1- sus dos períodos de gobierno en la provincia más compleja del país; 2- su condición de peronista “amigo” de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y organizaciones sociales de base; y 3- su declaración de “continuidad relativa” a lo que se está haciendo. Todo esto le permite al candidato del Frente para la Victoria mostrar un mensaje más creíble de “gobernabilidad” y previsible en términos del contenido de sus políticas.
Tercero, porque el Frente para la Victoria (con el Partido Justicialista como columna vertebral) tiene una estructura desarrollada en todo el país, especialmente en la estratégica provincia de Buenos Aires y en un conjunto de provincias más chicas en las que el Frente triunfa cómodamente y que sumadas tienen un nada despreciable peso electoral. No debería extrañar incluso que los aparatos de las fuerzas de gobierno provinciales (MPN en Neuquén, Weretilneck en Río Negro, los socialistas en Santa Fe e incluso los radicales en Corrientes) terminen “jugando” para Scioli ante el temor por lo desconocido que pueden ver en Macri.
En síntesis: si bien todo juego electoral es de final abierto, la cancha está inclinada. Si el gobierno nacional no comete mayores errores, Daniel Scioli será el próximo presidente de Argentina. En este escenario, se debería además prever el desarrollo de una crisis y desarticulación de las fuerzas opositoras (a esa altura inmersas en acusaciones cruzadas entre y dentro de los partidos de la flamante coalición macrista), dejando un amplio margen para la acción política gubernamental durante el primer año de gestión, lo que probablemente colocará una vez más la atención del proceso político en la “interna” oficialista más que en los conflictos oficialismo/oposición.
* Diego Pando. Doctor en Ciencia Política y de la Administración. Profesor e investigador universitario. Editor general de San Fernando Nuestro. En Twitter @diepando
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