{"id":24895,"date":"2016-07-25T00:01:20","date_gmt":"2016-07-25T03:01:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/?p=24895"},"modified":"2016-07-24T19:28:35","modified_gmt":"2016-07-24T22:28:35","slug":"hernia-de-ausencias-por-jeremias-wolf","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/hernia-de-ausencias-por-jeremias-wolf\/","title":{"rendered":"Hernia de ausencias, por Jerem\u00edas Wolf"},"content":{"rendered":"<p>A veces el debate nos queda planteado. No lo compartimos con nadie m\u00e1s que con la almohada \u2013 muda albacea de nuestras m\u00e1s profundas contradicciones. Francisco no era diferente a nadie. Era un jubilado m\u00e1s. Sobreviviente de las \u00e9pocas en que el mayor orgullo era haber comenzado a trabajar en la juventud en alguna empresa \u201cgrande\u201d y terminar la carrera all\u00ed mismo, tal vez con alg\u00fan cargo prominente, de los que se consegu\u00edan por saber qu\u00e9 hacer m\u00e1s que por haber estudiado c\u00f3mo hacer.<\/p>\n<p>Hab\u00eda entregado a la petrolera toda la vida, pero no ten\u00eda quejas de eso. Le hab\u00eda servido para dar a su familia el bienestar de una clase media c\u00f3moda que en la \u00e9poca contempor\u00e1nea estaba cada d\u00eda menos c\u00f3moda. Estudios, vacaciones, una casa en Floresta, y la casita de fin de semana en la isla.<\/p>\n<p>El tiempo se hab\u00eda encargado del resto. La casa en la esquina de Aranguren y Goya ten\u00eda las habitaciones suficientes para evitar las peleas de los ni\u00f1os, y en cada rinc\u00f3n aprendi\u00f3 un nuevo oficio; electricidad, plomer\u00eda, gas, y lo peor de todo: la alba\u00f1iler\u00eda. Odiaba la cal, el cemento y la arena, pero se debi\u00f3 hacer amigo para dar forma a un hogar que se fue estirando como chicle y que con el correr de los a\u00f1os tuvo tantas mutaciones que ya le costaba recordar c\u00f3mo era cuando, con Mercedes llegaron, por primera vez, cargados de ilusiones y valijas. Los hijos hab\u00edan crecido con sus destinos forjados en casa pero trazados de las puertas hacia afuera. Y \u00e9l hab\u00eda ido envejeciendo, primero creciendo y luego achicando la mesa de los domingos.<\/p>\n<p>Mercedes lo acompa\u00f1aba. Era y ser\u00eda siempre la mujer de su vida. Cuando no estaba acomodando el desorden y armando men\u00fas inmensos estaba sentada al piano de pared, que hab\u00edan tra\u00eddo de Comodoro Rivadavia, cantando alguna melod\u00eda de su Alemania natal. Era un remanso o\u00edr sus acordes y la suavidad de su voz. Lo calmaba.<\/p>\n<p>Luego de armar aquel rompecabezas de la existencia, el destino se comenzaba a ocupar del final. Desarmando, desacomodando, desolando ambientes y esp\u00edritus. El c\u00e1ncer hab\u00eda tomado cartas en el asunto decidiendo que \u00e9l deb\u00eda llegar solo al final de los d\u00edas. Ella primero, fue la sentencia. Y entonces se acomod\u00f3 a su soledad en aquella casona. Sus hijos no estaban muy de acuerdo con aquella decisi\u00f3n. Cre\u00edan que deb\u00eda vender la casa y mudarse a alg\u00fan departamento peque\u00f1o, cerca de alguno de ellos \u2013 para vigilarlo un poco \u2013 pero \u00e9l se opuso y era bien sabido que solo Mercedes consegu\u00eda torcer el rumbo de su voluntad.<\/p>\n<p>Los d\u00edas suelen pasar lento cuanto se est\u00e1 solo y viejo. Francisco se acomod\u00f3 a los nuevos ritmos lentamente. Aprendi\u00f3 a cocinar lo que le gustaba y a lavar la ropa que prefer\u00eda. El resto lo puso entre los recuerdos. El diario pasaba rutinariamente por debajo de la puerta todas las ma\u00f1anas y \u00e9l desfilaba por los titulares hasta llegar a la \u00faltima p\u00e1gina para hacer los crucigramas. Con los meses se dio cuenta que muchas veces eran repetidos, y que finalmente podr\u00eda terminar escribi\u00e9ndolos de corrido, por lo que prefiri\u00f3 enfocarse en las caricaturas, que no por ser todas parecidas dejaban de dibujarle sonrisas.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana de domingo tocaron a la puerta de la casona. Voces mezcladas llegaban de la vereda y pens\u00f3 que podr\u00edan ser de alguno de esos cultos que recorren los barrios puerta a puerta predicando palabras atribuidas a Dios pero impregnadas de la propia convicci\u00f3n. Dud\u00f3 en abrir. El \u00faltimo titubeo que le quedaba se lo disip\u00f3 la griter\u00eda de ni\u00f1os cuyas voces le resultaban familiares.<\/p>\n<p>Era su hija, Elena, con su marido y los dos peque\u00f1os, Viviana y Roberto, sus nietos. Se sinti\u00f3 alegre de verlos, pero desconfiado. \u201cNita\u201d \u2013 as\u00ed le dec\u00edan desde peque\u00f1a \u2013 no acostumbraba visitarlo con frecuencia, y solo lo hac\u00eda cuando necesitaba de \u00e9l o de algo de \u00e9l. Era la hija del medio, y confirmando lo que rezaban montones de estudios cient\u00edficos, cargaba con toda la conflictividad que uno pod\u00eda investigar en esa materia.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda casado demasiado joven, casi como un acto de rebeld\u00eda, y muy lejos de completar siquiera la media que cualquier padre hubiera querido pretender como yerno, hab\u00eda contra\u00eddo enlace con un joven oficial de la Polic\u00eda Federal, que seguramente se hab\u00eda refugiado en la instituci\u00f3n esperando evadir la ca\u00edda en la delincuencia, pero sin poder alejarse demasiado de ella.<\/p>\n<p>La tarde se hizo larga entre mates, bizcochos y el alboroto de aquellos dos nietos que parec\u00edan dispuestos a demoler la casa. Los pisos de pinotea cruj\u00edan ante sus carreras como haci\u00e9ndole saber que no estaban de acuerdo con aquella despiadada presencia.<\/p>\n<p>\u201cNita\u201d no dej\u00f3 de hablar un minuto. Intent\u00f3 poner orden y limpieza en la casa mientras Francisco se quejaba murmurando entre dientes. No supon\u00eda \u00e9l que m\u00e1s que orden la mujer estaba realizando una peque\u00f1a gira por la casa de su ni\u00f1ez inventariando en su cabeza los espacios. Ernesto, su marido, se hab\u00eda sentado en el comedor cambiando el tibio mate por el vaso de vino. El alcohol hab\u00eda sido el responsable de sus valent\u00edas y audacias en \u201cacto de servicio\u201d y de sus cobard\u00edas y violencias en \u201cacto de familia\u201d, pero Francisco, m\u00e1s all\u00e1 de saberlo y expresarlo, nada m\u00e1s hab\u00eda podido hacer. Bien dicen que el amor tiene senderos misteriosos. Su hija lo amaba, as\u00ed como era: grosero y bruto. Parec\u00eda encarnar a la perfecci\u00f3n el modelo de instituci\u00f3n en que le hab\u00eda tocado crecer y eso, m\u00e1s alg\u00fan toque de fortuna hab\u00edan hecho que se ganara un par de dudosos ascensos.<\/p>\n<p>Finalmente la mujer se sent\u00f3 junto a los hombres que silenciosos compart\u00edan en la pantalla de la TV un partido de f\u00fatbol.<\/p>\n<p>&#8211; Pap\u00e1, tengo que hablar con vos. Dijo la mujer<\/p>\n<p>Finalmente all\u00ed est\u00e1 asomando la causa. Pens\u00f3 Francisco sin atreverse a dejar escapar las palabras. Decime \u2013 murmur\u00f3 en voz muy baja.<\/p>\n<p>&#8211; Estamos teniendo algunos problemas econ\u00f3micos en casa \u2013 comenz\u00f3 a explicar Nita.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNecesit\u00e1s dinero? Pregunt\u00f3 Francisco.<\/p>\n<p>&#8211; No pap\u00e1, gracias, es peor que eso. Se nos termin\u00f3 el contrato de alquiler y no tenemos posibilidades ni de renovar ni de buscar otra cosa. Nos vamos a quedar sin techo. Explic\u00f3.<\/p>\n<p>&#8211; Y \u00bfen qu\u00e9 te puedo ayudar? Se anim\u00f3 Francisco a preguntar con cierto temor, intuyendo.<\/p>\n<p>&#8211; Tendr\u00edamos que venir a vivir con vos. Nada definitivo, por el tiempo que haga falta para que Ernesto reciba alg\u00fan ascenso m\u00e1s y nos cierren los gastos. Vos sab\u00e9s que los chicos crecen y demandan y no quisi\u00e9ramos que vivan padecimientos. Agreg\u00f3.<\/p>\n<p>El viejo mir\u00f3 de reojo a los peque\u00f1os cuyo vandalismo parec\u00eda ser un anticipo. Recibi\u00f3 el golpe bajo que su hija estaba d\u00e1ndole, al ponerlos como eje del padecimiento, con la malicia de sumergirlo en el mar de la culpa y dej\u00f3 escapar un soplido.<\/p>\n<p>Reci\u00e9n hab\u00eda terminado de hacer las paces con el destino por arrebatarle a Mercedes y ahora esto. Las paredes a su alrededor comenzaron a susurrarle ideas al o\u00eddo. Como \u00e1ngeles opuestos lo tironeaban entre el bien y el mal, augurando infiernos y para\u00edsos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY c\u00f3mo supones que podr\u00edamos acomodarnos ac\u00e1? Pregunt\u00f3 solo por llenar el silencio.<\/p>\n<p>&#8211; Reci\u00e9n estuve mirando y creo que si vos te mud\u00e1s temporalmente a la habitaci\u00f3n de arriba, nosotros en la parte de abajo podr\u00edamos arreglarnos. Respondi\u00f3 con frescura angelical Nita.<\/p>\n<p>La \u201chabitaci\u00f3n de arriba\u201d no era otra cosa que el cuarto de los cacharros. Ese espacio que d\u00eda tras d\u00eda se volv\u00eda m\u00e1s inaccesible producto de la acumulaci\u00f3n de objetos in\u00fatiles. \u00bfSu casa reducida a un mundo de 3 x 3? \u00bfLa obra de \u00e9l y Mercedes convertida en un espacio m\u00ednimo en el que solo entraban una peque\u00f1a cama y el desvencijado placard?<\/p>\n<p>Sacudi\u00f3 la cabeza para ahuyentar las voces imaginarias que parec\u00edan no agotarse en argumentos. Y se frot\u00f3 los dedos por los ojos intentando crear claridad donde parec\u00eda ya haberse perdido.<\/p>\n<p>Su yerno aument\u00f3 el volumen de la TV en el momento que uno de los equipos convert\u00eda un gol. Los ni\u00f1os dieron vuelta la mirada a la pantalla por un momento y siguieron con su caos. El sonido de la pantalla no alcanzaba a tapar el universo de palabras que se golpeaban en las paredes de la cabeza de Francisco. Intent\u00f3 una escapatoria:<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY si te doy el dinero para que alquiles algo? Pregunt\u00f3 sin mucha ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Lo hemos pensado, pero no creemos que esto se solucione en corto plazo y necesitamos tener algo de tranquilidad. Vos sab\u00e9s que Ernesto sufre mucho el stress. Respondi\u00f3 la mujer con palabras ensayadas como de un libreto.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY cu\u00e1ndo se mudar\u00edan? Inquiri\u00f3 Francisco resignado a esta nueva vuelta del destino.<\/p>\n<p>&#8211; Habr\u00eda que ordenar un poco, pero si nos ponemos a trabajar creo que en un par de semanas ya podr\u00edamos estar ac\u00e1.<\/p>\n<p>&#8211; Bien. Respondi\u00f3 \u00e9l, compacto y monosil\u00e1bico.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo te pone contento? Vas a estar acompa\u00f1ado por m\u00ed y por tus nietos; y adem\u00e1s estar\u00e1s siempre cuidado como lo hac\u00eda mam\u00e1.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, s\u00ed, claro. Respondi\u00f3 Francisco muy lejos de estar compartiendo esta conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>El hombre estaba seguro que aquello ser\u00eda permanente. Conoc\u00eda demasiado a su hija y su capacidad de envolverlo y embarullarlo solo para resolver sus conveniencias. As\u00ed hab\u00eda sido desde peque\u00f1a. Busc\u00f3 consuelo pensando que tal vez \u00e9l podr\u00eda enderezar un poco la crianza de aquellos dos peque\u00f1os demonios.<\/p>\n<p>Muchas veces se hab\u00eda imaginado a Dios, de diversas formas, en distintas situaciones. Pero cada vez que se trataba del tiempo ven\u00eda a su mente la imagen del hacedor, con su larga barba, su voz profunda y sus t\u00fanicas blancas, sentado en un confortable sill\u00f3n frente a una gran pantalla en la cual desfilaba la vida de las personas y de todas las cosas del universo. En su anciana mano un control remoto lleno de colores y s\u00edmbolos le permit\u00eda pasar de mundo a mundo, de existencia a existencia, de hombre a hombre. Dos teclas, una roja y otra verde, de tama\u00f1o superior al resto, se destacan. Con la verde el tiempo pasa lenta y sabrosamente permitiendo al ser de turno en imagen avanzar en su vida teniendo certeza y constancia de cada minuto. Con el rojo en cambio todo se convierte en una exhalaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Francisco mir\u00f3 una ma\u00f1ana el crucifijo que pend\u00eda sobre la cabecera de su cama y sinti\u00f3 como si aquel dios omnipresente hubiera levantado el dedo del bot\u00f3n rojo y lo hubiera pasado al verde. Una frenada violenta de los hechos y all\u00ed estaba \u00e9l, intentando levantarse de aquella cama que no era la suya en una habitaci\u00f3n que no era la suya, rodeado de un mundo de mu\u00f1ecas, todo diminuto a su alrededor, como para aprovechar m\u00e1s cada rinc\u00f3n de la peque\u00f1a estancia. Le pareci\u00f3 que fue un instante, sin embargo ya hab\u00edan transcurrido 4 meses de aquella charla que lo arrojara a su propio inframundo. Era otro domingo&#8230;<\/p>\n<p>&#8211; Pap\u00e1! Te vas a levantar de una vez? Escuch\u00f3 el grito de su hija desde la planta baja. Hab\u00eda tomado el h\u00e1bito de pararse al pie de la escalera y llamarlo con esos \u2013 para \u00e9l \u2013 aullidos hist\u00e9ricos. Prefer\u00eda no contestarle y se limitaba a encender el velador y dejar que el reflejo rebotando en la escalera fuera suficiente respuesta. Ten\u00eda pocas ganas de hablar.<\/p>\n<p>Cerr\u00f3 los ojos para hacer un poco de fiaca. La perspectiva de compartir la mesa con sus maleducados nietos sin poder corregir nada para no ser tomado a mal por su yerno le hab\u00eda anulado hasta las ganas de exprimirse sus cl\u00e1sicos pomelos matutinos.<\/p>\n<p>Cuando los volvi\u00f3 a abrir vio por la ventana entrar la luz de la media ma\u00f1ana. El silencio de la casa era total. Su familia hab\u00eda salido, como habitualmente, al supermercado. Aprovechaban las escasas ofertas de la \u00e9poca y de paso los ni\u00f1os se cansaban corriendo entre las g\u00f3ndolas. Su bolso estaba sobre la silla. Dentro una muda de ropa y su toall\u00f3n preferido. No necesitaba mucho m\u00e1s y lo decidi\u00f3. Se levant\u00f3 de la cama, se duch\u00f3, y en escasos 20 minutos estaba en la calle.<\/p>\n<p>Hab\u00eda decidido vender el auto cuando Mercedes falleci\u00f3 y a pesar de la incomodidad del transporte p\u00fablico estaba satisfecho pensando que si no lo hubiera hecho as\u00ed hoy tampoco lo podr\u00eda usar. Hubiera ca\u00eddo en las manos insaciables de su hija. La lancha se salvaba de su voracidad por su temor al agua. Nunca hab\u00eda conseguido transmitirle su pasi\u00f3n por el r\u00edo.<\/p>\n<p>Mercedes en cambio era una amazona que cuando llegaba a la guarder\u00eda n\u00e1utica se transformaba. Todo en ella tomaba un color distinto, era como si aquel color de las aguas que los leones hab\u00edan copiado la convirtiera en un felino. Su cuerpo se volv\u00eda el\u00e1stico, el cansancio desaparec\u00eda, y todo en ella se volv\u00eda sensualidad y pasi\u00f3n. Francisco estaba convencido que aquella casa en el Delta hab\u00eda sido una de las mejores adquisiciones familiares, o cuanto menos de su pareja.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os hab\u00edan disfrutado mucho el lugar, pero la \u201cpasi\u00f3n isle\u00f1a\u201d no se hab\u00eda instalado en ellos. Con el correr de los a\u00f1os se hab\u00eda vuelto un refugio para la pareja donde desconectarse de la vida cotidiana. Ahora, sin Mercedes, no era lo mismo, lo que otrora fuera una fuga a la intimidad se hab\u00eda tornado su espacio de paz y reencuentro con su propia historia. Por eso no hab\u00eda dejado ni un solo fin de semana de ir.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, contra la voluntad de sus hijos, las cenizas de su mujer estaban enterradas junto al jazm\u00edn. Ella amaba el perfume de esas flores, y hoy \u00e9l reviv\u00eda el aroma de la piel de su mujer cuando el aroma de la planta impregnaba el aire.<\/p>\n<p>Un par de horas m\u00e1s tarde estaba amarrando la peque\u00f1a lancha al muelle y descargando las pocas provisiones que necesitaba.<\/p>\n<p>La generosidad de la naturaleza en la isla tiene muchas manifestaciones, pero la que suele dar la bienvenida a los residentes temporales es, sin dudas, el pasto.<\/p>\n<p>Mercedes sol\u00eda ser quien lo cortaba, mientras cantaba algunas de sus canciones preferidas. \u00c9l hacia reparaciones inevitables y encend\u00eda el fuego de la parrilla \u2013 instalada como ritual de tiempo completo \u2013. La ausencia de su mujer lo hab\u00eda empujado a las tareas de jardinero. No le gustaba, pero la memoria de aquellos momentos compartidos era un incentivo suficiente para poner manos a la obra.<\/p>\n<p>Se dejaba envolver por el verde, por el aire, por la paz, y por un silencio c\u00f3mplice que entre las paredes de la casona de Floresta hab\u00eda desaparecido por completo.<\/p>\n<p>Elena regres\u00f3 del supermercado y comenz\u00f3 a preparar el almuerzo. Los ni\u00f1os segu\u00edan su rutina apocal\u00edptica en el peque\u00f1o patio y Ernesto hojeaba el peri\u00f3dico con su primera copa de vino del d\u00eda.<\/p>\n<p>Pronto el olor de la salsa comenz\u00f3 a invadir los rincones de la casa. Ernesto hab\u00eda encendido la TV mientras cruzaba la l\u00ednea de la mitad de la botella. Los gritos de los ni\u00f1os apenas se hab\u00edan moderado impulsados, tal vez, por el hambre.<\/p>\n<p>&#8211; Ernesto, \u00bfPod\u00e9s poner la mesa? Sugiri\u00f3 sin rozar siquiera el imperativo por temor al estallido de su marido.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 no le dec\u00eds a esos pendejos de mierda? Respondi\u00f3 \u00e9l con la voz seca y la mente humedecida por el alcohol.<\/p>\n<p>Pronto, ella misma tendi\u00f3 el mantel y coloc\u00f3 platos y dem\u00e1s enseres. Los ruidos atrajeron a los ni\u00f1os adentro y comenzaron a descargar su ansiedad en preguntas culinarias.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0Roberto, and\u00e1 arriba y llam\u00e1 a almorzar al abuelo, debe estar durmiendo todav\u00eda el viejo. Orden\u00f3 Nita.<\/p>\n<p>&#8211;\u00a0Ufaaaaaaaaaaaaaaaa&#8230;. Fue la respuesta del peque\u00f1o mientras tomaba carrera por la escalera.<\/p>\n<p>&#8211; Mamaaaaa\u00e1&#8230;.. ac\u00e1 no hay nadie!!! &#8211; agreg\u00f3 instantes despu\u00e9s.<\/p>\n<p>&#8211; No puede ser! Fijate en la terraza! Le grit\u00f3 desde abajo mientras una mirada rojiza que tropezaba con la ira le llegaba desde Ernesto.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfNo pod\u00e9s hablar sin gritos? \u00bfO necesit\u00e1s ayuda? Le lanz\u00f3 violento, mientras golpeaba los nudillos sobre la mesa.<\/p>\n<p>Francisco, lejos de all\u00ed, sacaba un trozo de carne del fuego y la colocaba en una rebanada de pan. Ignorante de tanto. Lejos de todo. Sospechaba muchas cosas de su hija y el marido, pero nunca hab\u00eda conseguido que ella rompiera el silencio y le permitiera alg\u00fan intento de soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mientras mord\u00eda el s\u00e1ndwich sentado en su reposera preferida escuch\u00f3 que dentro de la casa sonaba su tel\u00e9fono celular. Nita lo hab\u00eda obligado a cargar con el aparato desde el mismo d\u00eda en que muriera Mercedes y \u00e9l jam\u00e1s hab\u00eda conseguido entender c\u00f3mo funcionaba aquella cosa, por lo que responder llamadas no estaba en su manual de anciano. Adem\u00e1s, seguro su hija hab\u00eda notado su ausencia por lo que la llamada ser\u00eda un rosario de reproches. Mordi\u00f3 otro bocado&#8230; m\u00e1s tarde la llamar\u00eda.<\/p>\n<p>Pocas cosas son tan din\u00e1micas como las rutinas. Existe en todos la falsa idea que la repetici\u00f3n de eventos es algo est\u00e1tico en s\u00ed mismo. Que cuando un hecho se repite se convierte en predecible por estar encerrado en un ciclo continuo. Sin embargo, cuando miramos la vida proyectada en nosotros mismos vemos como las rutinas fueron cambiando constantemente, mutando seg\u00fan las \u00e9pocas y circunstancias creando una paradoja de la existencia.<\/p>\n<p>Lejos de estos an\u00e1lisis dial\u00e9cticos, Francisco y su familia entraron en un ciclo, juntos. Los acontecimientos se repet\u00edan semana a semana, mes a mes.<\/p>\n<p>Elena dej\u00f3 de pedirle al peque\u00f1o Roberto que suba a buscar a su abuelo. Solo le ped\u00eda que entrara en la habitaci\u00f3n a ver si estaba el deslucido bolso de mano con el que el \u201cviejo\u201d \u2013 as\u00ed se refer\u00eda a su padre \u2013 se movilizaba a la isla. Si no estaba en la casa estaba all\u00ed, en su amada isla. Por un d\u00eda, dos, o a veces m\u00e1s. Su padre siempre regresaba, silencioso y taciturno, pero con un humor entre feliz y nost\u00e1lgico y a ella eso le alcanzaba. Alg\u00fan d\u00eda \u2013 pensaba para s\u00ed misma \u2013 deb\u00eda dar de baja su orgullo herido y encontrar en el hombre que le hab\u00eda dado la vida el consuelo que necesitaba para llevar adelante su existencia.<\/p>\n<p>&#8211; Este bendito pasto no para de crecer. Exclam\u00f3 Francisco en voz alta. Nadie pod\u00eda escucharlo y eso le daba la licencia de soltar alguna puteada de vez en cuando.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 un mareo y tropez\u00f3. Las piernas se le flexionaron solas y el tir\u00f3n de la vieja hernia umbilical no se hizo esperar haciendo que se doble en dos y caiga al suelo. Su cara se estrell\u00f3 contra un mont\u00edculo de pasto reci\u00e9n cortado y sinti\u00f3 como el olor fresco y h\u00famedo del c\u00e9sped entraba en sus pulmones. Mercedes deb\u00eda estar all\u00ed seguramente \u2013 pens\u00f3 \u2013 y cerr\u00f3 los ojos.<\/p>\n<p>Aldo era su vecino m\u00e1s cercano. Sol\u00eda acercarse a la casa cuando ve\u00eda la lancha de Francisco amarrada. Compart\u00edan historias y algunas copitas de licor casero. Alcanzo a divisar desde su muelle la luz del deck de su amigo encendida, pero solo le llamo la atenci\u00f3n aquella cuesti\u00f3n cuando pasaron un par de d\u00edas y segu\u00eda igual. Francisco pod\u00eda distraerse un poco, pero nunca tanto.<\/p>\n<p>Tom\u00f3 su canoa y rem\u00f3 mientras alguna preocupaci\u00f3n crec\u00eda en su interior. Encontr\u00f3 a su viejo compa\u00f1ero de ruta tendido junto a la vieja cortadora de pasto. El motor de la m\u00e1quina estaba fr\u00edo y la ropa de Francisco estaba mojada, por lo que seguramente alguna noche hab\u00eda pasado a la intemperie. Ten\u00eda la mano sobre la gramilla y un esbozo de sonrisa. En su tel\u00e9fono celular hab\u00eda un par de llamadas perdidas y algunos mensajes sin responder. Vibrando sobre la mesa de la cocina hab\u00eda terminado en el suelo.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico escribi\u00f3 en el certificado de defunci\u00f3n: hernia estrangulada con complicaci\u00f3n card\u00edaca cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Francisco se hab\u00eda marchado al encuentro de Mercedes, esa era la verdad real. Se hab\u00eda cansado de su ausencia, de la soledad en la que ella lo hab\u00eda dejado y la vieja hernia fue la mejor excusa que encontr\u00f3 para ir a su encuentro.<\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre el autor<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Imagen-Jere.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-24112 size-medium\" src=\"http:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Imagen-Jere-240x300.jpg\" alt=\"Imagen Jere\" width=\"240\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Imagen-Jere-240x300.jpg 240w, https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2016\/06\/Imagen-Jere.jpg 282w\" sizes=\"auto, (max-width: 240px) 100vw, 240px\" \/><\/a>Jerem\u00edas Wolf. Escritor del Delta. Integrante del C\u00edrculo de Escritores de San Fernando Atilio Betti.<\/p>\n<p>Public\u00f3 un libro de cuentos, un poemario (\u201cPoes\u00eda desde el r\u00edo\u201d) y su \u00faltima obra, Alas sin Amor, que la est\u00e1 por presentar.<\/p>\n<p>Jerem\u00edas comparte su pasi\u00f3n por las letras junto con su compromiso social hacia su lugar en el mundo, el Delta. Es en su programa radial \u2013 La \u201ccolectiva\u201d del Delta \u2013 donde encuentra el camino para ponerle voz a los pensamientos y emociones generados desde el mundo isle\u00f1o. Pu\u00f1o y letra, voz y radio, senderos de expresi\u00f3n que transita de manera incansable.<\/p>\n<p>Sus historias son de Tigre y su Delta y sus personajes transitan el amor y los desencuentros en viajes que van por tierra, agua y aire, y en los que la imaginaci\u00f3n no impide una preocupaci\u00f3n por una naturaleza, \u201cdue\u00f1a de los d\u00edas\u201d, que reprocha y consuela a la vez. Hay en Wolf una sutil mirada ecol\u00f3gica que contrasta con la violencia de la ciudad.<\/p>\n<p>Los relatos del autor son \u00edntimos, c\u00e1lidos, \u201calmacenando los pedazos de la historia que nos fueran quedando\u201d. Wolf se mete con su mirada rom\u00e1ntica en el alma del isle\u00f1o mientras por el espejo ve \u201cla estela de agua abrirse como un abanico\u201d. Su vital escritura recorre el tiempo, una de sus preocupaciones recurrentes, y nos sacude con historias de seducci\u00f3n, enga\u00f1os y sorpresas. Su mirada esperanzada y melanc\u00f3lica a la vez, sensual y ut\u00f3pica, por momentos se vuelve er\u00f3tica y popular. La mujer es una pregunta y las relaciones familiares tan importantes como la soledad.<\/p>\n<p>Para Wolf, la isla es m\u00e1gica. La enfermedad y la muerte acechan pero nunca perdemos la verde libertad en su amado r\u00edo. Si un amor muere, la ternura permanece en la casa de su escritura. Sus relatos precisamente parecen haber sido escritos para no extraviarse \u201centre madejas de civilidad\u201d, textos de aprendizaje y mano extendida, de memorias recuperadas en \u201cel rojo de los cuentos\u201d resistiendo frente a la ceniza gris. Wolf nos revela su b\u00fasqueda, su hallazgo, y nos recuerda la existencia de un manto protector del desborde urbano: el Delta, sin\u00f3nimo de lo pantanoso esencial que ama y que contrasta con la casquivana ciudad.<\/p>\n<p>Escrita por Daniel Scarfo. Soci\u00f3logo. Doctor en Letras<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A veces el debate nos queda planteado. No lo compartimos con nadie m\u00e1s que con la almohada \u2013 muda albacea de nuestras m\u00e1s profundas contradicciones. 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