{"id":7926,"date":"2015-02-16T04:30:11","date_gmt":"2015-02-16T07:30:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/?p=7926"},"modified":"2015-02-16T04:30:11","modified_gmt":"2015-02-16T07:30:11","slug":"una-historia-en-san-fernando-por-sebastian-arena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/una-historia-en-san-fernando-por-sebastian-arena\/","title":{"rendered":"Una historia en San Fernando, por Sebasti\u00e1n Arena"},"content":{"rendered":"<p>Cielo celeste, sol, esfera anaranjada que asoma por el este. Luces, brillos y sombras, de los ceibos y los sauces, del monte que renace. Hay ranas, sapos, los insectos cantan en el despertar de los p\u00e1jaros, la m\u00fasica de la biodiversidad.<\/p><div id=\"sanfe-3645573482\" class=\"sanfe-contenido sanfe-entity-placement\" style=\"margin-top: 1px;margin-right: 2px;\"><script async src=\"\/\/pagead2.googlesyndication.com\/pagead\/js\/adsbygoogle.js\"><\/script>\r\n<!-- anuncio -->\r\n<ins class=\"adsbygoogle\"\r\n     style=\"display:block\"\r\n     data-ad-client=\"ca-pub-6719099566820218\"\r\n     data-ad-slot=\"4258158415\"\r\n     data-ad-format=\"auto\"\r\n     data-full-width-responsive=\"true\"><\/ins>\r\n<script>\r\n(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});\r\n<\/script><\/div><br style=\"clear: both; display: block; float: none;\"\/>\n<p>De pronto todo se oscurece, ruido a podrido, de las maquinas, de los hombres, de los arboles derribando. Ma\u00f1as urbanas, los bichos, los p\u00e1jaros emigrando.<\/p>\n<p>Cantan los gallos de los vecinos de las esquina, una historia como ocurre con tantas otras, de un ser enjaulado, en un rinc\u00f3n del conurbano, por ah\u00ed donde todos andan amontonados, mundo enrejado.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n, vuela sobre un espiral, dando vueltas, concluyendo siempre en el mismo lugar, una ciudad, todo es igual, fiebre de cemento, brote de edificios, humo de los veh\u00edculos, ruido, la suciedad, la sociedad.<\/p>\n<p>La sangre, hermana al pasado, Ram\u00f3n sabe que ese lugar donde habita no es el verdadero, corre verde monte en su sangre, sabe que alguna vez bebi\u00f3 de esa agua, de un arroyo pocas veces transparente, muchas veces arcilloso.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n, un autentico bicho de ciudad, afino su o\u00eddo de la mano de su vecino el Angelito, con guitarra y amplificador y una cresta roja con la que pronto se identific\u00f3. El vecino, ensayaba todo el d\u00eda, la medianera lat\u00eda anarqu\u00eda. Ram\u00f3n revoloteaba como Iggy Pop, agitaba con las canciones de los Ramones. Ram\u00f3n \u00bfun frutero azul? m\u00e1s bien el autentico cardenal Punk Rock, con su cresp\u00edn colorado y blanco, se bate a picotazos con un pedazo de manzana que Don Gervasio le entrega a trav\u00e9s de una diminuta ventana.<\/p>\n<p>Gervasio, un eslab\u00f3n en esta historia, a sus escasos 80 a\u00f1os, hace un buen tiempo que hab\u00eda llegado, m\u00e1s bien desembarcado. Vino a San Fernando, cuando todav\u00eda luc\u00eda la buena vista, a principio de los 60\u00b4, a la modesta casa de la calle Mansilla, hoy encuentra un limonero y un tupido membrillar, frutos que lo conectan a su verdadero ser, seg\u00fan su parecer.<\/p>\n<p>Noche, sue\u00f1os, en el alba Ram\u00f3n canta, el Angelito, buen vecino que descansa. Gervasio abre las ventanas, observa el sol que hacia arriba marcha.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n, que lleva marcado a fuego el desenfreno de los Sex Pistols, conservaba una franca amistad con el bueno de Gervasio. Este, le compart\u00eda sus historias, entre mate amargo y un humeante, dulce, pan casero. Historias como un cuento de cuando era invierno y la escarcha y la cocina a le\u00f1a. De cuando en verano y el sol se aplasta entre los \u00e1rboles, enjambres de mosquitos los cuerpos invaden, el fuego de verdes hojas, y la cortina de humo que a los mosquitos espanta. De los relatos de los ceibos y sus flores, sangre roja que del monte brota. De aquellos a\u00f1os, cuando era un gur\u00ed y trabajaba en la cosecha de frutales, de cuando hacia zanjas con el padre o trepaba a algunos \u00e1rboles para podar algunas ramas. De cuando tuvo la oportunidad de estudiar y de ser p\u00e1jaro, pues ten\u00eda ese loco oficio de treparse a los \u00e1rboles y realizar cantos. De su infancia, aquella, donde hac\u00eda llamarse Tingaz\u00fa, p\u00e1jaro litorale\u00f1o, que supo ver volando sobre un camalotal, que navegaba r\u00edo abajo en b\u00fasqueda del mar. De cuando arriba de casuarinas y nogales, gritaba, emitiendo un sonido, repet\u00eda: wooo tweeep tweeep.<\/p>\n<p>Despierta el sol, nace un nuevo d\u00eda, ma\u00f1ana extra\u00f1a, cielo gris, nubes marcando una oce\u00e1nica presencia, Gervasio salta de la catrera, corre hacia el ventanal. Ram\u00f3n en su jaula observa con atenci\u00f3n las cosas que pasan. Habr\u00e1n sido los a\u00f1os, los n\u00fameros, todo ellos entre mezclados, Gervasio se hab\u00eda despertado en aquella pr\u00f3spera \u00e9poca, de la quinta familiar y los frutales coloridos, del trabajo garantizado todo el a\u00f1o, de las reuniones en las sociedades de fomento y los grandes fogones, de los ba\u00f1os en los r\u00edos, de una vida en la isla que a muchos les generaba envidia, pues all\u00ed se respiraba una independencia bien cierta, fruto del trabajo duro de la tierra. El viejo, todav\u00eda anonadado, observaba que el r\u00edo estaba bajo, apenas un hilo de agua, y un mont\u00f3n de barro. El viento reci\u00e9n despertaba, con sus r\u00e1fagas, hasta el rancho temblaba, sus pron\u00f3sticos, su experiencia, anunciaban efectivamente la sudestada.<\/p>\n<p>Vuelve abrir los ojos, todo es chocante. Solo hab\u00eda estado so\u00f1ando, nuevamente parado frente a esa ventana, comprobaba la realidad, el limonero, el membrillar, la medianera con el Angelito, de rojos ladrillos, y su sofisticado sistema de seguridad, vidrios afilados, posadero de ciertos p\u00e1jaros.<\/p>\n<p>Benteveo, un p\u00e1jaro que visita el barrio, es un tipo de p\u00e1jaro, de aquellos independientes, vuela por donde quiere, el canta sus asuntos, cuenta que se est\u00e1 poniendo dif\u00edcil el mundo. Sabe tener su guarida en las islas. Se informa, conoce de dem\u00e1s p\u00e1jaros, se comunica. Suele andar por la ciudad con esa misma necesidad, de cantar, de informarse, de informar.<\/p>\n<p>Benteveo, solo rock and roll, compinche amigo de Ram\u00f3n, el Cardenal Punk Rock, aletea como un pollo cuando el vecino ensaya m\u00fasica de los Rolling Stones. Mientras tanto, el cardenal obstinado, le insin\u00faa a Gervasio, cantando, que algo en la isla est\u00e1 pasando.<\/p>\n<p>El viejo, con los a\u00f1os que lleva andados, hay d\u00edas que ni de ellas se acuerda, salvo aquellos, que suceden grises, de lluvia persistente y viento sudeste, como en aquella tarde, cuando hacia la siesta se dirig\u00eda, el viento de forma atrevida corr\u00eda por pasillos moviendo puertas y ventanas; cambiando entonces los planes, el viejo y su lenta calma, tomando maletas, guardando algunas pertenencias, cargando herramientas. Ya con sus tamangos calzados, a un destino sin retorno, en un perenigraje se ha embarcado.<\/p>\n<p>Todos los b\u00e1rtulos y con Ram\u00f3n enjaulado sube al tren en la vieja estaci\u00f3n de San Fernando, rumbo al puerto de Tigre marchar\u00eda, a donde una lancha de madera lo aguardar\u00eda. El tren y sus gentes, impaciencias, mendigos, tipos vendiendo discos. La tarde cada vez m\u00e1s oscura, por la nueva estaci\u00f3n fluvial se transita, banderas en lo alto, se agitan con la direcci\u00f3n del viento, que es del sudeste y sopla cada vez m\u00e1s fuerte. Maletas, herramientas y la jaula, ahora en el techo de la lancha. El viejo sentado en el mullido asiento, un viaje largo constituye el resto.<\/p>\n<p>La embarcaci\u00f3n t\u00edpica y su estridente motor, naveg\u00f3 r\u00edos, mansos algunos, otros furiosos. El Paran\u00e1 Mini se mostro inmenso, el Canal Arana abriendo la isla, el M\u00e9ndez Grande se aparec\u00eda. El viejo grita, y el lanchero en el muelle de quebracho, sin nombre y con techo a cuatro aguas, el bote amarra, Gervasio desembarca, con b\u00e1rtulos y jaula en la isla se planta.<br \/>\nR\u00edo que crec\u00eda, las nubes oscuras persist\u00edan. Un perro, en el silencio de aquella caminata se aparec\u00eda, pronto los pasos del viejo acompa\u00f1ar\u00eda; ensordecedores cantos de miles de p\u00e1jaros, peces en el r\u00edo haciendo piruetas, saltan, bucean contra la corriente.<\/p>\n<p>La quinta, frutales echados en a\u00f1os, el rancho y su galer\u00eda rode\u00e1ndolo, el piso de pinotea, las paredes que transpiran humedad, la cocina a le\u00f1a, cenizas de otra \u00e9poca. Troncos y ramas secas, combusti\u00f3n, un fuego alienador, la pava en las brasas calentando agua.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n, que sigue enjaulado, mira hacia todos lados, no hay medianera, no hay membrillar, sabe con seguridad que la puerta de la jaula se abrir\u00e1, y por fin descubrir\u00e1 volar en libertad. Sucede. Gervasio abre puertas y ventanas, pronto tambi\u00e9n saca el techo de chapa oxidada. El Cardenal Punk Rock toma el cielo con sus alas, vuela en el silencio del viento, vuela y depara en un florecido ceibo. Vecinos los tordos, los benteveos, los carpinteros. Gervasio los saluda, agita sus brazos, silbando.<\/p>\n<p>El sol cae sobre la tarde disolviendo sus luces entre el monte, m\u00e1s aves, m\u00e1s p\u00e1jaros, junqueros, chincheros, pavas de montes volando entre las copas de los \u00e1rboles, un oc\u00f3 colorado volando solitario. Algarab\u00eda o una gran tormenta que est\u00e1n anunciando.<\/p>\n<p>Viento que no da tregua, sopla con potencia, arboles abanic\u00e1ndose, ramas d\u00e9biles que crujen y caen, el agua avanzando desde el coraz\u00f3n de la isla, amenaza el fuego que hay en el albard\u00f3n. El viejo, precavido, muda brasas de la tierra a la cocina, aclimatando el rancho, que poco hab\u00eda cambiado, s\u00ed la quinta, se hab\u00eda abandonado. La productividad hab\u00eda desaparecido, las plantas ex\u00f3ticas e invasoras toda la tierra han ocupado. Costara trabajo recuperarla, el viejo piensa mientras sube las escaleras en compa\u00f1\u00eda de la perra carpinchera.<\/p>\n<p>El transistor informando una marea hist\u00f3rica, todas las herramientas en alto. La lluvia que empieza, desplegando miles de sonidos en el techo, vientos y truenos, un concierto de jazz, delirio del viejo. En un sill\u00f3n de mimbre bebe ca\u00f1a, mira a trav\u00e9s de una ventana, la misma trancada, Gervasio ahora entiende, el tambi\u00e9n est\u00e1 en una jaula. A sus escasos 80 a\u00f1os, ya no trepa a los \u00e1rboles, si se cae, sus huesos se romper\u00edan en mil partes.<\/p>\n<p>El estuario del plata a fuerza y agua, se hace presente invadiendo las islas, la supremac\u00eda dulce y amorronada. El frio h\u00famedo, el r\u00edo es oce\u00e1nico. Ra, fa, ga, do, re, mi, fa, el viento canta. Gervasio asombrado, copa de aguardiente mientras lee el cielo y chapas que por el aire flotan. Quien lo dir\u00eda, hab\u00eda abandonado la querencia por las inclemencias del tiempo en el delta, finalmente volv\u00eda en el anuncio de la gran tormenta.<\/p>\n<p>El rancho se bat\u00eda hacia todos lados, cielo negro, intenso. Horas que suceden, llegando el amanecer, por desgracia, cobra visibilidad el observar por el cielo volar, de todo, animales, pesadas maquinas, techos y paredes de casas. F\u00e1cil de comprender, un tornado arrasando y el viejo ah\u00ed mirando, desde el rancho, presuntamente refugiado, enjaulado.<\/p>\n<p>Como quien no quiera la cosa, un viento imprudente golpe puerta, la abre, tambi\u00e9n las ventanas. El tornado, al viejo una mano le estaba echando, huracanado, la casa con sus patas de la tierra arranca, flota en el remolino, se desprende el techo y los pesados muebles por el aire vuelan. Gervasio abrazado a una columna deja soltarse, llevado en el remolino, abre sus ojos y vuelve a cerrarlos, intentando comprobar si se trababa de un sue\u00f1o o una loca realidad.<\/p>\n<p>En ese abrir y cerrar, sus ojos en iris rojo sent\u00eda transformar, mirarse con un pico amarillento y curvado, ostentando alas anaranjadas y una larga cola negra y destellos blancos. Palabras que quiso gritar wooo tweeep tweep.<\/p>\n<p>Volar en el cielo de ese vendaval, el Tingaz\u00fa planea con otros p\u00e1jaros, las islas contemplando, aves de diferentes tama\u00f1os y colores, y por sobre todo diferentes cantos. Viven el delta, vuelan, nadan, caminan, cazan o pescan, son bichos con diversas destrezas, eligieron el humedal, el refugio de la biolibertad, esa misma, que a algunos humanos suele contagiar.<\/p>\n<p>Gervasio, m\u00e1s que espichado, convertido en p\u00e1jaro, a sus escasos 80 a\u00f1os vuela por los aires cantando, como Ram\u00f3n o el Benteveo, o como muchos otros p\u00e1jaros, viejos abuelos, que nos cuentan en su canto libertario que el delta, nido del estuario, est\u00e1 en peligro y tenemos que cuidarlo.<\/p>\n<hr \/>\n<p>Sobre el autor<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/sanferna.wo01.wiroos.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/1-10959713_1534147500193625_5302431836353801923_n.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-7927 size-full\" src=\"http:\/\/sanferna.wo01.wiroos.com\/wp\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/1-10959713_1534147500193625_5302431836353801923_n.jpg\" alt=\"Sebasti\u00e1n Arena\" width=\"258\" height=\"257\" srcset=\"https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/1-10959713_1534147500193625_5302431836353801923_n.jpg 258w, https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/1-10959713_1534147500193625_5302431836353801923_n-150x150.jpg 150w, https:\/\/www.sanfernandonuestro.com.ar\/wp\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/1-10959713_1534147500193625_5302431836353801923_n-100x100.jpg 100w\" sizes=\"auto, (max-width: 258px) 100vw, 258px\" \/><\/a>Sebasti\u00e1n Arena<\/p>\n<p>Nac\u00ed en una noche de inverno del a\u00f1o 1981. Fui criado por vecinos de Tigre, crec\u00ed en sus calles, en sus r\u00edos y en el monte.<\/p>\n<p>Me eduqu\u00e9 en colegios del estado en plena d\u00e9cada de los &#8217;90. Mis virtudes intelectuales son precarias y, como el finado Roberto Arlt, me reconozco como un absoluto improvisado en materia literaria.<\/p>\n<p>En \u00e9pocas de presunta inspiraci\u00f3n publiqu\u00e9 en peri\u00f3dicos locales Cr\u00f3nicas de viaje, Notas sesudas sobre el Delta, su historia y el Turismo.<\/p>\n<p>Mi libro de cabecera se convirti\u00f3 en Mascar\u00f3, El Cazador Americano.<\/p>\n<p>Vivo en la Isla, sin electricidad y tengo un gallo y gallinas.<\/p>\n<p>Hoy mi mente no est\u00e1 predispuesta a la escritura, razones por las cuales comparto una pretensi\u00f3n de cuento que escrib\u00ed hace unos a\u00f1os.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cielo celeste, sol, esfera anaranjada que asoma por el este. 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