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Con más de 70 años, terminó el secundario para poder dar una mano en el Hospital Cordero

Con más de 70 años, terminó el secundario para poder dar una mano en el Hospital Cordero

Elena Acuña vive en el barrio San Rafael. Le pidieron el título para anotarse en un curso de Capellanía que tanto deseaba, y se animó.

Así como existe una antigua frase que asegura que para el amor no hay edad, para Estela Acuña tampoco lo hay para aprender y ayudar. Es que los 76 años, esta mujer decidió terminar sus estudios secundarios para poder realizar el curso de Capellanía que tanto deseaba y de esa forma darles una mano a los enfermos que se encuentran en el Hospital Cordero.

Elena Acuña abanderadaJunto con 19 compañeros que asistían con ella a misa, la vecina del Barrio San Rafael se anotó en el curso de Capellanía. “Apareció esta oportunidad y no lo dudé. Pero para que nos dieran el diploma era requisito tener el secundario completo”, explica la madre de Rubén (58) y Gustavo (52), quien venía postergando la finalización del colegio.

Si bien puede parecer complicado retomar los estudios después de tanto tiempo, esta mujer de armas tomar reconoce que lo vivió como una linda experiencia que, como si fuera poco, se vio coronada con el honor de ser abanderada. Era la mayor en su clase, por lo que sus profesores la tenían en consideración, sobre todo en matemáticas, la asignatura que más le costó: “Iba una vez por semana a un profesor particular para que me enseñara los procedimientos”.

Al mismo tiempo que finalizaba la secundaria, arrancó el curso de dos años de Capellanía. Tuvo diferentes profesionales, entre ellos neurólogos y psicólogos, además de un pastor de iglesia. Y de las 19 inscriptas, Elena fue la única en recibir el título de terapista ocupacional. “La directora me dijo que vaya al Hospital de San Fernando a ayudar por mi manera de ser. Nos habían preparado para no llorar y colaborar de la mejor manera. Principalmente lo que hago es darles de comer a los pacientes, charlar e inculcarles mis creencias”, sostiene.

Pese a los problemas de salud habituales por su edad, ella siempre está predispuesta. “Un día me llamaron de urgencia por una chica que tenía HIV y que no se despertaba desde hacía tres días. La toqué en la camilla de la cabeza a los pies y le dije: ‘Jesús te ama y yo también’. En ese momento le empezaron a caer lágrimas de los ojos. Fue increíble. Por suerte finalmente terminaron dándole el alta”, recordó con emoción.

Entre tanto estudio, Estela también tiene una faceta artística: participa en el coro de abuelos de la “Quinta El Ombú” y en otro llamado “Las Voces del Alma”. Se junta todas las semanas en el Club Crisol a ensayar y logra distraerse de la rutina. Además, tiene pensado adentrarse en el mundo de la protección animal.

Fuente: Agustín Ilardo para Clarín


  1. basta de vagos
    basta de vagos 6 marzo, 2017, 19:25

    Aprendan las maestras vagas que hacen paro.

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