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Griselda Cánepa, auxiliar de la Escuela N°25: “Sin esa escuela se va a morir todo”
Por Sabrina García
Mientras ayer se desarrollaba la manifestación de la comunidad isleña en la Jefatura Distrital en rechazo al cierre de escuelas y jardines del Delta, una mujer me llamó mientras hacia notas de cobertura. Estaba sentada en la única silla que había en el jardín. Dos mujeres a su lado la abanicaban. Me pidió que me acercase porque necesitaba hablar. Prendí el grabador y la escuché.
– Me llamo Griselda Canepa, soy auxiliar de la Escuela 25. Hace 60 años que estoy ahí, porque antes fui alumna. Empecé a los 7 años porque no había jardín en esa escuela.
La Escuela 25 está ubicada sobre el Arroyo Caracoles. Desde hace dos años, desde San Fernando Nuestro, compartimos la preocupación de la comunidad educativa porque el arroyo no estaba dragado y eso impedía, los días de bajante, llegar con la lancha a la escuela. Por eso las docentes brindaban clases en la embarcación.
“Los chicos tenían que ir a la Escuela 11. Los papás lucharon para que hubiera jardín. Ahora tenemos el Jirimm 1. Logramos con un subsidio que nos dieron construir un SUM hermoso. La escuela está preciosa”, Griselda enumera la información, no quiere olvidarse de nada, habla rápido como si el tiempo se acabara. Sus ojos comienzan a brillar, su voz se tiñe de amargura y las mujeres que la acompañan le dan aire.
Griselda está allí. No para contar su historia, está defendiendo su escuela. Quiere que todos sepan lo que significa para ella y su comunidad sostener ese espacio educativo que son la Escuela 25 y el Jirimm 1. Por eso se preocupa por contar todo, quiere resumir en pocos minutos un pedazo de historia del Delta, de luchas, de encuentros y desencuentros.
-Tiene 105 años la escuela pero está muy bien cuidada.
Le consulto sobre el dragado del arroyo y las clases en la embarcación. “Las maestras van igual aunque haya bajamar. Si en ese ínterin hay posibilidades de entrar le damos el desayuno a los chicos y alguna fruta, las maestras les dan tarea a los chicos para que ese día no se pierda. Hace cosa de un año nos dragaron el arroyo, no muy grande pero podemos entrar, y ahora nos cierran el jardín y la escuela. Nos costó una barbaridad”, cuestiona Griselda.
“Me duele que lo cierren porque imaginate a mí me reubican pero esa escuela se pierde. No queda más nadie, se va a morir todo. Quisiera jubilarme ahí”, resume Griselda y agrega: “La escuela es todo. Tiene el teléfono para llamar, hay mamás que te encargan un remedio de continente, si se sienten mal los chicos corren al hospital las maestras. Comen en la escuela, es fundamental. Cuando venía yo a la escuela era una taza de mate cocido y mi mamá me mandaba un sanguche en una bolsa de dulce porque en ese momento no había comedor. Ahora está todo lindo y ¿lo van a cerrar?”.
“Tengo dos generaciones de limpiar la cola a los bebés. La mamá fue alumna de la escuela y ahora es su hijo nuestro alumno. Imaginate. Fijate vos, para mí es fuerte”, dice Griselda.
Al final me cuenta que tiene la pierna quebrada y por eso está sentada. Así, con su pierna quebrada ella también se hizo presente para evitar el cierre de la escuela. “¿Vas a publicar esto que te dije?”, me dice preocupada. Entiende que para que otros se sumen a la lucha necesitan saber toda esa historia y quizás logren sentir lo que ella siente.

