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Censo en el Delta: un operativo de varios días para llegar hasta la última casa
El Censo Nacional comenzó previamente en nuestro Delta. El operativo se llevó a cabo en varias jornadas para poder llegar a todas las viviendas, algo que si se hubiese realizado en un solo día sería imposible de completarse por la extensión geográfica y la logística necesaria.
“El operativo tiene la complejidad de no contar con el transporte necesario para llegar a los distintos sectores del Delta, pero tuvimos la colaboración del municipio, de Prefectura Naval y de algunos censistas que utilizaron su lancha o bote particular”, expresó el jefe de departamento del Censo de San Fernando, David Luzzi.
Para el relevamiento del sector de islas se contó con una jefa, dos asistentes y 100 censistas, que fueron trasladados en lanchas. Los operativos comenzaron el lunes 9, al igual que en todas las áreas rurales del país, y se extendieron hasta ayer, un día antes de la jornada censal nacional en todas las áreas urbanas del país.
“Estamos caracterizados como zona rural, pero no somos ni zona rural ni urbana. Son humedales”, contó Juan José Miranda.
Después de más de una hora de navegación, la lancha llegó hasta la Escuela Primaria Nº 20, sobre la costa del río Paraná Miní, donde aguardaban la jefa de Radio, Lorena Calderoni, y la censista María Giorgini.
Vestida con la pechera del Censo y con los formularios en mano, María se mostró ansiosa por comenzar el relevamiento: “Es la primera vez que lo hago, el censo anterior estaba en el secundario”.
La joven de 27 años, que es profesora de Inglés en la Escuela Primaria Nº 14 del arroyo Durazno, no dudó en ofrecerse como voluntaria: “Lo que más le gusta del Delta es la gente. El día que me toca venir es mi día de spa y los chicos no tienen maldad. Se nota que hay familia presente si bien hay carencias en lo material”.
Para coordinar el operativo censal, el municipio se basó en la estructura del sistema educativo, ya que las escuelas cuentan con lanchas colectivas y tienen acceso a Internet.
A su vez, los formularios se completan “a la vieja usanza” porque en las viviendas no hay señal para que los censistas carguen en la aplicación del Indec todos los datos, explicó Germán Lufrano, asistente del operativo.
Con un trasbordo a la lancha colectiva de la escuela, el viaje continuó hasta la Estación Forestal del río Paraná Miní, donde tres perros se acercaron hasta la punta del muelle para recibir con ladridos y saltos de alegría al equipo censal, mientras soplaba un viento helado y húmedo.
El predio tuvo su apogeo en la década del ’50 cuando fue un próspero vivero forestal, pero hoy quedan nueve casas en pie y solo tres están habitadas.
Por un camino de tierra cubierto con un colchón de hojas anaranjadas de los cipreses de los pantanos, de las pocas coníferas que pueden vivir dentro del agua y protegen el borde del río contra la erosión, se llega hasta la casa de María.
Algunas historias que dejo el censo
“No sabía que venían hoy, sino me producía más”, bromeó la mujer mientras se peinaba el cabello con las manos. Vive hace 15 años en la isla con sus tres hijas y su esposo, quien trabaja cortando caña.
Rodeada de cinco perros y un carpincho bautizado como “Martincho”, la mujer le mostró a la censista el código del censo digital desde la pantalla de su celular. Después, acompañó al equipo para adentrarse en el monte hasta la casa de María Esther Sagues, quien a sus 86 años todavía elige vivir sola en el Delta.
“Pasen, no tengo problema. Los recibo con cariño”, exclamó Esther desde el final de la escalera de su típica casa isleña de madera levantada sobre pilotes y con techo de chapa. En el interior, una cocina a leña calentaba todo el comedor y los cuadros con fotografías de antaño formaban un ambiente de encanto.
No hizo el Censo Digital porque “no maneja los celulares” y aseguró que estaba “chocha” por recibir a la censista.
Ante la pregunta de si tenía alguna dificultad para recordar, Esther sonrió y respondió: “Yo recuerdo lo mejor de mi vida, esto era un establecimiento de 1.000 hectáreas y yo era viverista”.
“La vida la hice acá con mi marido que lo conocí cuando él tenía 17 años y yo 14, por eso me cuesta irme. Y eso que tengo a mis hijos y nietos en una casita en Tigre”, continuó.
Una vez terminado el cuestionario, Esther pidió que le pegaran el sticker en la entrada, justo al lado de la calcomanía del Censo Nacional del 2001 que se mantiene intacta.
La travesía continuó río arriba hasta la casa de los Seuster, que salieron en cuanto escucharon el motor de la lancha colectiva. “Pasen adentro que hace frío”, dijo Susana Blanco invitando al equipo a ingresar a su casa.
Alrededor de la gran mesa ovalada del comedor, Susana se dispuso a hacer la entrevista junto a su marido Héctor Seuster (63) y a su hija mayor Andrea (28), bajo la atenta mirada de Cachi, una lora de 42 años.
“Es largo esto”, opinó Héctor ante las preguntas de la censista, al tiempo que explicó cuáles son las casas que permanecen habitadas por la zona y advirtió sobre los tramos cerrados del río.
Héctor nació en la isla. Su bisabuelo llegó de Prusia en 1856 y se dedicó a plantar zapallos en el Delta. “De 1856 viene toda la herencia. Siempre acá”, afirmó el hombre que jamás pensó en dejar la isla y trabaja como arboricultor plantando salicáceas.
“Acá se vive con otro ritmo, es otra tranquilidad”, señaló y destacó que en los últimos años fue mejorando la calidad de vida: “En este domicilio tenemos luz desde el 2008, antes vivíamos con un sol de noche”.
Concluido el formulario, Susana le regaló a la censista una bolsa de nueces y la acompañó hasta el muelle, donde se despidió: “Gracias por visitarnos”.
Fuente consultada: Milagros Alonso para Télam | Fotos Leo Vaca

