NUESTROS ESCRITORES

Inasequible metamorfosis, por Carmen Espadas

Inasequible metamorfosis, por Carmen Espadas

Moja el frío de la cocina
y los dedos tiritan,
confusos y enajenados,
en el parto del incesto obsceno
entre los hijos de la Ira,
los sobrinos del Desgarro,
la Dulzura de la prima y
mamá Visionaria, en esta orgía,
frota las tetas caídas
de la tía Melancolía.

Jadeos ausentes de don Ego,
porque la Técnica, su hija,
¡maldita beata! no quiso venir,
y le tocó jugar por la banda
con el palo del carnicero
que usaba gerundios en la rima,
comillas en el glande de los suspensivos,
Poema le llamaban en su tos,
Esperma, Semilla y Sangre
los trillizos Amor.

Moja el frío de la cocina
y los dedos tiritan,
obtusos y avergonzados,
dar un salto de atleta renco
entre el vecino de la vecina
desabridos en el barro,
Ternura sin esgrima y
la llama precaria que gemía,
rota en las velas ardidas
de la impía Mediocridad.

Lejos los lentes de No Veo,
pobre y cínica, sumisa,
“practica la errata”, le quiso decir,
y lloró el lugar que no anda
con descaro barriobajero
de baba en la porquería,
puntillas en alarde de los repulsivos,
mema buscaba el dos,
tema, vainilla y arte
bautizos del temblor.

Moja el frío de la cocina
y los dedos tiritan,
obtusos y avergonzados…
como yo.


Sobre el autor

Carmen EspadasCarmen Espadas

Nacida hace 41 años en un pueblecito de Barcelona, llamado Badalona; me acostumbré al mediterráneo, tanto que nadaba antes de andar. Inquieta por las injusticias y un sentido explorador e idealista de la vida, me licencié en Derecho, y con los años en Administración de Empresas. A la vez, el arte: estudié danza y expresión durante casi 15 años. Y eso pensé, justicia, dinero y arte, la filosofía vino después.

Por seguir al amor, hace cinco años caí en esta Argentina, a la que hoy siento como patria y acento el mío raro, pero en consonancia con el resto de mí. Me dedico a la constante búsqueda del cómo cambiar el mundo, por eso hace ya tres años y medios que soy docente en el Plan Fines, trabajo dando clases de danza y milito, sí, como toda la vida.

Sólo una cosa, si en Barcelona hubiera habido una Eva Duarte, o tal vez un Néstor Kirchner, no hubiera perdido mi tiempo con las desuniones de la izquierda republicana. Hoy sólo tengo preguntas, muchas, y lo peor es que no son todas, así que sigo estudiando y aprendiendo de las personas, de las letras, de las ciencias y de las artes.

 


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