CULTURA
Dario Sztajnszrajber y Soledad Barruti se presentan en el Otamendi: «Es una propuesta para entretenerte pensando»
La Casa Que No Tenemos es una propuesta que nació en formato podcast y que luego se transformó para los escenarios. Durante la obra, Darío Sztajnszrajber y Soledad Barruti debaten sobre el amor, los mandatos, las utopías, el desazón, la esperanza y el encuentro, entre otros tópicos. Lo destacado es que son diálogos y debates en los que también participa el público. Este sábado se presentan en el Teatro Otamendi a las 20h (Entradas aquí)
Por Sabrina García
Darío Sztajnszrajber y Soledad Barruti son una pareja que no vive en una misma casa. A partir de ese hogar que no es uno sino que son distintos espacios, surge la propuesta del podcast La Casa Que No Tenemos. Allí, el filósofo y la periodista debaten sobre temas propios de la vida. El éxito del formato permitió su adaptación al teatro.
“El año pasado fuimos a San Fernando con otro espectáculo, de relatos de unos mitos griegos y la verdad la experiencia fue increíble. Nos dimos cuenta de que había mucha gente que nos seguía, así que felices de poder volver esta vez”, destacó Darío en diálogo con SFN sobre el regreso a nuestra ciudad.
-En estos tiempos en los que se vive como todo tan dinámico, todo tan efímero, ¿Qué espacio hay, qué espacio encontraron, para poder pensar algunos temas más en profundidad, como estos que plantean ustedes en el podcast?
-La experiencia es la del podcast, que acabamos de estrenar la cuarta temporada. Al teatro llevarmos una adaptación de lo que hacemos en el podcast, pensando también en la interacción con el público al que de algún modo lo invitamos a ser parte de estas conversaciones que mantenemos sobre temas que pueden ser minúsculos o cotidianos hasta temas que hablan más de cuestiones si querés más universales o más filosóficas.
Nosotros proponemos a partir de una situación a nivel exótica que tiene que ver con algo personal que es que decidimos como pareja no convivir, mostrar el tema del encuentro en una pareja, pero también entre amigos. Las distintas formas de forjar comunidad no se adscriben necesariamente a un único territorio. Intentando salir de ciertos lugares comunes, que se vuelven mandato o hasta burocráticos, encontramos justamente un modo de vincularnos que nos permite descubrir nuevas cosas.
En el título de nuestra propuesta queremos decir que no hay una única forma de pensar lo que es una casa. Se pueden pensar formas de compartir que excedan las instancias tradicionales y entendemos que ahí se habilitan formatos nuevos.
-Decís “Interactuamos mucho con el público” ¿Cómo se da ese vínculo?
-Nosotros elegimos cuatro o cinco temas y empezamos a conversar. Elegimos temáticas en las que no tenemos la misma posición. Para nosotros dialogar es aprender del otro, no tratar de destruir al otro, sino de ver qué te trae el otro de novedad. Entonces, una vez que están planteadas las dos posiciones, habilitamos a que el público intervenga. En general suelen decir: “Me siento más cerca de la postura de Sole que de la de Darío” y por ahí hacen una pregunta o comentan algo.
Funciona bárbaro porque la gente no solo escucha, sino que está presenciando el debate que tenemos con Sole. La necesidad de querer participar y querer pensar con nosotros es algo que presenta este show y está buenísimo porque en el podcast se queda como en una cosa contemplativa y de escucha y acá está la posibilidad de participar activamente.
-Es bastante esperanzador lo de la escucha activa, esto de no invalidar al otro, no destruir al otro. En los tiempos que vivimos suena muy bien esto.
-Nuestra propuesta está basada en lo que nosotros pensamos como pareja. No somos una pareja que coincida en todo lo que pensamos y en todo lo que compartimos. Entonces se nos vuelve fundamental, casi como un acto ético, estar abierto a lo que el otro te trae con su diferencia. Y eso que te trae el otro no es que necesariamente uno rápidamente lo acepta y estamos los dos con cara de feliz cumpleaños escuchando lo que el otro trae, muchas veces genera como una sensación de zozobra o respuesta reactiva, pero el proceso de conversación es un proceso infinito donde uno escucha, contesta, después repiensa. Tiene que haber una vocación de apertura, sin esa vocación es imposible que la conversación fluya.
Hay temas en los que no coincidimos y que los venimos dialogando hace años y seguiremos sin coincidir, pero cada vez que los charlamos algo igual se nos va moviendo. Yo creo en el lugar del diálogo, obviamente hago filosofía, imagínate el último lugar al que me aferraría sería algún dogma a lo que va absolutamente en contra de mi deseo. Estoy todo el tiempo intentando repensar las cosas por fuera de los lugares instituidos, pero para eso claramente tiene que haber una vocación de escucha.
-¿Qué te da el teatro? Ese espacio, esa caja de amplitud, digamos, porque el podcast lo puede hacer en un estudio o en su caso lo hacen en una casa, pero ¿qué genera el teatro? ¿Qué les pasa a ustedes con esa locación?
-Yo hago teatro desde hace un montón de años. La divulgación de filosofía la vengo haciendo siempre en teatros. He dado cursos de filosofía en escenarios teatrales.
Para mí hoy, retomando un poco algo que decías antes sobre esto de un mundo tan virtualizado, esta nueva experiencia de lo real que se plasma en esta convivencia con las redes frente a un mundo así, me parece que hay como una reconquista del vivo. Hay reconciliación con los espacios presenciales que lo que generan es la circulación de otro tipo de movimiento, incluso mental. Me pasa mucho que mucha gente nos viene a escuchar y nos dice: “Consumimos un montón de las charlas en YouTube, pero es otra cosa”. Estar en vivo y en directo, presente en un teatro, donde uno va sintiendo que va pensando mientras habla, mientras escucha, mientras dialoga con el de al lado.
Parece que hay algo de esa situación que no es casual. En la música como en el teatro, hay como una necesidad de aferrarse a este vivo.
La docencia tuvo un aspecto teatral, siempre que di clase fue mucho más que una exposición de contenido, sino un intento de provocar una transformación. Creo que la clave es esa, impulsar a que el otro se transforme. En el teatro busco volver sobre esa cuestión originaria de la docencia.
-Hablás de lo virtual, de la necesidad del encuentro, es imposible no viajar al momento de la pandemia y ver cómo ese avance de la tecnología y toda esa generación que venimos más de lo analógico, nos acomodamos a lo virtual y ahora la búsqueda de lo tangible, de pasar por las emociones con el otro en el encuentro presencial. Los más jóvenes quizás nacieron en un mundo más virtual. ¿Cómo se da esto de la búsqueda de espacios de encuentro?
-Sí, en ambas generaciones. Este regreso a lo presencial, obviamente son historias distintas. Nos vienen a ver muchos jóvenes, que tienen una experiencia de lo virtual casi plena, pero sin embargo, no dejan de rescatar estos espacios y otros donde se siguen juntando entre amigos a conversar, a dialogar, a andar juntos por ahí.
No minimizo el fuerte impacto de la tecnología, pero tampoco minimizo la capacidad del ser humano de aferrarse a su deseo. Se da en paralelo la apertura de estas instancias. Por algo siguen existiendo estos espacios, la gente quiere salir, quiere estar presencialmente en estos lugares.
El fenómeno de la pandemia fue un momento parteaguas, se generó obviamente esta novedad pero no se terminó de instalar como una nueva modalidad, sino que hasta podemos decir como que se diversificaron las opciones. Para mí siempre que hay una opción o una versión que se totaliza o que se vuelve única, algo suena mal y empiezan a aparecer siempre otras posibilidades.
-Si tuvieras que invitar a los vecinos de San Fernando para este sábado, ¿qué les dirías?
-Primero es una gran oportunidad para pasar un sábado a la noche asistiendo a un espectáculo que es al mismo tiempo entretenido, trabaja con el humor, pero también trabaja con la emoción, con la sensibilidad y sobre todo es una propuesta para salir pensándose a uno mismo, que a veces pensarse a uno mismo no es algo que tiene un efecto inmediato. Hay gente que nos escribe y nos dice: “Hace dos meses los fuimos a ver y hoy tomé una decisión en mi vida. Me di cuenta que se inició hace dos meses cuando los vi a ustedes debatiendo”, cosas que van permeando en la subjetividad porque nosotros realmente creemos que lo transformador no tiene que venir en un formato de bodoque, al revés, a veces el humor, lo cotidiano, termina siendo mucho más inspirador en transformaciones que uno no se da cuenta que se van armando en uno y en algún momento aparecen, se manifiestan.
Es una propuesta para entretenerte pensando. No hay contradicción entre algo que va directamente como a la profundidad del pensamiento y que al mismo tiempo genera entretenimiento. Nuestra cultura ha generado una falsa oposición ahí: asoció el pensamiento a lo solemne y el entretenimiento a lo banal. Se trata como de encontrar un modo distinto. Muchos de los que hacemos divulgación como Felipe Pigna con Saborido, Gabriel Rolón, Alejandro Dolina, tratamos de hacer conciliar esas dos variables.
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