OPINIÓN
La impotencia de «La Pantera»
Por Osvaldo Príncipi (*)
Eríca Anabella Farías, tiene 32 años y dos títulos mundiales ganados en boxeo femenino. Es morocha y de físico macizo. Ideó un personaje audaz y provocador apodado «La Pantera», contrastante con la ingenuidad y las mil dudas que abarcan su presente deportivo y personal, que la convierten en una caricatura suave y débil; más allá de su sonrisa arrabalera, de sus forzadas fotos hot y de su lengua filosa a la hora de declarar en televisión.
Ganó el derecho a capturar el liderazgo del fresco tercer período histórico del pugilismo de mujeres en la Argentina, sucediendo a la formoseña Marcela «La Tigresa» Acuña, quien desde 2013 le dio prioridad a los estrados políticos, y a Yésica Bopp, quien -a partir de su maternidad en 2014-, excluyó los proyectos a futuro en este oficio.
Tras una serie de cotejos clásicos y fantásticos, entre 2014 y 2015, ante Delfine Pearson, contra quién perdió la única de sus 24 peleas en Bélgica y tras doblegar en lances mundialistas a Alejandra Oliveras y Klara Svensson, en México y Dinamarca, respectivamente, su carrera se apagó en modo inconcebible y no pudo imponer el rol de «la mejor boxeadora del momento».
Desde hace poco es una boxeadora sin un manager exclusivo que, pese a ello, sigue apostando a la industria del boxeo nacional y a su gente. Pretende continuar intentando junto a ellos la búsqueda de lo que no aparece: peleas internacionales, orillar los 20.000 dólares de bolsa como campeona welter junior (en versión del Consejo Mundial de Boxeo) y tener una mayor demanda laboral.
La Argentina consagró a 23 campeonas mundiales. Sin embargo, el mercado local jamás potenció -íntegramente- a ninguna de ellas. Nunca hubo habilidad ni talento para enriquecerlas.
Devota de su San Fernando y Tigre queridos, se enorgullece de dirigir las escuelas municipales de boxeo de una zona en donde el oro y la fama devoraron a los campeones mundiales más pintados del barrio; desde Jorge «La Hiena» Barrios hasta Hugo «Pigu» Garay.
No piensa ir a Estados Unidos, por ahora. La rebeldía que le sobra arriba del ring deberá aplicarla abajo también. Con exigencias a sus promotores y con mayor compromiso para valorar su obra gestada en 16 combates mundialistas. Ya pasó los «30 abriles» y es tiempo de reaccionar si quiere ser, de una vez por todas, la Nº1.
(*) Osvaldo Príncipi es relator deportivo y de boxeo argentino
Nota publicada en La Nación
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