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Valiente, un ciervito de los pantanos, vuelve a casa
Después de cinco meses de recuperación y cuidados, mañana lo liberan en el Delta; tiene alrededor de seis meses.
Lo encontró el 22 de octubre del año pasado personal del establecimiento “El Oasis”, de la compañía forestal Arauco Argentina, en Campana. Tenía alrededor de un mes y estaba echado sobre la tierra. Era un pequeño ejemplar de ciervo de los pantanos, una especie considerada monumento natural del Delta, sin la madre a la vista.
Activaron el protocolo de emergencia creado por el comité científico técnico del Proyecto Pantano, el primer esfuerzo integral y multidisciplinario en el que participan productores y empresas forestales para recuperar la población de este animal que es una rareza zoológica: uno de los tres anfibios del planeta y el mayor ciervo autóctono de América del Sur.
Lo aislaron para evitar el ataque de perros y, en cuanto los referentes del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) acudieron a rescatarlo, se decidió su traslado urgente al Centro de Recuperación de Especies Temaikén (CRET), fundación que colabora con el proyecto.
Pero la historia tiene final feliz. Mañana, el ciervito iniciará su reintroducción al ambiente que le es natural.
En su corral del CRET, Valiente, como lo bautizaron los visitantes al bioparque y sus seguidores a través de Twitter, renguea levemente mientras pasea muy tranquilo al abrigo de la mirada humana.
Los cuidados de los últimos cinco meses se hicieron poniendo un énfasis especial en que se encontrara en un ambiente lo más parecido posible al que encontrará en la naturaleza y en que no tuviera contacto con las personas que se ocupaban de su alimentación y tratamiento para evitar un acostumbramiento que lo pusiera en desventaja en la vida silvestre.
“Lo fundamental es que no tenga impronta humana”, subraya José Luis Torres, encargado del amplísimo Centro donde la fundación recibe animales dañados o producto del tráfico ilegal de fauna, desde tapires, aguaraguazúes, monos miriquená o carayás, hasta serpientes y tortugas adoptadas como “mascotas”, algo prohibido por la ley.
Todo se hace sin que vea a los cuidadores . Se le pone el alimento (sauce, pastillo y otras hierbas que crecen en el área donde vivirá) desde detrás de una mampara de troncos. Se lo anestesia lanzándole las inyecciones con una cerbatana a través de dos pequeños agujeros y hasta se le realizan las mediciones en un corralito en el que la báscula está disimulada con una plataforma de madera.
Valiente llegó al hospital veterinario del CRET en estado crítico. “Tenía una fractura en una pata y la cadera dislocada -cuenta la bióloga Paula González, que desde hace diez años trabaja e investiga en el centro-. Le colocaron un yeso y lo operaron para reparar la luxación”.
Después de cinco meses de recuperación, mañana Valiente será trasladado al corral de “presuelta” construido por cuidadores de Temaikén en el mismo lugar donde fue encontrado, un espacio cuadrangular de aproximadamente 40 metros de lado, delimitados por una malla metálica con una media sombra.
Este corral ya fue utilizado en la liberación de una hembra, Yasí, y permite que los ciervos se habitúen al ambiente, se alimenten de vegetación natural y desarrollen comportamientos propios de la especie. Mientras tanto, se les hace un seguimiento meticuloso con cámaras trampa.
“Se lo reintroduce con mucho cuidado -dice Torres-. Lo dejamos un mes o más. Primero se le entrega la dieta, y después tiene que alimentarse por su cuenta. Al principio, se le hace una barrera visual, y luego vamos abriendo algunos paños para que entre y salga. A veces, ellos salen de día y vuelven de noche porque se sienten más seguros”.
Si todo sale como está planeado, el único recuerdo que guardará Valiente de su temporada en el CRET será una “caravana” prendida a su oreja con un transmisor VHF, que emite una señal de radio, y que permitirá monitorear sus movimientos durante un año.
Fuente: La Nación

