HISTORIA
A 221 años de la sudestada que cambió el rumbo de nuestra ciudad
Por Sabrina García
Caminar por las barrancas y poder ver el río desde allí, sentarse en un banco en Plaza Mitre o patear las calles del Canal, son acciones que quizás realizamos a diario. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a pensar en esa fisonomía urbana y en toda la historia que esconde.
La historia de nuestra ciudad, surcada por ríos y arroyos, por el olor a barro -ese que deja la sudestada cuando se va- y los naranjos -tan característicos de Constitución pero que fueron, junto con los duraznos, los frutales emblema del inicio de nuestro pueblo-, comenzó hace exactamente 221 años con dos jornadas trágicas.
Para entender el nacimiento de San Fernando de Buena Vista hay que mirar un poco más allá, hacia el antiguo Puerto de Santa María de las Conchas (lo que hoy conocemos como Tigre). En 1770 se erigió la Viceparroquia de la Inmaculada Concepción del Puerto de Santa María de las Conchas, promovida a Parroquia en 1780 y en torno a la cual cobraron vida el poblado, las actividades agrícolas y el puerto.
El río (Reconquista) era la principal fuente de sustento de los habitantes de aquellas tierras pero también su mayor amenaza. En reiteradas oportunidades la sudestada arrasaba con todo. Es así que, para el año 1802, el cura San Ginés ya se había trasladado a una zona más alta, conocida como Punta Gorda (hoy San Fernando) y había logrado convencer a algunos pobladores de hacer lo mismo.
Durante las fatídicas jornadas del 5 y 6 de junio de 1805 la sudestada volvió pero esta vez la altura que alcanzó superó cualquier memoria histórica. El viento del sudeste sopló con una violencia inusitada, empujó las aguas del Río de la Plata y del río de Las Conchas (Reconquista). El historiador Enrique Udaondo lo destaca en sus ‘Apuntes Históricos del Pueblo de San Fernando’ (1930): “El río creció extraordinariamente y su furia derribó decenas de casas del bajo. El viento arrastró y arrojó a la costa a más de treinta embarcaciones, algunas de las cuales quedaron encalladas a más de 1.500 varas de la orilla (casi un kilómetro y medio tierra adentro). Los daños materiales en los puertos se calcularon en la enorme suma de 8.000 pesos de la época, una fortuna que significaba la quiebra absoluta de la economía local”.
Lo que en su momento fue una sugerencia del cura se convirtió en una imposición del agua. Es así que los pobladores debieron buscar refugio en la parte más alta de las barrancas.
Ante la catástrofe el Virrey Rafael de Sobremonte firmó una orden el 7 de septiembre de 1805 para fundar un nuevo asentamiento en aquellas alturas y tomó la decisión de crear un canal que permitiera “frenar” el avance del río. El encargado de diseñar el proyecto fue el ingeniero de la Real Armada, Don Eustaquio Giannini, quien trazó los planos de la nueva Villa y proyectó una obra hidráulica fundamental: un canal de desagüe y puerto para prevenir futuros desastres. Esta obra proyectaba un canal que iba desde el Río Luján hasta lo que conocemos como Puente Taurita.
El 2 de febrero de 1806, el propio Virrey Sobremonte, acompañado por su esposa Juana Larrazábal y personalidades como Juan Martín de Pueyrredón, llegó a nuestra ciudad para colocar la piedra fundamental de la Iglesia de Nuestra Señora de Aránzazu y dar inicio a las obras de la construcción del Canal.
La historia indica que en su recorrida el virrey se detuvo a los pies del ombú de Zamudio -hoy Quinta El Ombú- y al contemplar el maravilloso paisaje del delta, exclamó: “¡Qué buena vista se descubre desde aquí!” y así nació el nombre de San Fernando de Buena Vista, bautizado bajo el patronazgo del Santo Rey Fernando III y de la Virgen que los inmigrantes vizcaínos habían traído desde Las Conchas.
Los primeros terrenos y quintas del nuevo pueblo fueron adjudicados prioritariamente a las familias humildes que lo habían perdido todo en la inundación de junio de 1805. Aquellos damnificados se convirtieron en los primeros habitantes estables, levantando las primeras 50 casas de adobe y paja y unas 15 de material que registraba el comandante Carlos Belgrano apenas un mes después de la inauguración.
Cada 5 y 6 de junio no es una fecha más para los sanfernandinos. Es el recordatorio de nuestro origen, Nacimos de una emergencia, nos unimos en la adversidad de las peores inundaciones de nuestra historia colonial y supimos construir, sobre la altura de la barranca, una comunidad solidaria que hoy sigue mirando al río de frente, con orgullo y memoria.

