OPINIÓN

Carta de un docente a los padres

Cacos Ferreiros

Por Facundo Ferreirós*

Queridos padres: quiero expresarles mi preocupación como docente de sus hijos respecto de la “reacción” que suscitó la campaña de CTERA para trabajar el caso de Santiago Maldonado en el marco del día del detenido-desaparecido que se conmemora hoy, 30 de agosto. Quiero hacerlo porque creo que los docentes cumplimos una función social específica en nuestra sociedad, que es enseñar. Quizás, cuando ustedes fueron a la escuela, este tema no era parte del contenido de los diseños curriculares, como no lo era cuando fui yo. Por eso les escribo. Soy un docente más de este país, al cual amo y por el cual ejerzo esta hermosa profesión (aunque a mí me gusta llamar oficio) y por la que amorosamente recibo cada día junto a mis colegas, a sus hijos.

Soy profesor de dos materias bellísimas: “Construcción de Ciudadanía” y “Política y Ciudadanía”. Les enseño a sus hijos sobre el ser humano y su vida en sociedad, sobre la democracia, el Estado y los poderes, sobre participación ciudadana, sobre políticas públicas, sobre el sistema electoral, sobre problemas sociales y socioambientales, sobre los derechos individuales y sociales, entre muchos otros temas. Vemos muchos autores de Filosofía Política, Sociología, Antropología, etc., tanto clásicos, como contemporáneos. Los chicos aprenden a comprender textos, analizando no sólo el contenido sino la estructura conceptual que lo sostiene, el contexto en el que fue escrito por el autor, etc. Se acercan de a poquito a las Ciencias Sociales, con su discurso y su metodología. Vemos películas, documentales, y también a veces leemos cuentos o poesía. Busco todos los recursos para que los chicos se puedan interesar en los temas (algunos son de los “pesados”, como las teorías acerca del Estado de Thomas Hobbes y John Locke).

Estos temas (que muchas veces atraviesan todos los calendarios y geografías) nos llevan a hacernos preguntas sobre el presente. Nos preguntamos por los límites del poder, por la manipulación de los medios de comunicación, por la violencia de género, por la pobreza, por la inseguridad, por la corrupción… son temas actuales que traen sus mismos hijos porque les preocupan y sienten que es en esa materia que hay que hablarlos. A sus hijos les encanta debatir. Siempre piden debate. A veces, uno no les da el espacio porque quiere avanzar con algún contenido, pero sus hijos insisten y hasta a veces “toman la clase por asalto” e imponen el tema que les preocupa. Les apasiona.

Y también me preguntan qué opino. Claro, es que los profesores somos una voz importante para ellos. Pero ¡ojo! No subestimen a sus hijos… ellos tienen sus opiniones y no cambian su modo de pensar porque un profesor diga esto o aquello. Si los vieran defender sus posturas, se sentirían más orgullosos de lo que seguramente ya se sienten…

Cuando doy mi opinión, o si les contraargumento, o si les hago alguna pregunta punzante, no es porque quiera cambiar su punto de vista, sino que busco que aprendan a argumentar mejor, a expresar sus ideas de manera más coherente, o a justificarla con algún tipo de conocimiento medianamente validado. Pensar críticamente implica distanciarnos de lo que pensamos y mirarlo un poco como “desde afuera”. Y esto no necesariamente lo hacemos para cambiar nuestro modo de pensar, sino generalmente para volver más fuertes nuestros argumentos.

Si sus hijos me preguntan por Santiago Maldonado, tengo que dar espacio para hablarlo. Les preocupa y quieren saber. Seguramente también les preguntaron a ustedes. Seguramente también lo “googlearon” y ni nos enteramos, ni ustedes, ni yo. Santiago Maldonado está desaparecido y un juez caratuló la causa como desaparición forzada, porque entiende que fue detenido por la fuerza de seguridad. Nuestro deber como ciudadanos es exigir que aparezca, porque en un Estado de Derecho esto no puede ocurrir. Porque hay derechos internacionales y nacionales que así lo dicen. Porque no queremos vivir en una sociedad fuera de la ley. Entonces debatimos si está bien que se corte una ruta, si eso justifica cualquier tipo de coerción (este es un concepto que se trabaja en la materia) por parte del Estado, cuál es el reclamo que derivó en el corte y la represión, cuál es la historia de los Mapuche y por qué hoy están en esta situación, qué dicen los diferentes medios (leemos titulares de todos, debatiendo también “de qué lado está” cada canal -los chicos saben muy bien esto-), por qué dicen lo que dicen, qué ocultan y por qué lo ocultan. Trabajamos con los artículos de la Declaración de los Derechos Humanos, con la Constitución, con la resolución de las Naciones Unidas. Fijense cuánto aprenden sus hijos y qué interesante es que lo puedan aplicar a la realidad.

Cuando termine la clase, algunos van a querer hacer algo, como escribir la pregunta “¿Dónde está Santiago Maldonado?” en el pizarrón, sacarle una foto, y subirla a las redes. Van a decir que el Estado es responsable. Otros, van a seguir un poco en la suya, porque quizás el tema no les llegó a interesar, otros van a seguir pensando que todo esto es culpa del gobierno anterior, etc. Hablar del tema no va a hacer que sus hijos piensen lo que yo pienso sobre cómo ocurrió la desaparición de Santiago Maldonado. No importa lo que yo pienso. Qué está pasando con Santiago Maldonado es algo que todos esperamos se esclarezca lo antes posible. No me interesa utilizar políticamente el caso ni inculcar en sus hijos posibles explicaciones de lo sucedido.

Finalmente, quería aprovechar para agradecerles, porque nos confían día a día lo más preciado que tienen, yo soy papá de dos hermosas hijas y sé de qué se trata el duelo de dejarlas el primer día de clases entrar por la puerta de la escuela y largarse a llorar a mares. Pero también sé que del otro lado de la puerta, hay un grupo humano que recibe amorosamente a nuestros hijos y les muestra el mundo, les hace interesarse por las cosas importantes, los acompañan y los escuchan, los ayudan y los sostienen. Y dejo a mis hijas con esa confianza ciega, como lo hacen ustedes. Hay gente, no importa quiénes, ustedes y yo sabemos, que intenta crear una grieta entre nosotros.

Querido padre, querida madre, déjeme proponerle algo: apague un rato el noticiero, ese que sí pretende adoctrinarnos a usted, a mí, a sus hijos; ese que dice que somos nosotros, los docentes de sus hijos, en quien usted más confía, los que estamos queriendo adoctrinar a sus hijos… apáguelo un rato y véngase a charlar conmigo a la escuela, así le cuento sobre su hijo, sobre lo que está aprendiendo, sobre lo que le estoy enseñando… le aseguro unos ricos mates.

(*) Facundo Ferreirós. Docente


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