ENTREVISTAS

Cenas Solidarias en la estación Victoria

Cenas Solidarias en la estación Victoria

Por Sabrina García

Todavía no son las 20. La noche es oscura y hace frío. Más de 40 chicos están sentados alrededor de una mesa improvisada en la plaza de la estación Victoria. Llevan puesto camperas, gorros, bufandas. A un costado, una fila de adultos espera que les den su vianda. Del otro lado unas voluntarias sirven la comida a los menores. Hay unas guirnaldas que cruzan los árboles, en donde al finalizar la cena festejarán los cumpleaños del mes de junio. La escena transcurre un martes de invierno. Dieciocho voluntarios preparan Cenas Solidarias, una organización que buscar atender a una población que vive en la calle o que la situación económica no le permite comer todos los días. 

Andrea Volonterio es una de las voluntarias que forma parte de Cenas Solidarias. Andrea sale del grupo para poder dialogar con San Fernando Nuestro sobre la propuesta que cada martes reúne a un grupo de voluntarios en la plaza de la estación Victoria donde más de 150 personas reciben un plato de comida. Sus dos hijas juegan con los chicos que esperan que les sirvan su comida. Son como una gran familia. No hay techo que retenga la lluvia, ni paredes que frenen al viento pero las ganas de dedicar tiempo y amor al otro los lleva a estar allí cada martes.

“La iniciativa comenzó hace tres años a cargo de Antonio Alonzo, un muchacho de Benavídez. En una fiesta de navidad comenzó repartiendo viandas a personas en situación de calle en Benavidez. Se fueron sumando voluntarios y llegamos acá, a la plaza de la estación de Victoria.
Actualmente somos 18 voluntarios que hacemos todo muy a pulmón. Llueva, caigan rayos o granizo, haga frío, nosotros estamos igual acá todos los martes a partir de las 20 horas”, resume Andrea.

Antonio es el coordinador de Cenas Solidarias. Todavía no llegó a la plaza, viene de un largo día de recorrida. Utiliza su día de franco para ir a buscar donaciones. “Si tiene que ir a buscar una silla de ruedas a La Plata, lo hace”, comenta con admiración Héctor. Él junto a su mujer se sumaron hace unos seis meses a Cenas Solidarias. Tienen un vivero al lado del Hospital Cordero. “Nuestro rubro es otro pero los comerciantes y vecinos nos conocen de toda la vida, les contamos de qué se trata Cenas Solidarias y hacen donaciones porque confían en nosotros. Siempre está el temor de qué se va a hacer con lo que se dona. Al conocernos ese miedo se va y siempre ayudan, pasan por nuestro negocio y nos dejan cosas. Hay una vecina que dona 5 kilos de pollo por semana y ahora conseguimos un chalequito con corderito adentro que está impecable y es para una nena que cumple 15 años. Los cumpleaños los festejamos el último martes de cada mes y tratamos de que cada chico se lleve un regalito. En este caso son 15 años y queríamos que fuera especial”, explica el comerciante.

Cenas SolidariasCerca de 150 personas asisten cada martes a cenar, entre los cuales hay 50 niños (entre 0 y 18 años). “Es muy triste ver cómo se van sumando más y más cada martes. Hoy somos 150 y el próximo martes seguro seremos más. Porque lamentablemente estamos atravesando una crisis, la gente está atravesando una crisis tremenda”, explica Andrea.

“La mayoría vive en situación de calle. Vienen de Benavidez, Garín, Beccar, Victoria, San Fernando. Se las rebuscan y cuentan el tiempo que tienen para estar para cenar porque si se les va el tren no pueden volver a sus casas”, comenta Andrea y hace referencia a que las personas que viajan hasta allí utilizan el tren para poder llegar. Algunos lo hacen en el ramal no eléctrico que va hasta Capilla del Señor, que no tiene mucha frecuencia y como el último tren sale temprano, mientras entregan la comida en Cenas Solidarias, comen con los minutos contados.

Otros viven duermen en la calle, en los alrededores de la estación. “De este lado hay entre 15 y 20 personas, y del otro lado hay unas 12 personas que son familias enteras en situación de calle”, explica Andrea y agrega que, junto a Antonio, en la semana reparte viandas a esas familias y a los que viven en la puerta del Hospital Cordero o los que están en el Acceso. Tienen como un mapeo mental en donde ubican a aquellos que no tienen una casa donde vivir, muchos de ellos son familias enteras.

“El invierno es bastante duro. Tratamos de hacer una contención, darles todo lo que podemos, más allá de una comida. Les damos abrigos, la semana pasada entregamos colchones y se los dimos principalmente a los que viven en la calle. Frazadas, almohadas, camperas, pantalones. Cuando llegamos a la plaza nos piden que los ayudemos, principalmente a los hijos que están viviendo en la calle. Tratar de pasar un invierno menos duro pero lamentablemente el frío es cada vez peor y ellos no tienen otro lugar para estar”, resume Andrea.

El trabajo de los voluntarios no solo se ve los martes en la plaza. Durante la semana se encargan de solicitar y recibir donaciones, cocinar, estar atentos a las necesidades que se van presentando y tejer puentes entres los que pueden dar una mano y aquellos que necesitan esa ayuda. Cecilia es abogada y voluntaria de Cenas Solidarias. Fue quien redactó las notas en donde explica el proyecto para poder con ello ir a solicitar donaciones. “Los voluntarios recorremos distribuidoras y comercios con esas cartas. A partir de eso nos fueron donando fideos, puré de tomate, carne”, cuenta Andrea y agrega: “Ahora estamos pidiendo carne y pollo porque es lo que más nos cuesta conseguir”.

La preparación de la comida se hace con las donaciones recibidas, con un día de anticipación. Las llevan calientes en conservadoras grandes. Se turnan para cocinar. Para realizar donaciones o acercarse como voluntarios, se los puede contactar por las redes sociales (Facebook, Instagram).

Una familia ampliada

María tiene 70 años. Se apoya en su bastón mientras comparte la cena con otros que le hacen compañía en la mesa. Hace un año que viaja cada martes a la plaza de la estación Victoria. Vive en Benavidez. “Es muy lindo, uno sigue conociendo gente. Hay mucho compañerismo”, dice la señora mientras sonríe y cuenta que como la está “pasando mal” se adhirió a los comedores. Viaja a Tigre, a Victoria y a Barrancas de Belgrano en búsqueda de un plato de comida. Define a Cenas Solidarias como un hogar y a sus compañeros como hermanos.

En la mesa de al lado hay dos familias. Una es un matrimonio con seis nenas que van de dos meses a doce años, viven en Carupá, él trabaja en una carpintería. “Está muy difícil la mano. Ahora con tantos días de lluvia, nos entró agua y se nos quemó la heladera. Era una viejita que andaba bárbaro pero bueno, ahora no tenemos heladera”, cuenta el hombre y dice que a la mañana, antes de ir a trabajar saca el agua de lluvia con palas. Ella cobraba la Asignación Universal por Hijo (AUH) pero se la quitaron: “Nos mataron. Yo le había pedido a mi patrón que no me pusiera en blanco para poder cobrar esa platita pero la otra vez vinieron unos a inspeccionar, me vieron juntando la viruta y este mes no pudo cobrar la AUH. Ahora tenemos que ir a averiguar qué pasó”, relata.

Junto a ese matrimonio hay una señora que vive en el barrio Amor y Corazón. Tiene dos hijas. “A mí me encantaría darle de comer a mis hijas en casa pero la verdad no llego. No puedo. Un litro de leche sale 50 pesos!”, dice.

Se suman a las mesitas cuadradas de la plaza otras mesas que juntas suman muy larga en donde se ubican los niños. Son de madera, al igual que los bancos. Tienen dibujos infantiles pintados a mano por una voluntaria y barnizadas. Arriba están cubiertas por un nylon transparente que las protege.

Cenas SolidariasMariano es uno de los voluntarios. Él construyó las mesas y los bancos. “Antes los chicos se sentaban en unas colchonetas en el piso. Con el frío no podían estar en el piso. A Mariano se le ocurrió hacer las mesas y las sillas, y después Angela las pintó”, cuenta Andrea y añade: “Es una forma de acercarnos al sueño que tenemos de poder tener un espacio para poder dar las cenas que no sea al aire libre. Sentados en el banco al menos no tienen tanto frío como cuando estaban sentados en el piso”.

Desde Cenas Solidarias anhelan tener un lugar donde poder servir las cenas más reparados. Los días de lluvia deben meterse en los pasillos de la estación. Ya han averiguado por distintos clubes y asociaciones de la zona para que les cedan un par de horas el lugar pero la respuesta siempre es negativa. “Nosotros nos encargaríamos de limpiar todo pero nos dicen que los socios no quieren. Nosotros lo que queremos es que al menos una vez por semana esta gente pueda comer reparada del frío y la lluvia”, completa Héctor.

Andrea resume el trabajo que hacen: “La gente nos aprecia un montón. Es muy gratificante recibir el amor de cada uno. Antonio empezó con un amigo y después se quedó haciendo lo de las viandas solo. Por suerte se empezaron a sumar un montón de voluntarios y Cenas Solidarias continuó, fuimos creciendo y llegamos a ser 18 en la actualidad”.

Quienes deseen colaborar pueden hacerlo a través de donaciones de fideos, arroz, puré de tomate, carne, pollo, ropa de abrigo y frazadas. Además el sábado 17 de agosto van a festejar el Día del Niño, para lo cual solicitan golosinas, juguetes y alimentos.

Cenas Solidarias Día del niño

 

(*) Para donaciones contactar por Facebook, Instagram o al celular 1150637425 (Antonio).

 


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