ENTREVISTAS

Charly Rodríguez: “Vivía en la calle como un mendigo y el boxeo me salvó la vida”

Charly Rodríguez: “Vivía en la calle como un mendigo y el boxeo me salvó la vida”

Nació en San José de Costa Rica. A los 24 años vino a la Argentina, para trabajar en una fábrica pelando mariscos en Mar del Plata. Pero le hicieron el “cuento del tío” y terminó durmiendo en una plaza. Hasta que comenzó a boxear, se convirtió en profesional y su vida cambió para siempre. Hoy, desde su gimnasio, ayuda a los chicos a salir de la calle.

El centenario ombú –el mayor de Buenos Aires, que está en la Plaza San Martín, Retiro– fue durante varios meses el mejor amigo de Charly Rodríguez (45). Corría 1995 y él había llegado desde Costa Rica a la Argentina, con el objetivo de trabajar en una empresa de conservas de pescado.

“Tenía 24 años y en mi país atendía un bar en las playas de Jacó. Allí conocí a dos argentinos, que me prometieron trabajo en Mar del Plata pelando camarones. Como no tenía nada que perder, junté el dinero del pasaje y me tomé el avión. Cuando llegué a Ezeiza, nadie me estaba esperando como habíamos acordado… Yo tenía la plata justa: apenas me alcanzaba para comprar un pancho. Lo primero que hice fue preguntar cómo llegar a la embajada costarricense, para pedir ayuda. Nunca la encontré… Terminé en Retiro, durmiendo bajo el ombú, como un indigente. Iba a todos lados llevando a cuestas mi bolsito, que me servía de almohada por las noches. Mi miedo era que me robaran el pasaje abierto que tenía para regresar a Costa Rica: era lo único que me quedaba.Pero de a poco, el banco de la plaza me fue resultando más cómodo, y decidí quedarme. ‘¡No me voy a ir de acá sin pelearla!’, me juré. Y así lo hice”.

Buscó changas en el barrio. Al no encontrarlas, amplió su horizonte trepando a los trenes del Ferrocarril Mitre. Así, un día vio el cartel de un gimnasio en San Fernando donde enseñaban boxeo, deporte que había practicado a los 14 años –sin mucho éxito– en su tierra natal. El resto de la historia aquí, en boca del protagonista.

¿Qué dijiste cuando entraste a ese gimnasio, Charly?

Que buscaba laburo. Medina, el profe del lugar, me respondió: ‘Se nota que tenés condiciones y te gusta mucho el box. Venite mañana y arrancás a entrenar’. Feliz, pero sin plata, me quedé a dormir en la plaza más cercana. Al otro día estaba firme en la puerta del gimnasio.

Y esa oportunidad te cambió la vida…

Sí, porque se me abrieron todas las puertas. Cuando conté que estaba durmiendo en la calle, me ofrecieron una piecita para quedarme. Un doctor me hizo una dieta, porque estaba muy flaco, y un odontólogo –que también se entrenaba allí– me arregló los dientes. ¡A los tres meses tenía licencia para boxear!

¿Dónde fue tu primera pelea?

En San Fernando. Me dijeron que me pagaban 60 pesos por pelear (unos 600 de ahora) y yo pensaba que sólo iba a cobrar si ganaba. Cuando estaba haciendo el precalentamiento se me rompieron los borcegos y un clavo me pinchaba el dedo. Pero salí igual y lo maté al gordo que me habían puesto adelante. ¡Casi le arranco la cabeza!

¿Qué hiciste con esa bolsa?

Le di 20 pesos a Codito, mi entrenador, y nos fuimos a su casa –en plena villa–, para hacer una choriceada con toda la familia. Hasta que en una pelea me vio Sebastián “Tiani” Valencia, quien fue sparring de la Hiena Barrios, y me ofreció una mano. Me consiguió una habitación en una pensión… ¡Dormí seis días seguidos!

Y seguiste peleando

Sí, desde que empecé, nunca más me bajé del ring. Me nacionalicé argentino y gané todo lo que me propuse como amateur: preolímpicos y ocho campeonatos nacionales. Después me hice profesional, con la idea de retirarme no bien ganara algo importante.

¿Lo conseguiste?

Claro: salí campeón de la AMB en la categoría crucero. Realicé 13 peleas, gané 11 y perdí 2.

¿Armaste familia en Buenos Aires?

Sí, con dos mujeres distintas. En total tengo cuatro hijos: Sofía (28) –de una pareja de Costa Rica–, Lola (15), Pedro (14) y Valentín (10). Los tres últimos son argentinos.

¿Cómo empezó tu relación con los famosos?

A través del gimnasio que abrí hace 17 años en Olivos, claro está. El primero que llegó fue Luciano Castro. Venía con ganas de sacarse la bronca y el estrés, y aprendió a boxear muy bien. Hoy es mi socio en este emprendimiento.

¿A qué otros entrenaste?

La lista es larga: Joaquín Furriel, Rodrigo de la Serna, Pablo Echarri, Federico Amador, Gael García Bernal, Griselda Siciliani, Mónica Antonópulos, Gonzalo Valenzuela, Esteban Meloni y Marcelo Mazzarello, entre otros. Pero hoy tengo un nuevo desafío, que es devolver lo que esta tierra me dio.

¿De qué se trata?

Bajo el ala del Macro Boxing Team, estoy cumpliendo el sueño de sacar a los chicos de la calle y darles –como me la dieron a mí– una oportunidad con el boxeo. Cuento con la invalorable ayuda de Jorge Brito –a quien también entreno junto a sus tres hijos, Mateo, Jorge y Marcos–. Ya tenemos cincuenta boxeadores. Ojalá sean miles…

Fuente: Sergio Oviedo | Ph Maximiliano Vernazza para Gente


  1. Mariano
    Mariano 29 septiembre, 2020, 02:08

    Recuerdo cuando arranque el gimnasio con charly, yo trabajaba en un kiosco y me vino a pesir si no tenia una escalera, y cuando le pregunté me dijo que era para un gimnasio de boxeo que estaba abriendo en la otra cuadra, asi que cerre el negocio y me fui al gimnasio ayudandolo abtransportar la escalera que recuerdo muy pesada, yo tenia 15 o 16 años en ese entonces y nunca voy Olvidar a Charly con su energia para enseñar no paraba, yo hacia karate y me decia cuando guanteaba mariano el karateca , me vas a matar a los chicos jajaja , yo fui elnprimer alumno de charly en ugarte olivos…siempre recuerdo la foto que me saco con otros chicos y siempre la tebia en su cartelera, yo remera blanca mangas recortadas, fuaaaa que recuerdo persi contacto con el pero lo llevo en el recuerdo hasta el dia de hoy , hasta enseño boxeo a mis 42 años…saludos de mi parte a una gran persona!!!!

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