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Condenaron a un policía detenido en Virreyes por acosar a una menor por Internet, pero no irá preso
La Justicia condenó ayer al policía bonaerense Fabio Martínez por abuso sexual mediante sistemas informáticos. El hombre, de 29 años, acosó a una nena de 11 años, a la que le envió mensajes de contenido sexual y le propuso un encuentro. Familiares de la menor lo citaron en una plaza de Virreyes y así lo detuvieron.
Las pruebas eran contundentes y quedaron escritas. Los mensajes de Facebook y telefónicos no dejaban lugar a dudas de la intención del acusado, el policía bonaerense Fabio Martínez, que se hizo pasar por un adolescente para ganarse la confianza de una chica de 11 años y, así, seducirla. El sospechoso fue condenado a ayer a tres años de prisión en suspenso, culpable de grooming, término internacional que define el acoso a menores por Internet y por otros medios electrónicos.
Los hechos por los que el juez de San Isidro Andrés Mateo condenó a Martínez -que revistaba en una comisaría de San Fernando hasta que fue imputado y puesto en disponibilidad- ocurrieron en abril de 2014, cuando él tenía 28 años y la chica, 11. Según la sentencia dictada por el juez el hecho “no registra antecedentes”.
Los hechos sucedieron en abril de 2014 y la querella había pedido 4 años de prisión para el acusado, el máximo previsto por la ley de grooming. El acoso había comenzado por Facebook y luego continuó por mensajes de texto. Martínez lo había obtenido ya que la pequeña tenía su número de celular público en la biografía de su perfil.
La Justicia también le ordenó a Martínez “abstenerse de relacionarse conflictivamente con la menor y su familia, lo que implica evitar cualquier tipo de hostigamiento, agravio, violnecia verbal o física, mortificación en sus costumbres, sentimientos perturbación de cualquier modo de su intimidad o vida social”. También le ordenó al policia de 29 años a “someterse a un tratamiento psicológico”.
“Hola linda”. Esas dos palabras, enviadas a las 10 de la noche por mensaje de texto al celular de la nena de 11 años, despertó la intriga de la madre de la pequeña: “¿Qué fue eso? ¿Quién te mandó un mensaje a esta hora?”, quiso saber. “Un chico que me está molestando”, dijo la chica. A partir de ese momento, la mujer se hizo pasar por su hija. Sospechaba que algo raro pasaba y tenía razón: su interlocutor era quien hoy fue hallado culpable. Ella le siguió respondiendo los mensajes que subían de tono a medida que continuaba la conversación: “Me gustaría darte un beso”; “nunca besaste a nadie… Yo te como la boca”; “¿te animás a que te dé un beso y te toque?”; “Vení con una pollerita o una calza, sin ropa interior, así te toco más fácil”, eran algunos de los textos que le enviaba el policía.
Fue en ese momento que la madre le propuso al hombre que se juntaran en una plaza de Virreyes. Antes había probado con denunciarlo en la comisaría, pero le dijeron que “mucho no podían hacer”. Una vez en la plaza usaron a la chiquita como señuelo: la pararon sola en medio de la plaza bajo un farol, de noche, mientras que el resto de los familiares se había escondido. Cuando Martínez apareció y se le acercó a la nena, la madre la agarró fuerte de un brazo. Fue en ese instante que apareció la familia: lo corrieron, lo capturaron y lo golpearon hasta que llegó un policía para separarlos.
Durante el debate, Martínez admitió haber enviado esos mensajes, pero dijo que no sabía que la destinataria era una niña.
El martes, la familia de la víctima no presenció la lectura del fallo. La madre de la chica está embarazada y en cada una de las audiencias del juicio se descompuso.
La pena al policía Martínez quedó por debajo del máximo previsto para el tipo penal. El fiscal Oscar Núñez Barreto y el abogado que representó a la familia de la víctima, Andrés Bonicalzi, habían solicitado, en sus alegatos, cuatro años de prisión. “Esperábamos que la condena fuera de prisión de cumplimiento efectivo, pero teniendo en cuenta la escala penal por el delito de grooming, tres años en suspenso es una pena alta”, dijo a Bonicalzi después de conocer el veredicto.
Fuente: Clarín y La Nación

