OPINIÓN

Cumpleaños número 63 de Charly García – Un recuerdo

Fernando Uzal

Por Fernando Uzal * 

Nadie había estado esa noche en la casa de Charly García

Era mayo de 1994 y estábamos reunidos en Prix Dami celebrando el cumpleaños de Peluca, un histórico manager de bandas de la década del 80. En la mesa nos encontrábamos sentados Charly García, Richard Coleman (Fricción/Los 7 Delfines), el propio Peluca, dos chicas y yo. Los tragos no acababan nunca. Charly levantaba la mano y la moza aparecía con otra ronda más. Richard hablaba de “Las Ligas”, una banda efímera de García en la que había oficiado de guitarrista. Luego de mil alabanzas Coleman le dijo que quería volver a tocar otra vez con él. Después se fue. Con el panorama decayendo y comprobando que éramos pocos los que quedábamos con vida en el lugar Charly nos invitó a su casa.

Cuando salimos, los cinco abordamos un taxi. García extendió su brazo y me sacó de la mano el vaso de plástico transparente con un trago con el que yo había salido del boliche. Bajó la ventanilla y lo tiró a la calle. Una vez en el departamento desapareció con las dos chicas y Peluca y yo nos quedamos conversando sentados en el piso del gran living pintado de blanco (aún las paredes no habían sido graffiteadas por su propietario) y carente de mobiliario alguno. Solo habían esparcidos por el suelo varios “Lasers Disc´s” (un formato de audio y video que duró muy poco y que consistía en una suerte de CD gigante, del tamaño de un disco de vinilo) afuera de sus tapas. Así estuvimos un rato hasta que el flaco apareció en el marco de la puerta y nos dijo “come on”. Nos invitaba a su cuarto a escuchar un disco que estaba mezclando. Sobre la cama había un equipo de música, cuando me senté, el colchón cedió y el aparato cayó al suelo. Charly lo levantó diciéndome que no me hiciera problema y puso el disco. Tirados panza arriba, los cinco en su cama lo oímos completo y apenas entrecortado por ciertos comentarios que hacía el autor en alguno de los temas.

Apenas después se teñiría el pelo de rubio luego de la muerte de Kurt Cobain y unos meses más adelante editaría “La Hija de la Lágrima”. Cuando escuché las primeras canciones por la radio, en el mes de julio me dije: “¡éste es el disco que oímos aquella noche!”.

El tiempo transcurrió y nosotros seguíamos sobre la cama. Las horas pasaron y en un momento, luego de terminada la audición, decidí irme. Charly bajó, me abrió la puerta y nos despedimos. Afuera estaba amaneciendo y yo me sentía un feliz vampiro. Un portero ya estaba baldeando la vereda. Por la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe la gente empezaba a pulular, como si nada, dentro de su “normalidad”, en un horario inhumano rumbo a sus trabajos. Se movían sin entusiasmo, como si fueran hombres robots. Todo ese amanecer me pareció irreal y entonces dudé. Por un momento pensé que ni yo, ni nadie, había estado esa noche en la casa de Charly García.

* Director de Boletín Isleño. Comenzó a hacer prensa a los 16 años con grupos de música. En el 88, con 17 años, trabajó en la campaña de los recitales que dio Charly García en el Gran Rex presentando Parte de la Religión.


Sin Comentarios

Escribí un comentario
Todavía no hay comentarios! Vos podés ser el primero en comentar este post!

Escribí un comentario

Tu e-mail no será publicado.
Los campos obligatorios están marcados con*


4 + = 9