ENTREVISTAS

El escenario político actual, analizado por dos especialistas

El escenario político actual, analizado por dos especialistas

Por Sabrina García

En esta entrevista, conversamos con Diego Pando y Diego Reynoso, ambos profesores de la Universidad de San Andrés, sobre el escenario político actual.

En este primer mes de los nuevos gobiernos, hay mucha tela para cortar

DR (Diego Reynoso): Sí, igual es poco tiempo y con muchas vacaciones para el presidente (sonríe), con lo cual no se puede lucir mucho una gestión. Los primeros diez días nos llevó más tiempo ver el armado de la coalición en el gobierno, la designación de los ministros, las tensiones entre radicales y PRO. Eran decisiones que tenía que tomar el presidente de cómo se repartían el poder político en esta nueva coalición que se fue armando a lo largo del año, no venían con una trayectoria sólida.

Después de esos primeros días, la conflictividad política y social se elevó a una escala inusitada: despidos, decisiones económicas que afectaron el poder adquisitivo de los trabajadores asalariados, una transferencia muy importante de ingresos de los sectores medios urbanos a los sectores agroexportadores.

En síntesis: después de diez días tranquilos de armado de gestión, le siguieron veinte días de fuertes decisiones políticas y económicas que van a tener gran impacto en la sociedad.

DP (Diego Pando): No me sorprende tanto el giro en la orientación del Estado y de las políticas públicas pero sí la intensidad del cambio y el poco apego a la calidad institucional, la cual era uno de los caballitos de batalla de la entonces oposición y actual oficialismo.

En este mes el presidente se tomó vacaciones, hubo medios que le dieron tapa en su estadía por Villa La Angostura mientras medio litoral se inundaba. Gabriela Michetti pide no interrumpir las vacaciones de Macri y finalmente aparece la foto de él recorriendo las zonas inundadas en helicóptero. ¿Hay algo de “prueba y error” en esta gestión?

DR: Ellos están acostumbrados a un sistema de gobierno muy delegativo. Es un presidente decisionista, la actividad legislativa está paralizada pero por otro lado, hacia adentro deja hacer mucho a sus colaboradores. En ese contexto, no tenía sentido sobrevolar la zona inundada de Entre Ríos para tomar una decisión.

Lo que no tienen es el manejo de la opinión pública con ese estilo de gestión. Ante la primera presión tuvieron que retroceder en el sistema que poseen para solucionar conflictos y ahí es donde se los ve inseguros ¿Cómo comunican? Si bien son buenos para comunicar, en la comunicación de la gestión política a veces tienen serios inconvenientes.

DP: Para contextualizar esta “prueba y error”, hay que reconocer el poco tiempo de la transición presidencial (apenas 18 días, entre el 22 de noviembre y el 10 de diciembre) y los desafíos de armar equipos de gobierno en simultáneo en Nación, Provincia de Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires y varios municipios. Cambiemos tuvo que pasar de ser una alianza electoral a una coalición de gobierno. en un escenario económico-social que mejoró mucho en relación a 2001-2002 pero que tiene varios nubarrones.

Hablando de imágenes durante el operativo para recapturar a los tres prófugos salieron dos imágenes muy cuidadas de quiénes estaban al frente pero nunca nadie salió a hablar. ¿Quién era la “voz cantante”?. ¿Se puede hablar de un gobierno de mucha imagen y poca voz?

DR: En parte es el estilo y por otro lado es el desconocimiento. Patricia Bullrich no es especialista en seguridad y a veinte días de haber asumido te estalla un conflicto como éste. Hay temas que son muy técnicos y seguramente sienten mucha desconfianza de las fuerzas de seguridad. Están al mando políticamente pero no técnicamente de la policía. Llevan muy poco al frente. Yo también les recomendaría que no hablen.

DP: A lo que plantea Diego yo agregaría los problemas de coordinación no solo entre las fuerzas de seguridad nacionales (Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria, Gendarmería) sino también con autoridades y fuerzas de seguridad provinciales (Buenos Aires, Santa Fe). Este caso refleja con claridad los enormes retos que existen en materia de seguridad, empezando por la connivencia entre las policías y el delito.

Los llevo al plano provincial. ¿Cómo hace María Eugenia Vidal para gobernar la provincia? y ¿en qué situación política se encuentra Buenos Aires?

DP: La provincia de Buenos Aires es sin duda compleja desde el punto de vista político, económico y social. Por los datos que se conocen, la gestión anterior no estaba muy ordenada. A esto hay que sumarle que la coyuntura económica no es muy favorable y que estructuralmente la provincia tiene un problema de recursos a partir del reparto inequitativo vía coparticipación. En ese contexto, es injusto pedirle a María Eugenia Vidal (MEV) que en un mes resuelva lo que otros no han podido resolver en ocho años.

Es una provincia que requiere un ejercicio, una gimnasia de la negociación importante. En ese sentido el Frente para la Victoria lo tenía bastante trabajado, lo que no significa que haya sido un buen gobierno. El esquema de gobernabilidad lo tenía muy resuelto porque tenía una gimnasia de negociación muy aceitada.

MEV tiene que ir desarrollando esa gimnasia negociadora, son cosas que se aprenden haciendo. Y el contexto económico no es el mejor, si bien no es el de 2001 tampoco es el de 2007 o incluso el de 2011. Están construyendo el barco y remando al mismo tiempo. En ese contexto están gestionando.

DR: El esquema de gobernabilidad justicialista (peronista) de la Provincia de Buenos Aires funcionaba de determinada manera, independientemente de la calidad de los bienes públicos que aportaban los intendentes. Probablemente muchos hayan perdido porque la calidad de las políticas no era buena. Al cambiar el gobierno provincial no solo tiene que garantizar gobernabilidad, tiene que construir su propia gobernabilidad.

El viejo orden político vos lo tenés que desmontar si querés armar el propio y eso no está libre de conflicto. Esa jugada es difícil de realizar sobre todo porque vos tenés una maquinaria justicialista muy aceitada pero hoy debilitada por el proceso electoral y por la interna que hay en el Partido Justicialista (PJ). ¿Cuánta capacidad política tiene el PRO (y no Cambiemos) para poder construir ese nuevo orden político? Yo no lo podría ni evaluar ni garantizar que lo pueda lograr.

Hay un orden político que construir con muchos actores de peso sobre quienes no alcanza la construcción formal (la gestión) sino también las jerarquías informales.

En ese contexto, las últimas decisiones que se tomaron en Quilmes, La Plata (el caso más grave), sobre el tema de despidos de empleados públicos, alteran el orden político formal y el informal. Con cuánto respaldo cuentan para eso no lo sé. Los antikirchneristas ven ñoquis por todos lados. Ahora lo cierto es que no hay tantos ñoquis, es imposible documentar 10 mil ñoquis en una administración pública. Es gente que trabaja capaz hace 12 años, no todos son militantes.

Durante la conversación salió una fragmentación del ¿Frente para la Victoria o Partido Justicialista?..

DP: (risas) Está por verse. De hecho el gobernador de Salta, uno de los que mayores ambiciones de protagonismo tienen en el nuevo escenario, ya salió a decir que el Frente para la Victoria es un espacio electoral que ya no existe más.

DR: En las dos capas se da el conflicto. El kirchnerismo, el peronismo, Frente para la Victoria, el justicialismo, se usan como sinónimos pero no lo son. En el Frente para la Victoria se da una interna entre el kirchnerismo y el PJ por ver quién conduce el 49% de los votos. Que no es poco, es muchísimo. Con eso podés ganar una elección y en primera vuelta.

La segunda interna se da en el Partido Justicialista. Quién conduce el PJ para después conducir el espacio de la otra interna. Una conducción tradicional en envase nuevo podría ser un liderazgo estilo Urtubey (sin necesidad de que sea éste).

Después habrá que ver el kirchnerismo que no está dentro del partido que hace, si siguen ahí. Se abren distintos escenarios.

Está la foto de Massa con Urtubey y por otro lado Cristina que en febrero lanzaría una Fundación.

DR: El kirchnerismo no solo puede y quiere, debe dar la disputa por la conducción. Gobernó 12 años, es una fuerza política con identidad propia dentro del espacio. Te guste o no es un referente político ineludible. No sé si el desgaste de ella podrá hacerlo electoralmente competitivo pero políticamente puede querer disputar. Mi opinión es que ella va a recibir un desgaste no solo de la gestión sino que en seis meses cuando empiecen a revisar todo le van a tirar al anterior la herencia que reciben. Eso también la puede debilitar a Cristina.

DP: Una nota al pie de página: me parece muy difícil un kirchnerismo sin Cristina. No solo no hay institucionalización de ese espacio sino que tampoco hay liderazgos alternativos con votos. Por otro lado está el peso de las instituciones. El Partido Justicialista a través de los gobernadores, legisladores e intendentes, tiene un peso muy importante. Y no nos olvidemos del actor sindical que también tiene peso hacia dentro del justicialismo. Esos dos actores (gobernadores, legisladores e intendentes, por un lado y sindicalistas, por el otro) no van a ser convidados de piedra en ese armado.

En la práctica se están viendo los primeros movimientos pero es un juego de final abierto que no necesariamente se va a definir en los próximos meses. Está todo muy revuelto como consecuencia de los resultados electorales que han sido muy recientes.

¿Qué podemos destacar de esta etapa?

DR: El gobierno nacional y todos los que llegaron de la mano con esa fuerza corren con dos ventajas: por un lado la luna de miel, ganaron y su electorado por más que reciba malas noticias les da una carta en blanco; y cuentan con cierto blindaje o cobertura mediática muy favorable, los medios agendan bastante bien las prioridades del gobierno. El gobierno está haciendo una profunda transformación, está aprovechando sus primeros días, el poder político que acumuló en la última elección. En principio cuenta con un verano favorable.

DP: Lo que más me preocupa es el grado de conflictividad social que va a haber como consecuencia de la devaluación, la inflación y el ajuste fiscal. Todo esto tiene un impacto negativo en términos sociales (pobreza, desempleo, poder adquisitivo del salario) y después del verano, cuando empiecen las primeras negociaciones paritarias, este deterioro de la cuestión social se verá reflejado en una mayor conflictividad social. 


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