DEPORTES

El lado B del rugby

El lado B del rugby

En “Fuera de juego. Crónicas sociales en la frontera del rugby”, el periodista Alejandro Cánepa cuenta, entre otras historias, la vida del Virreyes Rugby, un club que agrupa a aquellos que son discriminados por el clasismo típico del deporte de la ovalada.

Docente y periodista, Alejandro Cánepa trabaja en la Agencia de Noticias de la carrera de Ciencias de la Comunicación, de la que también es docente, y en la Revista Tercer Sector. En simultáneo, y acorde al espíritu amateur que lo rodea, su vida estuvo conectada al rugby, desde aquel breve y lejano paso por el Club Municipalidad de Vicente López y sus seis años dedicados al arbitraje. Cánepa une sus dos pasiones en “Fuera de juego. Crónicas sociales en la frontera del rugby” –Editorial Autores de Argentina, 2015-, su primer libro, que disparó la creación del blog Otro Rugby, donde cuenta historias escondidas entre pelotas ovaladas, barro y terceros tiempos.

“La idea surge a mediados del 2010, con la idea de coordinar el ejercicio de la crónica con el rugby, para poder abordarlo desde sus márgenes”, explica el autor. A partir de un par de ejemplos conocidos –el equipo de la Villa 31 de Retiro, el Virreyes Rugby Club-, empezaron a sucederse los casos en los que el rugby es apenas un telón de fondo en el que se suceden historias de vida, casos de violencia institucional y muestras de antisemitismo.

A partir de los testimonios de dos rugbiers y de la madre de uno de ellos, el autor se mete en la vida del Virreyes Rugby Club, con la idea de darle visibilidad a las historias mínimas que representan la filosofía del club. Fundado en 2002 en el Barrio Presidente Perón con la idea de acercar los valores y la cultura del rugby a los ambientes más excluidos, el club nunca perdió el espíritu competitivo. “No pensaron el club como una ambulancia social, sino con la idea de que jueguen de igual a igual”, explica Cánepa. Con esta idea, el Virreyes Rugby Club ascendió dos categorías, alberga en la actualidad a más de 500 jugadores y tiene entre sus filas a históricos como el ex entrenador de Los Pumas, Rodolfo O’Reilly.

La otra historia que conecta con Zona Norte es el apartado “Un museo de grandes novedades”, donde el recorrido por el Museo del Rugby de San Isidro es una excusa para conocer a su encargado, Jorge Luccioni. El museólogo formó parte de la Policía Federal entre 1974 y 1980 y su hermano Rodolfo está desaparecido desde que el 25 de septiembre de 1976 un grupo de tareas lo secuestró de su casa en La Lucila. Cánepa narra con precisión el semblante contradictorio de un hombre que manifiesta “haberla vivido de los dos lados del mostrador”.

Cada crónica a su manera es símbolo de un tiempo en que el rugby se abre a otros ámbitos pese a la resistencia de los grupos más conservadores. “Hay dos líneas que se oponen. Una tiene una mirada más idealista del rugby amateur. La otra es más clasista, prefiere que el rugby siga siendo de elite, porque si se vuelve popular pierden su carácter distintivo”, sintetiza el periodista, y relaciona esta postura con la escasa participación de las mujeres, algo que también empieza a ser cosa del pasado. “La resistencia en este caso tiene que ver con el género, porque no ven con buenos ojos la presencia de la mujer en otros ámbitos de la vida”, analiza el autor.

El otro aspecto común a cada una de las historias es el de los valores del rugby, algo que el propio autor toma entre comillas e intenta explicar desde un punto de vista deportivo. “Los valores sociales se pueden trabajar en cualquier deporte. No son propios de cada uno, sino que tienen que ver más con el folklore. Una explicación que se me ocurre es que en el rugby no es tan determinante la individualidad. Un equipo con tres cracks y doce burros, la va a pasar muy mal”, concluye Cánepa, con la autoridad de haber conocido varias caras de la misma moneda.

Fuente: Pablo Andisco para El Argentino

 


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