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El Matador se ilusiona de la mano del Chino

El Matador se ilusiona de la mano del Chino

A los cinco minutos del comienzo del partido el arquero de Tigre, Augusto Batalla salió expulsado del encuentro. Con un hombre menos, Tigre logró darle vuelta al resultado parcial de Argentinos y así quedarse con los tres puntos.

“Olé, olé, olé, olé, Chinooo, Chinoooo”. El grito bajó desde los tres costados del estadio José Dellagiovanna. Todos confiaban en él. Claro, en un partido que comenzó de un modo que ni el más pesimista de los hinchas de Tigre lo hubiera imaginado, esperaban que el siete con su andar cansino les regale una tarde de esperanza. Y la épica se dio.

A los cinco minutos de comenzado el partido el arquero de Tigre, Augusto Batalla salió lejos de su área, fue gambeteado por Gastón Verón, que perdió el gol de manera inexplicable, y protestó al árbitro por un golpe.

En la euforia del reclamo recibió amarilla y casi sin querer pecheó al árbitro Andrés Merlos que no dudó y lo expulsó. Y partir de allí, Argentinos capitalizó ese cimbronazo y empezó a dominar. El más movedizo del conjunto de La Paternal, Ilarregui, tuvo su premio: tras una contra con superioridad numérica, el punta encaró a Diego Sosa y le salió un golazo, aunque los más osados dirán que la quiso clavar allí, de emboquillada sobre Gonzalo Marinelli, que ocupaba el lugar de Batalla. Un grito sagrado que corta con la racha adversa sin convertir pero no alcanzó para volver a sumar de a tres.

Inexplicablemente, Tigre se convirtió en protagonista. Fue sin tantas ideas claras pero con mucha ambición y deseo por salir del fondo del mar. Diego Morales y Matías Pérez García se convirtieron en los abanderados del ataque, pero Federico González no pudo aportar su cuota goleadora. Argentinos cedió pelota y terreno, se propuso defender y salir de contra.

La segunda etapa transcurrió bajo la misma coyuntura. La figura de Menossi comenzaba a emerger y empujaba al local contra el arco de Cháves. Parecía que no era la tarde, no había caso: la pelota, rebelde, no quería entrar. Hasta que el propio Menossi decidió cambiar por un golazo un tiro libre a metros de la medialuna del área. El final fue un subibaja de emociones constantes.

A los 42 minutos, Carlos Luna picó al primer palo y Walter Montillo detectó su movimiento. La pelota fue ahí, a media altura, donde más les duele a los defensores. El Chino voló de palomita y con su cabezazo desató la alegría en Victoria bajo la lluvia incesante. Esa lluvia que se mezclaba con las lágrimas de Luna mientras en la pantalla gigante figuraba su nombre en la tabla histórica de goleadores del club. Lo festejaron los matadores, lo padecieron los de Argentinos.

Fuente: Felipe Lema para Clarín y TNT Sports


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