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Emotiva carta pública de un amigo de Braian Fillip en reclamo de justicia

Emotiva carta pública de un amigo de Braian Fillip en reclamo de justicia

Por Sabrina García

Tiki Scolari era amigo de Braian, el joven asesinado en Lavalle y Ambrosoni la semana pasada. Por medio de la red social Facebook decidió hacer pública una carta dirigida al intendente, Luis Andreotti y al secretario de Protección Ciudadana, Hugo Giuffré. En ella detalla cómo era su amigo y les pide que intervengan para poder esclarecer el caso.

“Decenas de veces jugué contra Braian Fillip en el gimnasio del Santa Isabel o en la canchita del 25 de Mayo. Nosotros teníamos un equipazo, pero ellos también y los partidos eran parejísimos. Ganábamos nosotros por uno, al siguiente sábado ellos por dos y así siempre. El Peti era un jugador excelso. Recuerdo con claridad una jugada muy propia de él, la pisaba con la suela de su pie derecho y la estiraba hasta el pie izquierdo para repetir el mismo movimiento de izquierda a derecha, siempre dejándote al borde del ridículo en caso de que intentaras desmedidamente robarle la pelota. Otra jugada suya era, mientras estaba en carrera, dar el pase a un compañero pisando la pelota con la suela y arrastrándola hacia el lado opuesto, pero en vez de tomarla con la otra pierna, el Peti saltaba sobre la pelota, de modo que lo que esperabas que fuera un amague era en realidad una habilitación para un compañero, un movimiento prácticamente imposible de anticipar. El Peti, como los que saben, hacía todo con la suela. No necesitaba pegar patadas ni insultar, ni siquiera se enojaba. Antes que nada el Peti era un tipo serio, dentro y fuera de la cancha. Un tipo divertido que nunca perdía la cordura. De tanto que jugamos al fútbol terminamos yendo a bailar todos juntos varias veces o directamente nos encontrábamos en los bares. Dentro y fuera de la cancha, el Peti era un tipo serio, que evitaba quilombos y andaba siempre encima de su hermano más chico, evitando que el pendejo, otro buen pibe, se mandara alguna cagada. Giladas, cosas de adolescentes, pecados de juventud. Y también de hermanos mayores que cargan con una doble responsabilidad, esa que el Peti acarreaba con total naturalidad.

Al Peti lo asesinaron con los códigos de la mafia, de los sicarios, a plena luz del día y en pleno San Fernando. Lo ejecutaron, sin más. El asesinato del Peti huele a impunidad, a la podredumbre que exudan las estructuras rancias de la sociedad, en las que habitualmente nos encontramos con jueces y fiscales, policías y políticos. ¿Los motivos? A penas si podríamos llamarle motivos, mucho menos razones. Porque nada razonable hay en todo esto. Hay una familia desesperada, una madre que llora, una hermana que no duerme y una gordita de un poco más de dos años que pregunta por su padre, del que no podía despegarse un segundo, según cuentan quienes veían con regularidad al Peti. Dicen que tenían que pedirle que se relaje, que dejara a su hija jugar tranquila, que nada malo iba a pasarle. Dicen que el Peti no podía despegar un minuto la mirada de su hija, y claro, tanto que había luchado para poder estar junto a ella. Le habían mentido sobre su identidad, le habían dicho que no era el padre, luego que no querían que la viera, le habían negado que presenciara el parto. Con la misma paciencia con la que esperaba el momento exacto para meter el pase entre líneas, el Peti había superado todos los obstáculos y se había mudado a San Fernando, para ser feliz junto a su hija.

Lo que pasó, que no son motivos ni razones, está manchado de algo que no podemos dilucidar, un suegro celoso tal vez ¿celoso?; un psicópata impune parece más acertado. Un venezolano, que trabajaba con él y que pudiera haber estado enamorado de su hija, la mamá de la nena del Peti, aunque realmente no lo sabemos. Nada en realidad tiene sentido. Nadie podría llamarle “crimen pasional” a semejante delirio. Los investigadores, cuando acuden ante un crimen, se preguntan primero acerca del móvil, qué interés pudo haber guiado a qué sujeto para que cometa tal homicidio. Ese es el punto de partida, para luego recabar las pistas que logren evidenciar al asesino. Aquí sucede todo lo contrario: las pistas ya están y todas señalan a un solo sujeto, pero nadie podría arriesgase a indicar con seguridad cual fue el motivo del asesinato. Lo único tangible es que el arma homicida y la adulteración del auto en el que viajaban los asesinos fueron encontrados en un galpón, cuyo propietario es el “abuelo” materno de la hija del Peti. Y que este señor aún no está detenido. Y que el venezolano Roswil Nelson Belisario Bolivar, presunto asesino material está prófugo, quizás escondido en la Provincia de Buenos Aires, quizás en una frontera intentando cruzar para perderse en una selva. O quizás esté bien tranquilo, porque sabe que quienes hacen arrodillar a un pibe y lo ejecutan a plena luz del día, envían un mensaje de impunidad a la policía, a la fiscalía y a la política.

Por eso el esclarecimiento de este asesinato, que tiene aristas profundas y oscuras, no atañe simplemente a la policía y a los investigadores por la sencilla razón de que la policía investigará hasta el punto al que el poder oscuro le permita. Y con el poder oscuro me refiero lisa y llanamente a un juez poderoso de esa jurisdicción que quizás es tu hermano, o tu primo, a un político que es tu amigo, algún poderoso que te debe un favor, o a cualquiera que pudiera, no sólo facilitarte un sicario, sino luego garantizarte la impunidad, si acaso decidieras asesinar a sangre fría a un joven laburante y profesional de 28 años.

Por eso exhorto desde acá al Sr. Intendente Luis Andreotti y al Secretario de Protección Ciudadana de San Fernando Hugo Guiffré a tomar cartas en el asunto, ponerse a disposición de la familia y colaborar con la rápida resolución de un asesinato a sangre fría cometido bajo sus narices, ante la mirada de las cámaras de seguridad del Municipio de San Fernando. No se nos escapa que un homicidio es un crimen federal, pero tampoco que más que facilitar las cámaras de seguridad (con cierto retraso y varios peros) la Municipalidad de San Fernando no se ha preocupado por esclarecer el crimen.

Familiares, amigos y personas simplemente que compartimos una cancha de fútbol o algún asado con el Peti, no vamos a permitir que su asesinato quede impune, así debamos derribar todas las puertas de San Fernando hasta llegar al centro de la madeja. Basta de asesinatos y basta de poderosos impunes que con unas monedas y el teléfono de algún juez conocido se cargan la vida de un laburante y con él, la desgracia de una familia entera. Esta vez la herida no va a cicatrizar con el tiempo, va a sangrar hasta que cicatrice con justicia”.


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