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Investigadores de la UNSAM desarrollan antiparasitarios naturales para frenar la contaminación en el Delta
Científicos del CONICET y del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (3iA) buscan reemplazar la ivermectina, un químico altamente contaminante para el agua y la fauna local, por bioinsumos basados en plantas que el propio ganado consume. El trabajo se realiza codo a codo con los productores isleños.
La producción ganadera en el Delta del Paraná convive de manera constante con el desafío de mantener la sanidad animal sin alterar el frágil equilibrio de los humedales. Tradicionalmente, para combatir las enfermedades parasitarias en el ganado, los productores recurren a fármacos químicos de uso intensivo. El más popular de ellos es la ivermectina, un compuesto altamente eficaz en los animales pero con un impacto ambiental alarmante: es de degradación muy lenta, se acumula en los suelos a través de las deyecciones y termina contaminando los cursos de agua, intoxicando a peces, invertebrados y escarabajos estercoleros.
Para dar una respuesta concreta a esta problemática territorial, un equipo de científicos del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental (3iA) de la UNSAM y el CONICET, liderado por la doctora en Ciencias Biológicas Valeria Sfara, se encuentra desarrollando antiparasitarios naturales. El proyecto, financiado recientemente por la convocatoria UNSAM Investiga, busca dotar a los productores del Bajo Delta de una herramienta sanitaria ecológica, económica y fácil de producir en sus propios campos.
El peligro invisible que se acumula en el barro
La ivermectina se convirtió en las últimas décadas en el aliado indiscutido de la ganadería, pero su costo ambiental en zonas inundables es altísimo. Al no degradarse con facilidad, el fármaco se asienta en los sedimentos del humedal.
En diálogo sobre los múltiples impactos en el ecosistema, Valeria Sfara detalló el alcance de esta contaminación en el suelo y el agua: “Los impactos de la contaminación en el suelo son múltiples y se pueden evidenciar de diversas maneras, por ejemplo, en la degradación de la estructura del suelo. También se puede detectar al estudiar los microorganismos, que son fundamentales para los ciclos de nutrientes. Si estos se ven afectados, puede disminuir la fertilidad del suelo o su capacidad de retener agua. Otro efecto posible es que se modifiquen los ciclos de degradación de la materia orgánica”.
Afortunadamente, el trabajo de concientización que el grupo de investigación viene realizando en el territorio desde hace siete años empezó a dar frutos. En la zona del sur de Entre Ríos y el Bajo Delta bonaerense, muchos productores comenzaron a reducir el uso de ivermectina, aplicando tratamientos dirigidos solo a los animales enfermos o buscando alternativas sanitarias.
De la observación isleña al laboratorio
El proyecto actual se encuentra en su denominada ‘fase cero’ y se destaca por un componente fundamental: “construirse desde abajo, escuchando al productor”. Las plantas que hoy se estudian en el laboratorio del 3iA como potenciales bioinsumos surgieron de las propias observaciones de los trabajadores del Delta.
- Lotus: Una leguminosa forrajera común en la zona. Los mismos productores le señalaron al equipo científico que las vacas que la consumían tendían a no contraer parásitos.
- Sauce (dos especies): Árbol característico de la geografía isleña.
- Camalote: Planta palustre local que también forma parte del entorno alimentario del ganado.
Actualmente, el equipo —integrado también por Rubén Quintana, Valentina Fernández, Emiliano Boné, Soledad Nomdedeu, Daniel Siniuk y Talia Rojas— trabaja con muestras recolectadas en campos de productores locales y en alianza estratégica con la Fundación Humedales, organización que en 2023 diseñó un protocolo de mejores prácticas ganaderas para la región.
En los laboratorios se están realizando los extractos vegetales utilizando “solventes verdes” (inocuos para el ganado). El objetivo final es evaluar la eficacia de estas sustancias sobre los parásitos y diseñar un suplemento dietario casero.
Ciencia democrática y sin intermediarios corporativos
A diferencia de los desarrollos científicos tradicionales que buscan patentar fórmulas para su comercialización a través de grandes laboratorios, el proyecto de la UNSAM tiene un horizonte netamente comunitario. La meta es confeccionar un herbario práctico y organizar talleres de difusión activa para que los propios isleños aprendan a preparar los extractos en sus establecimientos.
Con una mirada profundamente humana y cooperativa sobre la transferencia científica, Sfara concluyó: “No tengo la expectativa de transferirlo al sector privado porque es difícil llegar a un acuerdo con las empresas. Me gustaría transferirlo directamente a la comunidad, que haya menos intermediarios, porque si no el que sale más beneficiado en ese esquema siempre es la empresa y los destinatarios lo terminan pagando muy caro. Otra opción es hacer una transferencia más local, quizás a un grupo de productores nucleados en una cooperativa, que pueda tomar la posta de producir estos formulados y repartirlos entre los productores de la zona que estén interesados. Esa sería una transferencia más accesible y democrática”.
Fuente consultada: UNSAM

