OPINIÓN

Los promedios siempre fueron injustos, ahora también inviables

JPV

Por Juan Pablo Varsky*

La situación de San Lorenzo en 1981 activó el nacimiento de los promedios. Transcurría el tercer año del mandato de Julio Grondona (desde 1979 a 2014) como presidente de la AFA . La mala campaña del Ciclón en el Metropolitano de aquel año ganado por el Boca de Maradona provocó el cimbronazo. Perdió 1-0 ante Argentinos, con gol de penal marcado por ‘Loco’ Salinas, uno de los seis futbolistas que habían pasado de Boca al Bicho como parte de pago del pase de Diego. El delantero Emilio Delgado había fallado otro ante el arquero uruguayo Alles. Descenso con ruido. Un club grande se fue a la B. Inmediatamente, Grondona interpretó que no debía pasar lo mismo con otros equipos. Si le había tocado al CASLA, podría ser cualquier otro.

Más allá de las consagraciones de Boca (Metropolitano) y River (Nacional con Kempes) en 1981, los clubes más importantes del fútbol argentino estaban comenzando respectivos procesos de decadencia durante esos años. El final de la tablita de Martínez de Hoz, más pésimas administraciones, los dejaron en crisis económico-financieras terminales. Solamente Independiente emergía como club fuerte en aquella década del ochenta, perteneciente a Ferro, Argentinos, el Rojo, Estudiantes, Central y Newell’s. Debía protegerlos de una eventual mala temporada. Así nacieron los promedios.

Primero se consideraron los dos últimos campeonatos, luego se ponderaron los últimos tres. Entraron en vigencia en 1983. La tabla le dio la razón a Grondona. River terminó último y se salvó por su campaña de 1982, el torneo que había ganado el Estudiantes del Doc Bilardo. Pensado dos años antes, el sistema no tuvo el motivo de salvar a River, pero sí produjo ese efecto. Pero los clubes grandes estaban tan mal que uno descendió ese mismo año: Racing de Avellaneda, justo en la competición dominada por el Independiente de Pastoriza, luego campeón de América y del mundo.

El sistema trascendió aquellos años de Metropolitano y Nacional. En 1985, se modificó la estructura de la competencia. Se eliminó el viejo y querido Nacional. Se creó la Primera B Nacional. Se armó un solo torneo que coincidiera con el calendario europeo para promover giras de los equipos durante el verano de allá. Esta versión se extendió hasta 1990. La situación de los grandes había mejorado. River había ganado su primera Copa Libertadores. Boca había resurgido de la mano de Federico Polack, Antonio Alegre y Carlos Heller. San Lorenzo y Racing ya estaban de vuelta en la máxima categoría. Independiente seguía siendo el Orgullo Nacional. Los promedios no se tocaron.

“Es lo más justo” decían y dicen sus defensores. “Nos blinda de una mala campaña, nos permite dedicarnos a la Copa”, agregan. Es extraño este principio de justicia deportiva que no castiga cuando corresponde a una mala campaña. Desde 1990 hasta 2014 se jugaron en la Argentina dos torneos cortos por temporada. Una idea de Carlos Heller para terminar con la sequía de Boca, que no festejaba desde 1981. Ganó el Apertura 92. La idea también sedujo a los presidentes de clubes medianos y chicos al ver más cercana la chance de un título. El sistema para definir descensos no cambió. Grondona era su principal defensor. Nadie le propuso modificarlo.

En 2011, plena era de “Fútbol Para Todos” con títulos de Lanús, Banfield, Argentinos, Velez y Arsenal, descendió River. En 2013 bajó Independiente. Los promedios no pudieron blindar a estos grandes. Grondona murió en agosto de 2014. Su obra póstuma fue el torneo de 30 equipos que modificó otra vez el sistema de competencia. Torneo numeroso y con menos partidos. Esta asimetría entre alta cantidad de equipos y baja cantidad de juegos distorsionó la cuenta de los promedios. Hasta 2014 se consideraron 114 partidos para los tres años. Entre 2017 y 2019 fueron 82. Nada menos que 32 menos, casi una Bundesliga entera (son 34).

La incorporación masiva de equipos al #Torneode30 fue tan dañina como este gradualismo de cinco años para volver a una normalidad discutible. La intención de los dirigentes de los clubes de Primera es quedarse con 22 equipos cuando la FIFA sugiere bajar de 20 a 18. El calendario de Conmebol, cruzado con el nuestro, es difícil de compatibilizar con 42 fechas para la temporada local. Para 2020, ya cambiaron el formato de una competencia que aún no se estrenó: la Copa de la Superliga. Además de los 23 encuentros del torneo principal, se le agregarán para el promedio los 11 que juegue cada equipo en el segundo certamen de la temporada. Aldosivi tiene el enorme
mérito de haber juntado en apenas 25 partidos de esta Superliga los puntos para quedarse en Primera.

Si hubiéramos considerado solamente ubicación en la tabla, apenas San Martín (Tucumán) habría descendido de los cuatro que bajaron. La “justicia” de los promedios salvó a Belgrano cuando merecía irse en 2017 y lo castigó cuando podía salvarse en 2019. Tigre terminó noveno y en zona de Sudamericana, pero se fue a la B. Ni siquiera le hubiera tocado descender en la pésima campaña de 2017 cuando fue 24to de 28
equipos. Ni el salvado Patronato ni el descendido San Martín (San Juan) habrían bajado por ubicación en las últimas tres temporadas, donde la cantidad de equipos y de partidos fue bajando. Considerar únicamente la ubicación en la tabla es una especulación que no contempla el contexto de tranquilidad en el que juega un equipo que ya sabe que no descenderá por esta mala campaña, gracias al promedio que lo protege. Más allá de que le baje su tensión competitiva, empezará de nuevo el próximo torneo. Los cuatro peores equipos de la Superliga fueron San Martin (T), Colón, Argentinos y.San Lorenzo. Quizás su situación active el final de los promedios. Siempre injustos. Ahora inviables.

(*) Juan Pablo Varsky. Periodista. Es columnista del diario La Nación, comenta partidos y conduce El Juego y Más que Fútbol por DirecTV Sports.

Nota publicada en La Nación


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