OPINIÓN

Pepo de película

ulises-rodiguez

Por Ulises Rodríguez*

Rubén Dario Castiñeiras está viviendo su año de gloria: sacó un nuevo disco, sus canciones están en todas las hinchadas de fútbol, estuvo en el living de Susana Giménez y almorzó con Mirtha Legrand. Y la última: “Pepo: la última oportunidad”, se estrenó en el Festival de Cine de Mar del Plata. Entre selfies, saludos y autógrafos, lo acompañamos en taxi a ver su documental y lo confirmamos. Tiene la mejor risa de la cumbia argentina.

El Pepo es un niño cachetón de 42 años que se ríe a carcajadas. Un chico: enfermo por la camiseta de Racing; criado en un barrio de Tigre; que perdió un diente al morder una mesa de mármol; que recorrió Latinoamérica cantando con voz rockera; que sus canciones están en las hinchadas de fútbol; que se perdió en las drogas; que robó a mano armada para comprar paco; que estuvo 6 años preso; que armó una banda de cumbia en la cárcel; que un día salió; que dejó de consumir drogas; que ama con locura a la Julia-su vieja-; que extraña todo el tiempo a Jorge, su viejo; que volvió a cantar cumbia ante miles de personas; que se puso el diente por insistencia de su madre; que se casó con Josefina -la Pepa- hace menos de un mes; que estuvo en el living de Susana 15 días atrás; que almorzó el domingo con Mirtha Legrand; que el sábado estrenó su película “Pepo: la última oportunidad” en el Festival de Cine de Mar del Plata; que comió pochoclos en el cine y sin querer los desparramó por el piso y, como un niño que se manda una macana, se agachó a juntarlos con su risa de Pepo.

Por donde el Pepo circula cambia la energía del lugar. Cada cinco pasos alguien le pide una foto. Dale. Selfie. Otra. Dale, vamos. Pepo, Pepo. Gracias maestro.

De gorra, chomba anaranjada y azul, jeans y zapatillas con cámara de aire caminó de la mano de su esposa por la alfombra roja para entrar al Auditorium de Mar del Plata y tardó más que otras estrellas del mundo del cine. Habló con todos los noteros que le pusieron un micrófono enfrente. Dijo sí a otra y a otra foto hasta llegar a sentarse. Sacó su cigarrillo electrónico, le dio unas pitadas y empezó a mirar alrededor.

-¿Qué hace el Pocho Lavezzi ahí? ¿Conducen Maurice Jouvet y Marcos Zucker? ¿Aquel no es el guachín de El Marginal? Risa de Pepo.

Apenas iban 5 minutos de la gala de inauguración del Festival, Andy Kusnetzoff saludó en 4 idiomas, el Pepo miró el relojazo que lleva siempre en la muñeca y dijo vamos. Faltaba una hora para el estreno de su película pero sabía que no iba a ser fácil atravesar el malón para llegar hasta la sala del Ambassador.

Quiso salir por un costado y lo pararon 3 policías… ¡para sacarse una foto! “El día que la policía te pide una foto es porque ya estás consagrado”, dijo Cristian Jure, uno de los directores al observar la escena un tanto extraña.

Caminó unos metros hacia las vallas y como no se las abrían pegó un salto y pasó. Un grupo de cooperativistas que protestaban ante el municipio en el ingreso a la alfombra roja se olvidaron del reclamo al ver al Pepo y se le abalanzaron para sacarse una foto. Todos juntos: jóvenes, abuelos y chicos.

“Pepo sos Mozart”, le gritó uno a la pasada. Caminó como quien huye de los fantasmas. No había terminado de cruzar el Boulevard Marítimo que le pidieron otra foto. Dale pero seguime que no quiero llegar tarde. Paró un taxi en la avenida Colón. Metele al cine.

El taxi estacionó en la puerta del cine Ambassador y cuando Juan Irigoyen, el co-director del documental, le indicó que estaba el campo orégano entró de la mano de la Pepa. Los acomodadores, boleteros y la gente de seguridad también querían su foto con el Pepo. La tuvieron. Dos pibes hinchas de un equipo del interior le pidieron que se pusiera la camiseta de su club.

-Ni loco. La única que me pongo es la de Racing ¿Y además cómo querés meter 100 kilos ahí adentro? Risa de Pepo.

Y así, mientras el Pepo ya está sentado en la butaca comiendo unos pochoclos, van pasando una chica embazarada (“¡que salga peposo!”), un flaco largo (“¿qué hacés Gigoló?”).

A alguien se le cayó un estuche con una tarjeta SUBE.

-¿Quién perdió una SUBE celeste?

-¡Es verde Pepo!

-Yo veo todo celeste porque soy de Racing.

Risas de Pepo. Risas de todos.

Otra foto. Un pibe con una remera que lleva estampada un dibujo de la cara del Pepo dibujada por Diego Parés.

-¿Me puedo sacar una foto?

-Sí.

-Pero con vos…

-Sí, claro si el Polaco no viene hoy.

Risa de todos.

-Agua, por favor, conseguime agua.

Le traen una gaseosa.

-No, agua. Tomo nada más que agua yo, soy un exdrogadicto y no puedo tomar otra cosa que no sea agua.

El presentador de la película remarca la presencia del Pepo y anuncia que después de la proyección habrá tiempo para algunas preguntas y una charla con el protagonista.

El Pepo salta de la butaca y dice que no, que habla ahora porque después se tiene que ir rajando para tocar. Le agradece de corazón a la gente que lo fue a ver y les pide que lo dejen salir cuando termine la función así puede llegar a horario para ir a laburar. Aplausos. El Pepo vuelve a su butaca. Las luces se apagan. La besa a Josefina. Empieza la película.

“Aunque no te pueda ver ni te pueda tener conmigo como antes. Sabes que te extrañaré, que nunca olvidaré de lo que fuimos parte. Lo que pasó ya pasó ninguno es el mejor fueron a capturarme y hoy a este pabellón por unos largos años tendré que amoldarme”

No puede estar quieto en la butaca. Se mueve para un lado y para el otro. La vive como un partido de Racing. Mirá Lopecito, pobre, murió de cáncer. ¡Uh! el Correntino. Mirá Evita, mirá mi perro.

Se queda reflexivo y se acomoda la gorra en la escena que llevan con su mamá y su hermana las cenizas de su padre Jorge al Cilindro de Avellaneda. Josefina le aprieta fuerte las manos y lo besa.

Vuelve a encenderse cuando lo muestran en la cancha de Racing y canta “dale campeón, dale campeón” al verse en el Obelisco festejando el campeonato de 2014.

Rubén Dario Castiñeiras se ve actuando de El Pepo por primera vez en su vida. El día del asalto al remís en el Bajo Flores totalmente dado vuelta. Su voz en off dice que ese día tocó fondo. Después, el momento más duro de la vuelta a la cárcel de Ezeiza, hasta el regreso a Pasión de Sábado. Todo como un flash. Vertiginoso.

“Yo soy así esta vida yo seguiré, yo soy así yo no me canso de geder, yo soy así y no me quiero rescatar y cuándo me vaya pal cielo hasta dios voy hacer bailar”.

Canta el Pepo, cantan todos. Se levanta la gente de las butacas. No es cine ya es bailanta. La proyección termina. Las luces se encienden a medias. El Pepo saluda a todos, agradece una vez más. Sale apurado, afuera lo espera gente que no pudo entrar. Foto Pepo foto. Un audio de Whatsapp para los pibes. Para un taxi. Vamos. La película del Pepo no tiene fin.

(*) Ulises Rodríguez. Cronista. Hace más de quince años, cuando Youtube no existía, Ulises Rodríguez recitaba de memoria los diálogos completos de Esperando la carroza. Y cientos de escenas de otras películas argentinas.

Nota publicada en Anfibia


Sin Comentarios

Escribí un comentario
Todavía no hay comentarios! Vos podés ser el primero en comentar este post!

Escribí un comentario

Tu e-mail no será publicado.
Los campos obligatorios están marcados con*


2 + = 7