OPINIÓN

Timba y política. Símbolos de la ciudad

Esteban De Gori

Por Esteban De Gori *

Existen dos imágenes interesantes en el municipio de San Fernando que han suscitado mi atención. Una, que nos advierte que un Bingo está literalmente pegado al Palacio Municipal y, otra, es la aparición de la publicidad del mismo Bingo en la contratapa de un libro –relevante investigación que merece ser leída- denominado “San Fernando Total. Una visión de nuestra historia” (Segura, 2012). Mi interés –y, tal vez, mi ignorancia- se debe a que no recuerdo otra ciudad donde el palacio gubernamental y un bingo sean linderos; ni tampoco recuerdo un libro de historia donde en su contratapa –donde generalmente aparece un pequeño resumen de la investigación y/o del autor- aparezca la publicidad de un bingo.

En estas imágenes urbanas, política municipal e historia parecen estar vinculadas al financiamiento y apoyo de un Bingo que se instaló hace más de veinte años y que ocupó el viejo teatro Tamagni (fundado en 1924). De alguna manera, ese viejo teatro -al lado del municipio- advertía sobre dos edificios atravesados por el drama de la gestión de lo público, como de la actuación. Es decir, lo dramático y la representación –propio de la política y del teatro- simbolizaban la cercanía simbiótica de ambos edificios. Palacio municipal y teatro podrían ser el eco de pugnas culturales y políticas. De hecho, allí se presentó la obra “La Divisa Punzó (época de Rosas) [estrenada en Buenos Aires en 1923]” de Paul Groussac (Escritor y Director de la Biblioteca Nacional), una propuesta dramatúrgica que recuperaba los debates políticos que habían atravesado la Argentina de los últimos décadas. De alguna manera, el municipio podía colocar sus “oídos” y escuchar los debates que suscitaba el teatro.

En la década del ´90, entre otras cosas, se produjo una brutal sustitución de empresas productivas (léase: desindustrialización) por empresas de servicios y de juegos, lo que ocasionó un aumento del desempleo y la afirmación de una economía vinculada al mundo financiero y al de los servicios precarizados. En San Fernando, la llegada del Bingo fue parte de una imaginación empresarial y política que pensaba en instaurar –conjuntamente con el municipio de Tigre- una especie “Las Vegas” del conurbano (norte) bonaerense. A su vez, el Bingo se instaló en una década de desesperanzas y fatigas sociales –debidas al desempleo y a la desintegración social que promovía el neoliberalismo en el país- que impulsaron a ciudadanas y ciudadanos a nuevas trayectorias biográficas y laborales.

Ahora bien, no solo el Bingo a fuerza de jugadores y de tasas municipales ha legitimado su presencia en el centro político de San Fernando, sino porque –aunque suene paradójico- se transformó en un espacio de sociabilización, de encuentro. La gente juega para no estar sola, o mejor dicho, para realizar su soledad en compañía de otros. De esta manera, el Bingo fue compitiendo con la capacidad de sociabilización del municipio. Mientras el municipio –en la década del 90- perdía su capacidad de integración (23% de desempleo en 1995, quiebra de pequeños negocios y empresas, etc.), el Bingo ofrecía entre sus posibilidades una integración individualista sustentada en la posibilidad de “salvarse” con una maquinita tragamonedas o con un cartón. Es decir, el Bingo ofrecía en los años de la debacle neoliberal una “posibilidad económica”. También, por el desdén hacia una política que no podía modificar el panorama social, los ciudadanos preferían probar con el “número” del Bingo (“salvarse individualmente”), que realizar reclamos a un municipio con serios problemas económicos y con lenta capacidad de respuesta.

Su capacidad sociabilizadora en los 90, instaló al Bingo en un lugar relevante en el centro político sanfernandino. De hecho, la clase dirigente alentó –de manera inercial- dicha sociabilización, ya que la misma no sabía qué hacer con la deshilachamiento social y la “nueva soledad” que configuraba el neoliberalismo y la posmodernidad entre los sectores medios y populares. De alguna manera, el Bingo se transformó en una especie de enclenque “Ministerio de Desarrollo Social”, que ofrecía “opciones” privadas frente a la negativa de la política. Es decir, el “mercado” se había adelantado a la política y, como sabemos, el mercado sociabiliza a su manera, construyendo desigualdades y exclusiones, ya que nunca piensa en el bien común.
En los primeros años del 2000, la recuperación de la capacidad política para limitar y regular a las empresas, como la de ampliar el bienestar social de vastos sectores de la población; no impulsó en San Fernando a repensar los símbolos y edificios instalados en los ’90. Por cuestiones contractuales, por la necesidad de ampliar las tasas municipales (de hecho, la intendencia desea cobrarle una impuesto en Seguridad e Higiene), como por la exigua participación social en el debate acerca de lo que simbolizaban estas “casas de juego” en vecindad con el municipio, las dirigencias políticas sanfernandinas del siglo XXI han optado por conservar el Bingo, su sede y su influjo socializador. Es decir, deberíamos recordar que un Bingo no es cualquier empresa sino una que posee capacidad de socialización (de provocar encuentros y acciones), que “funciona” en momentos de crisis, como en momentos de bienestar económico. Es un actor económico para todos los contextos. Y tal vez, lo más complicado –políticamente- es que está ahí, muy cerquita del municipio, para recordarle a la clase política que nuevamente –como en los ´90- puede disputarle su capacidad de integración y de generador de azarosas “opciones económicas”. Enclenque, individualista, excluyente para algunos sectores; pero con capacidad de integración y socialización al fin. Es decir, el “mercado-Bingo” siempre está al acecho de la política, con posibilidades de competirle, de transformar ciudadanos en jugadores, de construir nuevas promesas. Así, se legitiman y habitan el centro político. Así, se hacen cargo de la publicación de un libro de historia que debería financiar el propio municipio, mostrándole a éste su capacidad para competirle y sustituirle en sus funciones.

* Sanfernandino. Doctor en Ciencias Sociales (UBA), Investigador CONICET, Profesor en la Universidad Nacional de San Martin y docente de la Universidad de Buenos Aires. Autor del libro: “La República Patriota: Travesías de los imaginarios y de los lenguajes políticos en el pensamiento de Mariano Moreno”


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